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miércoles, 29 de junio de 2011

El Presidente Kim Il Sung y Allende

            El Presidente Kim Il Sung (1912-1994), gran figura política del siglo XX, quien hizo aportes destacados a la causa de la independencia del mundo, tuvo encuentros con más de 70 mil personalidades extranjeras, entre ellas jefes de Estado y gobierno y líderes de partidos de muchos países, las cuales admiraron sus nobles cualidades, su magnanimidad y su cálido amor al hombre.
            Salvador Allende (1908-1973), que fue el presidente de la República de Chile, también fue entrevistado por el Presidente Kim Il Sung.
            Estudió la medicina en la Universidad de Santiago, Chile, y obtuvo el grado de Doctor en neurología. Al analizar la realidad de la sociedad comprendió que era más imperioso curar los males sociales que las enfermedades que afectaban a la población.
            Comenzó a buscar el camino que condujera su sociedad al desarrollo independiente y leía con gran interés obras del Presidente Kim Il Sung sintiéndose adepto a su idea Juche. Deseaba tanto ver al Líder del pueblo coreano que cuando una delegación cultural de amistad de Corea estaba de visita en Chile invitó a sus miembros a su casa para expresárselo.
            En 1969, cuando se desempeñaba como presidente del senado, realizó una visita a la RPD. De Corea. El Presidente Kim Il Sung lo recibió con alegría y amabilidad.
            Allende, sumamente emocionado, no sabía cómo agradecerle. El Líder de Corea lo calificó como compañero de armas con quien luchaba en el mismo bando antiimperialista y expresó que le daba alegría tener a un buen amigo como Allende en Chile, país latinoamericano. Lo trataba no como huésped recién conocido sino como un viejo compañero de lucha con quien compartía penas y alegrías, vida y muerte desde hacía muchos años, lo cual le impresionó mucho.
            Allende reafirmó su fe en la justicia y decidió luchar con toda su dedicación por la causa de la independencia. Al despedirlo el Presidente Kim Il Sung dijo que volviera a visitar a Corea y agregó: “Vamos a ser eternos compañeros de la lucha antiimperialista.”
            Allende lo calificó como personificación de la independencia y la justicia y luchó con entusiasmo por construir una nueva sociedad y desarrollar su país por vía independiente. En 1970 fue electo presidente de la República y puso en práctica reformas socio-económicas para reforzar la soberanía nacional y mejorar las condiciones de vida de las masas trabajadoras. Eliminó la base militar y estructuras económicas y culturales norteamericanos en su país que servían para dominarlo y controlarlo. Recuperó las relaciones diplomáticas con Cuba y las estableció con Corea, China, Vietnam y Mongolia.
            Los Estados Unidos, alarmados ante la posición antiimperialista e independiente que el gobierno de Allende mantenía, incitó a Pinochet y otros militares de derecha a desatar un golpe de Estado militar en 1973. Estos lo obligaron a abandonar el palacio presidencial prometiéndole que garantizarían su seguridad personal, pero Allende lo rechazó diciendo que solo los cobardes se rendían. Con 40 miembros de la Guardia combatió con el arma en la mano 7 horas para defender el palacio hasta caer heroicamente.
            El Presidente Kim Il Sung le expresó a través del encargado de negocios a.i chileno en Corea su profunda condolencia por la muerte de Allende. Al enterarse de que su hermana emigrada a otro país se encontraba mal de salud, la invitó a Corea para recibir el tratamiento médico.
            Posteriormente, el Presidente Kim Il Sung habló en varias ocasiones sobre Allende y la revolución chilena. En ocasión del encuentro con el secretario general del Partido Socialista de Chile en visita a Corea se refirió a Allende  recordando su caída heroica en el combate y dijo que lo consideraba como héroe del pueblo chileno, héroe de la clase obrera del mundo.
            En verdad, el Presidente Kim Il Sung consideró a los partidarios de la independencia y la justicia como sus viejos compañeros de lucha aunque los conociera  por primera vez y cumplió fielmente su obligación con los compañeros y amigos.
            Hasta hoy, en Chile y otros países latinoamericanos se hablan de las anécdotas entre el Presidente Kim Il Sung y Allende como leyendas de amor y confianza.

martes, 28 de junio de 2011

Mes de Solidaridad con la RPDC

Estimados amigos, este mes, es el mes de solidaridad con la RPDC, como todos sabemos el 25 de junio de 1950 se dio inicio a la agresión de los EEUU, sus títeres de Corea del Sur y 16 países, a la joven RPDC.

Los EEUU agreden al pueblo coreano y difunden al mundo una supuesta agresión de la RPDC lo que no fue otra cosa más que una cortina de humo para justificar su cobarde agresión y convertir la reacción natural de un país agredido en agresor y de esta manera justificar ante el mundo “que ellos al ser los amantes de la paz y democracia debían solucionar”.

Es en esas condiciones luego del bombardeo que el Presidente KIM IL SUNG emite su discurso radial titulado “Todas las fuerzas por la Victoria en la Guerra”  y todo el país como un león enfurecido sale en respuesta a este llamado hecho por el gran Líder y expulsó al invasor no solo de la parte norte de la península, si no también que casi lo expulsa de toda la península, lo que fue un escándalo mundial ya que los EEUU se jactaban de haber ganado la 2º Guerra Mundial.

La guerra fue cruenta los EE.UU. y sus aliados no escatimaron en utilizar agente naranja, guerra bacteriológica y otras armas de destrucción masiva. En ocasiones anteriores para esta misma fecha he publicado 2 discursos que preparé titulados “Quién Miente I y II”, pero solo voy  a rescatar de ahí la reflexión siguiente: “los llamados gendarmes del mundo han sido históricamente los mayores violadores de DD.HH”. Y ni así pudieron derrotar a la joven RPDC  a pesar todos los abusos cometidos en Corea, reconocido por los organismos internacionales.

Es por ello que este simbólico mes de solidaridad que durará hasta el 27 de julio (1953) estaremos difundiendo lo que significó la guerra de Corea para que el mundo no olvide lo que los EE.UU. y sus aliados han hecho no solo al pueblo coreano si no al mundo y que los jóvenes conozcan de lo que son capaces las potencias cuando creen que es necesario intervenir en los asuntos mundiales, claro obviamente si hay algo de provecho para sus intereses en ello.

Estimados amigos como siempre agradecerles por la atención brindada y seguir en contacto con ustedes como siempre.
Atte.

Yuri Castro Romero
Sec. Gral.
Instituto Cultural y de Amistad Peruano Coreano

Enlaces:
“Todas las fuerzas por la Victoria en la Guerra”
Quién Miente I
Quién Miente  II
 (http://institutoperuano-coreano.blogspot.com/2010/11/discurso-emitido-por-el-c-yuri-castro.html

domingo, 12 de junio de 2011

KIM JONG IL: EL PARTIDO DEL TRABAJO DE COREA ES EL ORGANIZADOR Y ORIENTADOR DE TODAS LAS VICTORIAS DE NUESTRO PUEBLO


Estimados amigos al acercarse el 19 de junio (1964), fecha del ingreso del Querido Dirigente Mariscal KIM JONG IL al seno del comité central del Partido del Trabajo de Corea, presentamos este importantísimo trabajo realizado por éste, que habla no sólo del gran aporte que significa su presencia en el Partido y de sus grandes aportes al fortalecimiento de éste, sino también de la labor realizada en todos estos años en bien de la patria y de la construcción del socialismo Jucheano paradigma mundial.
Es para nuestro Instituto un inmenso placer poderles hacer entrega de un nuevo trabajo del Querido Dirigente en tan importante y conmemorativa fecha.
Hago llegar el saludo y aprecio personal e institucional a todos ustedes y no cejaremos en estos esfuerzos de acercarles cada vez más a la RPDC.

Atte.

Yuri Castro Romero

Sec. Gral. Del Comité Continental Americano Por el Centenario del Nacimiento del Gran Líder KIM IL SUNG

Sec. Gral. del instituto Cultural y de Amistad Peruano Coreano


¡TRABAJADORES DEL MUNDO ENTERO, UNIOS!


KIM JONG IL


EL PARTIDO DEL TRABAJO DE COREA ES EL ORGANIZADOR Y ORIENTADOR DE TODAS LAS VICTORIAS DE NUESTRO PUEBLO

3 de octubre de 1990

I N D I C E
1. La dirección del Partido es la garantía decisiva del triunfo de la causa socialista................................................................................3
2. Tenemos que fortalecer y desarrollar al nuestro como Partido revolucionario de tipo jucheano............................................................................... 8
3. Hay que fortalecer la dirección del Partido atendiendo principalmente la labor con las personas.............................................................................. 20

Han transcurrido 45 años desde que se fundó el Partido del Trabajo de Corea, Estado Mayor de la revolución coreana y fuerza orientadora de nuestro pueblo.
En su larga y difícil trayectoria —que recorriera con la bandera de la idea Juche en alto—, realizó proezas que brillarán en la historia, en aras de la libertad y felicidad del pueblo, del progreso y prosperidad de la Patria. Venciendo múltiples dificultades, efectuó profundos cambios sociales y magnas obras constructivas, en virtud de lo cual nuestro país se transformó en un Estado socialista soberano, independiente y autodefensivo, así como defendió con firmeza a la Patria y la revolución tras rechazar la agresión de los imperialistas y las maquinaciones subversivas de los enemigos de clase. Asimismo, con ilimitada fidelidad a la causa de la humanidad por la independencia cumplió con honor su deber internacional e hizo valiosos aportes al desarrollo de la revolución mundial.
A través de su prolongada lucha, ardua pero gloriosa, nuestro Partido se ha desarrollado y fortalecido como un partido avezado, lleno de vigor combativo y capaz de conducir al pueblo siempre hacia la victoria, cualesquiera que sean las dificultades y pruebas, y como un fogueado Estado Mayor de la revolución coreana, que disfruta del absoluto apoyo y confianza de todo el pueblo.
Hoy los miembros de nuestro Partido y los demás trabajadores rememoran con gran orgullo y dignidad su trayecto revolucionario y están firmemente decididos a luchar con mayor energía bajo la bandera del Partido para construir el paraíso socialista en la tierra patria y lograr la reunificación de la Patria, el anhelo de la nación.
En la actualidad, en la palestra mundial se desarrolla una aguda lucha entre el progreso y la reacción, y entre la revolución y la contrarrevolución, y la causa del socialismo, la de la humanidad por la independencia, se enfrenta a un peligroso reto de los imperialistas.
Debemos cumplir con relevancia nuestras misiones mediante el fortalecimiento del Partido y la elevación de su papel rector en la revolución y la construcción a tenor de las exigencias de la realidad en que el deber de nuestro Partido ante la revolución nacional y la mundial crece en importancia.


1. LA DIRECCION DEL PARTIDO ES LA GARANTIA DECISIVA DEL TRIUNFO DE LA CAUSA SOCIALISTA
La dirección del partido es la vía respiratoria de la causa socialista.
En nuestro país esta causa ha venido avanzando y triunfando bajo la dirección del Partido, que es la condición indispensable también para su brillante conclusión en el futuro.
La dirección del partido es la garantía decisiva para fortalecer el sujeto de la causa socialista y elevar su papel.
Se trata de una obra revolucionaria que llevan a cabo las masas populares, que por primera vez en la historia de la humanidad han devenido en sujeto independiente. Estas, aunque son artífices de la historia, permanecieron marginadas de la misma durante mucho tiempo, y precisamente el partido de la clase obrera es el que las concientiza y organiza, convirtiéndolas en un poderoso sujeto capaz de forjar su destino de manera independiente y creadora.
Gracias a la dirección de nuestro Partido, encabezado por el estimado camarada Kim Il Sung, el pueblo se ha hecho el sujeto independiente que, como genuino dueño de su propio destino impulsa con energía el progreso de la sociedad y la revolución. En el proceso revolucionario y constructivo el Partido siempre prestó gran atención a estructurar con solidez las filas revolucionarias, y a medida que se desarrollaba la construcción socialista a una etapa superior, se esforzó con mayor tesón para fortalecer el sujeto de la revolución. Dotó con firmeza a todo el pueblo con la idea Juche y lo aglutinó fuertemente alrededor del Líder desde el punto de vista organizativo e ideológico y desde el ético y de obligación moral, lo cual dio lugar a la fusión de las filas revolucionarias en un ente socio-político.
Hoy día, en nuestro país el Partido del Trabajo de Corea se mantiene con firmeza en el centro de las filas revolucionarias, y las masas populares, que en el prolongado proceso de la lucha revolucionaria compartieron con él un mismo destino, venciendo todo género de pruebas, están firmemente unidas en torno suyo y del Líder con una misma idea y voluntad.
Nuestro pueblo, guiado por el Partido, da pruebas de su inagotable capacidad creadora en la construcción socialista, cuya fuerza impulsora pujante la constituyen, ante todo, su poderío político e ideológico, su entusiasmo consciente y su actividad creadora.
La fuente de estos factores radica en la dirección del Partido que concientiza a las masas para que hagan suya sinceramente la causa del socialismo. Gracias a ella también se exhiben en alto grado la fuerza colectiva, el heroísmo masivo de nuestro pueblo que impulsa la construcción socialista, porque une los intereses individuales con los colectivos y fortalece el poderío de la unidad y colaboración.
Nuestra realidad, en que las masas populares hacen gala de su capacidad creadora en la construcción socialista, demuestra fehacientemente que la calumnia de los imperialistas de que la dirección del Partido frena el espíritu creador de las personas es un sofisma contrarrevolucionario encaminado a introducir la libertad burguesa y desbaratar el socialismo.
También en el futuro, al seguir fortaleciendo la dirección del Partido, debemos consolidar sin descanso la unidad revolucionaria de nuestro pueblo alrededor de él y del Líder y poner en pleno juego el espíritu abnegado y el entusiasmo creador de las masas populares en la lucha por el triunfo definitivo de la causa revolucionaria del Juche.
La dirección del partido es la condición esencial para llevar adelante la causa del socialismo de acuerdo con una correcta estrategia y tácticas de lucha.
Ella es una obra difícil y compleja, que, acompañada de una aguda lucha de clases, tiende a crear lo nuevo desbrozando un camino inexplorado por nadie, tarea que podrá cumplir victoriosamente con una orientación y métodos correctos, sólo cuando se guíe por una acertada estrategia y tácticas de lucha.
Únicamente el partido de la clase obrera, capaz de iluminar con claridad el camino para el desarrollo de la sociedad y la revolución y organizar a las amplias masas, puede dar la dirección estratégica y táctica a la causa socialista. Ninguna otra organización u organismo puede suplir al partido en su posición y papel como Estado Mayor de la revolución que traza la estrategia y las tácticas acertadas para la construcción del socialismo y organiza y dirige la lucha para llevarlas a la práctica.
Entre todas las organizaciones y organismos de la sociedad socialista, incluido el poder estatal, sólo el partido de la clase obrera es creado con la misión de darle a ésta y a la revolución una dirección política, estratégica y táctica y tiene la capacidad de cumplirla.
En cada período y etapa de la revolución y construcción nuestro Partido formuló la política y la línea apropiadas a las condiciones del país y a la aspiración del pueblo, y movilizando a todo éste las llevó a la práctica con puntualidad, en virtud de lo cual la construcción socialista pudo marchar por un camino recto y se produjeron cambios y proezas que asombran al mundo.
También en el futuro, fortaleciendo sin interrupción la dirección estratégica y táctica del Partido, Estado Mayor de la revolución, conduciremos con seguridad la causa del socialismo por el camino de la victoria.
La dirección del Partido es un requisito indispensable para mantener de forma invariable y materializar de modo cabal el principio revolucionario en todo el proceso del cumplimiento de la causa socialista.
Esta se distingue de otros movimientos sociales por sus principios revolucionarios, y avanza por su justeza y vitalidad.
La historia de la lucha revolucionaria muestra que si mantiene los principios revolucionarios la causa socialista avanza arrostrando cualquier dificultad y prueba, pero si desiste de ellos se altera y detiene en mitad de camino.
Mantener los principios revolucionarios en la construcción socialista significa defender y materializar las exigencias esenciales de la clase obrera y las demás masas trabajadoras por la independencia, y sus intereses. Si bien en el proceso de la construcción socialista pueden cambiar el ambiente y las condiciones de la lucha, no deben variar la exigencia y la posición fundamental de las masas populares para lograr la independencia.
Con miras a llevar a cabo la causa del socialismo, es indispensable mantener de modo invariable el principio revolucionario de defender y realizar la independencia de las masas populares.
La exigencia de éstas por la independencia y sus intereses pueden sostenerse y realizarse sólo bajo la dirección del partido de la clase obrera. Esta representa la independencia en el más elevado plano y lucha más resueltamente que otras clases y capas sociales por materializar la exigencia de las masas populares por ella y sus intereses. Para la clase obrera y su partido no existen otras exigencias e intereses que éstos, y la misión clasista del segundo radica precisamente en defenderlos y materializarlos hasta sus últimas consecuencias.
Si nuestra construcción socialista se rige invariablemente por los principios revolucionarios que encarnan las demandas y posición fundamentales de la clase obrera y las masas trabajadoras, es un resultado de la dirección revolucionaria de nuestro Partido. Este ha implantado y venido consolidando y desarrollando el régimen socialista conforme a las exigencias e intereses de las masas populares por la independencia e impulsando la revolución y la construcción en concordancia con la naturaleza de la causa del socialismo y el comunismo.
A medida que se intensificaba la ofensiva contrarrevolucionaria y antisocialista de los imperialistas que atentaba contra los intereses de las masas populares por la independencia, nuestro Partido ha defendido y materializado con mayor resolución los principios revolucionarios.
El espíritu de principios revolucionarios que el partido de la clase obrera mantiene en la construcción socialista se expresa principalmente en cómo enfrenta las intrigas antisocialistas de los imperialistas. Estas maniobras contrarrevolucionarias de los imperialistas que intentan obstruir, disgregar y suprimir la causa del socialismo pueden ser frustradas con éxito sólo por la lucha de principios del partido de la clase obrera. La realidad demuestra que donde el partido mantiene los principios revolucionarios resulta impotente la ofensiva contrarrevolucionaria de los imperialistas, pero allí donde él los cede y abandona se enferma el socialismo.
Gracias a la dirección del Partido del Trabajo, que los ha mantenido de modo invariable y firme en todo el curso de la lucha revolucionaria, nuestro pueblo ha podido avanzar con vigor por el camino de la revolución con la bandera del socialismo en alto, aun en las circunstancias de una complejidad y gravedad sin precedentes en que se concentraba la ofensiva de los imperialistas acaudillados por los norteamericanos. Por la lucha de principios librada por aquél en nuestro país se han frustrado de manera consecuente todas las maniobras de destrucción y sabotaje de los imperialistas y se ha defendido con firmeza la causa del socialismo y también hoy, cuando en el seno del movimiento comunista se crean situaciones complejas imprevistas, nuestra revolución sigue avanzando triunfalmente sin la menor vacilación.
Partiendo de las demandas fundamentales de la construcción socialista y de las experiencias y lecciones de la lucha revolucionaria, debemos mantener y materializar de manera consecuente los principios revolucionarios, los socialistas, en la vida estatal y social bajo la dirección del Partido.
Completar la causa del socialismo y el comunismo mediante el fortalecimiento del Partido y la elevación de su papel rector constituye la voluntad inmutable de nuestro Partido y el pueblo. La dirección revolucionaria de éste se necesita tanto para impulsar con éxito la construcción del socialismo como para edificar y desarrollar la sociedad comunista. Aun en esta sociedad seguirán elevándose las demandas de las personas respecto a la independencia, y ellas podrán realizarse sólo por la lucha consciente y organizada de las masas populares bajo la dirección política de las fuerzas orientadoras como lo es el partido.
Nos incumbe fortalecer a nuestro Partido y elevar sin interrupción su papel rector en consonancia con la exigencia real de la construcción socialista y con la demanda perspectiva del desarrollo de la sociedad socialista.

2. TENEMOS QUE FORTALECER Y DESARROLLAR AL NUESTRO COMO PARTIDO REVOLUCIONARIO DE TIPO JUCHEANO

Al cumplir su misión de fuerza orientadora de la revolución nuestro Partido siempre ha prestado su primera atención a consolidarse a sí mismo. También en adelante lo fortaleceremos y desarrollaremos sin tregua para conducir con firmeza la causa del socialismo por el camino victorioso. Lo que más importa en esto es defender de manera consecuente su naturaleza revolucionaria como partido de tipo jucheano.
Preservar la naturaleza revolucionaria del partido constituye una cuestión muy importante de que dependen su existencia misma y el destino de la revolución. En el curso del avance de la revolución pueden surgir cambios en el deber, estrategia y tácticas y métodos de lucha del partido, pero no en su carácter revolucionario. Si sucede esto, él perderá su aspecto original, convirtiéndose en una entidad impura, impotente para cumplir la función rectora sobre la revolución. Hoy día, cuando los imperialistas en sus maniobras antisocialistas dirigen la punta de la flecha a deteriorar el partido, fuerza orientadora de la sociedad socialista, urge intensificar la lucha por mantener el carácter revolucionario del nuestro.
El carácter revolucionario de nuestro Partido, de tipo jucheano, se determina por su doctrina rectora, la idea Juche.
Para mantener de modo invariable el carácter revolucionario del partido es indispensable defender con firmeza su idea rectora y llevarla adelante inmaculada. Por supuesto, ella debe desarrollarse y perfeccionarse sin cesar a medida que avanzan la época y la revolución. Sin embargo, por muchos cambios que surjan en las circunstancias y condiciones de la revolución hay que preservar con rigor los principios revolucionarios que están impregnados en ella y no introducir corrientes ideológicas espurias que le contravengan. Si se procede de manera contraria por no corresponder la idea rectora del partido a las circunstancias y condiciones cambiantes, esta organización caerá en el camino del revisionismo.
El nuestro es un partido revolucionario de la clase obrera, de nuevo tipo, que tiene en la idea Juche su doctrina rectora.
Con esta idea como guía se construyó y vino fortaleciéndose y desarrollándose. Y gracias a ello pudo hacerse un partido invencible con fundamentos sólidos, una historia de desarrollo peculiar, grandes proezas e inapreciables experiencias. Si él ha podido allanar el más acertado camino para la construcción del partido revolucionario en la época de la independencia y mantener de modo inconmovible, sin la menor vacilación, la bandera de la revolución aun cuando otros sufrían reveses y contratiempos, fue porque ha venido realizando su construcción y actividades tomando la idea Juche como su guía de dirección.
Por haberse constituido sobre la base de la idea Juche ha podido asegurar de modo consecuente su carácter clasista. En el pasado nuestro país fue una sociedad colonial y semifeudal, razón por la cual la clase obrera era débil y ocupaba una proporción baja en la composición de los militantes de nuestro
Partido. Sin embargo, éste, por tener la idea Juche como su ideología rectora, desde el principio pudo fundarse y fortalecerse como un partido de la clase obrera, así como ampliarse y desarrollarse con rapidez en las filas de los revolucionarios comunistas. Como resultado de haber llevado a cabo su construcción y actividades apoyándose en esta doctrina, pudo mantener de modo invariable su carácter clasista conforme a su naturaleza revolucionaria aun bajo las condiciones en que la revolución avanzó lejos y cambiaban las circunstancias de la lucha y sus deberes.
En el futuro también tendremos que enarbolar invariablemente la bandera revolucionaria de la idea Juche, idea rectora de nuestro Partido e impulsar con energía la transformación de todo el Partido según esta doctrina para consolidarlo y desarrollarlo para siempre como un partido revolucionario de tipo jucheano.
Debemos armar de modo firme a los cuadros y los militantes con la idea Juche para convertirlos en revolucionarios comunistas de tipo jucheano que tengan establecida la concepción revolucionaria del mundo fundamentada en la idea Juche y que hagan esfuerzos tesoneros para materializar esta doctrina.
Al mismo tiempo, hemos de preservar de modo estricto la pureza de la idea Juche y combatir con intransigencia toda índole de caducas ideas, sobre todo las burguesas y revisionistas, de manera que en el seno de nuestro Partido no penetren en lo más mínimo ideas espurias, incompatibles con la idea Juche.
A fin de defender el carácter revolucionario del Partido debemos afianzar su base social-clasista.
El nuestro es un partido masivo que tiene por su núcleo a los combatientes de vanguardia de la clase obrera y agrupa en sus filas a gran número de elementos más progresistas de procedencia obrera, campesina e intelectual trabajadora. El carácter masivo de nuestro Partido, como quiera que refleja la existencia fundamental de nuestra época, en que grandes masas trabajadoras se incorporan de modo activo a la lucha por la independencia y la realidad concreta de nuestra revolución, no debilitó la índole clasista y revolucionaria que tiene como un partido de la clase obrera, y al contrario, le hizo posible desarrollarse con mayor rapidez como un partido revolucionario de la clase obrera con profundas raíces en amplios sectores de las masas.
Haremos mayores esfuerzos para afianzar la base socialclasista de nuestro Partido.
Cuanto más avanza la construcción socialista tanto más se amplia y consolida la base social-clasista del partido de la clase obrera. Por lo general, a medida que se desarrolla la sociedad, en la composición de la población se disminuye el número de las personas dedicadas al trabajo físico y aumenta el de las que hacen trabajos técnicos e intelectuales, es decir, el de los intelectuales.
Pero esto no significa el debilitamiento del terreno social-clasista del partido de la clase obrera. En cuanto a la situación socio-económica, entre las personas ocupadas en trabajos técnicos e intelectuales y las de labores físicas existe una comunidad esencial. Sobre todo, es legítimo que al compás con el avance de la construcción socialista la posición socioeconómica de los intelectuales y de otros miembros de la sociedad vaya cobrando el perfil de la clase obrera. Desde luego, también en la sociedad socialista es posible que si el partido menosprecia la labor ideológica, esto tenga como consecuencia la difusión de ideas burguesas entre los miembros de la sociedad y el debilitamiento del terreno socio-clasista de aquél. La solidez de este terreno del partido de la clase obrera se garantiza por el elevado nivel político e ideológico de las masas y, por consiguiente, depende de cómo él realiza la labor con éstas.
Nuestro Partido, considerando siempre a la clase obrera, el campesinado y la intelectualidad trabajadora como su terreno socio-clasista, ha venido intensificando la labor políticoideológica entre ellos y a medida que progresaba la construcción socialista ha hecho ingentes esfuerzos por insuflar la conciencia revolucionaria y de la clase obrera a todos los miembros de la sociedad. En nuestro país al impulsarse con energía este proceso bajo la dirección del Partido, no sólo la situación socio-económica de los trabajadores, sino también sus rasgos ideológico-espirituales, se acercan con rapidez a los de la clase obrera y el terreno socio clasista de nuestro Partido se amplia y consolida todavía más.
En la constitución del partido desde el punto de vista clasista lo más importante es estructurar sus filas de cuadros y militantes con personas fieles a la causa revolucionaria y prepa􀀃 radas firmemente en lo ideológico. Nos es preciso promover como cuadros a las personas con capacidad de despliegue revolucionario, habilidad organizativa y rasgos populares, sobre todo las forjadas y probadas en la prolongada lucha revolucionaria y el trabajo, y prevenir de modo estricto la infiltración de elementos extraños y casuales en sus filas.
Debemos dar acceso al Partido a los miembros medulares de la clase obrera, fogueados y probados y a otros leales a la causa revolucionaria para consolidar las filas de los militantes desde el punto de vista clasista.
Con vistas a consolidar a nuestro Partido es indispensable, además, preservar y afianzar la unidad y cohesión de sus filas.
Guiándose por el principio de la construcción del partido, originado de la idea Juche, el nuestro ha dirigido su mayor fuerza a consolidar la unidad y cohesión organizativoideológicas de sus filas y alcanzado brillantes resultados. Podemos afirmar con plena confianza que hoy nuestro Partido ha logrado implantar en sus filas una unidad y cohesión de tanta firmeza y vitalidad que resultan indestructibles y capaces de superar cualquier prueba.
Se trata de una unidad monolítica y total que supone que el Partido entero está aglutinado en torno al Líder sobre la base de una sola ideología, la idea Juche.
Asegurar con firmeza la unidad de ideología y de dirección es el principio básico que se debe mantener siempre para fortalecer al partido en lo organizativo e ideológico y afianzar y elevar a un nivel superior la unidad y cohesión de sus filas. La historia del movimiento comunista demuestra que un partido ha de regirse por una sola idea y en caso de tolerar varias, no puede lograr una unidad verdadera aunque constituya una agrupación.
Es igual a un castillo levantado sobre un arenal la unidad basada no en la comunidad e integridad ideológicas, sino en la identidad de los intereses temporales y las relaciones de trabajo.
Si en un partido se toleran diferentes criterios políticos y, como consecuencia, cada cual aboga por su propio ismo e insistencia, él no solamente no podrá alcanzar su unidad de acción, sino que también le dará a los contrarrevolucionarios la posibilidad de actuar a su libre albedrío.
La unidad y cohesión de nuestro Partido se han alcanzado mediante la tenaz lucha por implantar la unificación ideológica en todo su ámbito, sobre la base de la idea Juche. Debido a la peculiaridad del desarrollo del movimiento comunista en nuestro país hubo un tiempo cuando en el seno del Partido subsistieron el fraccionalismo, el servilismo a las grandes potencias, el dogmatismo y otras ideas malsanas que obstruyeron la unidad en las filas de sus militantes. Siempre que el Partido tropezaba con difíciles pruebas, los fraccionalistas infiltrados en su seno levantaban la cabeza y cometían actos antipartido y contrarrevolucionarios.
Con el vigoroso desenvolvimiento de la lucha por establecer en su seno el sistema de ideología única, el Partido puso fin por completo a la existencia de los fraccionalistas, que venían persistiendo a lo largo de la historia, y de los revisionistas antipartido recién surgidos y logró su firme unidad.
Esta pudo llegar a ser sólida y poderosa por haber sido implantada gracias a la unificación ideológica de todo el Partido basada en la idea revolucionaria del Líder.
Siguiendo la inmutable línea revolucionaria de nuestro Partido debemos profundizar sin interrupción en la lucha por establecer en su seno el sistema de ideología única para hacer regir en sus filas sólo la idea Juche, defender con resolución su unidad y cohesión con el estimado camarada Kim Il Sung en su centro y afianzarlas y elevarlas a un nivel superior. Tenemos que intensificar de continuo la formación de los cuadros y otros militantes del Partido en esta ideología única, de modo que adquieran de lleno la concepción de la revolución y del líder – fundamentada en la idea Juche–, piensen y actúen ante cualquier adversidad según la idea y el propósito del Partido, y combatan de modo intransigente las tendencias a roer su unidad y cohesión, aunque éstas fueran insignificantes.
A fin de realizar la idea y la dirección de líder y fortalecer la unidad y cohesión del partido a base de ellas, es imprescindible mantener con firmeza el principio de centralismo democrático en su construcción y sus actividades.
El sistema de centralismo democrático, siendo como es el principio organizativo del partido, se necesita para garantizar la unidad de idea y de dirección en la construcción de éste y en sus actividades. Fomentar la democracia en el seno del partido tiene mucha importancia para lograr que los militantes pongan de manifiesto la conciencia de dueño, el espíritu de responsabilidad y la iniciativa creadora. No obstante, la democracia ha de ejercerse en todo momento sobre la base del principio de lograr la firme unidad ideo-volitiva y de acción de los miembros del partido. El significado esencial de la democracia interna del partido consiste en acopiar el elevado entusiasmo revolucionario y el espíritu creador de todos sus integrantes para alcanzar en mejor forma los propósitos presentados por él. Para que en el seno del partido la democracia se ejerza a tenor de su requisito esencial, ha de combinarse sin falta con el centralismo. Este exige, por su esencia, sintetizar las amplias opiniones de los militantes en una sola voluntad de modo que piensen y actúen con una misma idea y propósito. En el seno del partido de la clase obrera no se puede pensar en el centralismo separado de la democracia, ni tampoco en ésta marginada de aquél. Una democracia contrastante con la idea y dirección del partido, una mera democracia desvinculada con la dirección unificada del centro, no puede ser nada más que la democracia burguesa, el liberalismo burgués.
En la construcción del Partido y en sus actividades, nos es preciso mantener con firmeza el principio del centralismo democrático y materializarlo cabalmente, conforme a la exigencia del desarrollo de la realidad. Ante todo, debemos implantar en el seno del Partido una rigurosa disciplina según la cual toda su militancia se mueva como un solo hombre y establecer un ámbito revolucionario de informar y tratar oportunamente los importantes asuntos de principios que se presentan en la labor y en las actividades del Partido, y de aceptar y ejecutar de modo incondicional sus resoluciones y directivas. Tenemos que orientar a todos los cuadros y militantes a observar fielmente el orden y el reglamento internos del Partido, a que tengan un correcto concepto de la organización y participen a conciencia en su vida. Además debemos implantar en alto grado la democracia en todas las actividades y vida partidistas. Alentaremos en forma activa a todos los militantes a presentar opiniones creadoras en sus reuniones y a ejercer plenamente sus derechos.
Los comités del Partido a todos los niveles observarán con rigor el principio de dirección colectiva y no permitirán el subjetivismo y la arbitrariedad individuales.
Para consolidar y fomentar la unidad y la cohesión del Partido es preciso llevar adelante y desarrollar más las tradiciones de nuestra revolución en este aspecto.
Las tradiciones de la unidad y cohesión de nuestro Partido se crearon por los jóvenes comunistas y los combatientes revolucionarios antijaponeses en la época en que se iniciaba la causa revolucionaria del Juche bajo la dirección del estimado camarada Kim Il Sung. La unidad revolucionaria lograda en el período de la Lucha Revolucionaria Antijaponesa es la ideovolitiva y de obligación moral, basada en la firme convicción de que se podía llevar al triunfo la revolución sólo al apretarse con solidez alrededor del gran camarada Kim Il Sung, teniéndolo como Líder, en el noble sentido de obligación moral comunista de cumplir la tarea asumida como soldado revolucionario en cualquier adversidad y en el cálido amor camaraderil.
La tradición de esta unidad sirve de piedra angular para consolidar y desarrollar eternamente la unidad y cohesión de nuestro Partido.
Debemos dar a conocer claramente a los militantes del Partido y a los trabajadores, especialmente a los funcionarios de la nueva generación y a los jóvenes miembros del Partido, cómo se creó y cuán preciosa es esta tradición de modo que la defiendan generación tras generación, sigan fielmente al Partido y al Líder, como lo hicieron los combatientes revolucionarios antijaponeses, y luchen con toda su dedicación para consolidar y fomentar la unidad y cohesión del Partido.
Con miras a reforzar el partido se requiere agrupar en torno suyo a grandes masas para hacer monolíticos los lazos entre uno y otras.
La fuerza invencible del partido consiste en arraigarse profundamente entre las masas populares y formar junto con éstas un solo cuerpo. Y si de esta manera goza de su absoluto apoyo y amor, no temerá a ningún enemigo y podrá cumplir con éxito cualquier tarea por muy difícil que sea.
Desde el mismo día de su fundación, nuestro Partido se enfrentó al muy agudo e importante problema de fortalecer los vínculos con las masas y agruparlas firmemente a su alrededor.
Como nuestro país fue colonia de los imperialistas por largo tiempo, el pueblo estuvo muy influenciado por su propaganda anticomunista. Además, después de la liberación, el país quedó dividido en Norte y Sur y los imperialistas y sus lacayos llevaron a cabo de modo avieso maniobras divisionistas, sabotajes y actos subversivos, así como una ofensiva reaccionaria. Dadas esas condiciones, nuestro Partido planteó como importante principio de su construcción formar un solo cuerpo con las masas populares y desarrolló dinámicas actividades para agrupar en su torno a los obreros, los campesinos, los intelectuales y otros sectores. En especial prestó una gran atención a la labor con diferentes capas y clases de las masas, en vista de que la composición de la población era compleja a causa de la dominación colonial del imperialismo japonés, la división de la Patria y la guerra de tres años. Se esforzó con tesón para aglutinar en torno suyo a todos los miembros de la sociedad mediante su educación y transformación, profundizando sin cesar en el trabajo con las personas de ambiente familiar y antecedentes socio- políticos complejos, al tiempo que intensificaba la labor con las masas trabajadoras. Presentamos como el principio fundamental de las actividades del Partido, combinar su dirección con la línea de masas revolucionaria y hemos venido haciendo todos los esfuerzos para que ella se efectúe conforme a la demanda y voluntad de las masas populares y que éstas la apoyen con sinceridad. “¡Servimos al pueblo!” es la consigna lanzada por nuestro Partido para realizar su dirección en correctacombinación con la línea revolucionaria de masas. Al trazar y materializar la política y los lineamientos, nuestro Partido, que ve en el servicio al pueblo su sublime deber, partió siempre de la posición de defender con firmeza sus intereses y lo sometió todo a éstos. Constantemente educó a los funcionarios para que tuvieran el criterio de ser servidores fieles al pueblo y le dedicaran todo lo suyo. El espíritu de nuestro Partido de servicio abnegado a las masas, sus medidas populares, su gran atención y solicitud, que dispensa por igual a cada familia e individuo, dieron pie a la confianza absoluta del pueblo en él y lo unieron a las masas con un fuerte lazo. La plena confianza de las masas populares en el Partido se expresa concentradamente en su posición y actitud respecto a la política y la línea elaborada por él. La consigna: “¡Si el Partido decide, lo hacemos!”, enarbolada por nuestros trabajadores, muestra la elevada fidelidad de las masas populares que aceptan la política y la línea del Partido como la exigencia de su vida y las materializan incondicionalmente considerándolas como algo absoluto.
Gracias a esta gran unidad entre el Partido y las masas, caracterizada por el servicio leal del primero a las segundas y el apoyo fiel de éstas a su dirección, nuestro Partido pudo frustrar a tiempo y por completo las maquinaciones contrarrevolucionarias de los imperialistas y sus acólitos y los complots de los oportunistas y los elementos anti-partido que aparecieron en su seno, y registrar un ascenso constante en la revolución y la construcción.
Debemos valorar en sumo grado la unidad y la cohesión entre el Partido y las masas populares, fortalecerlas y desarrollarlas a una etapa superior y convertirlo en un poderoso partido que eche más profundamente sus raíces en ellas. Tenemos que intensificar la educación ideológica entre los militantes y los trabajadores, realizar de manera consecuente y con paciencia la labor con diferentes capas y clases de las masas y combinar estrechamente la dirección del Partido con la línea de masas revolucionaria, y así unir en su torno, con mayor solidez, a todos los miembros de la sociedad y hacer que el Partido y las masas formen un solo cuerpo que comparta para siempre un mismo destino.
También en el futuro, como en el pasado, debemos elevar más la capacidad combativa y la directriz del Partido y hacer que cumpla excelentemente con su misión revolucionaria, prestando la atención primordial a su fortalecimiento y consolidándolo y desarrollándolo sin cesar como un partido revolucionario de tipo jucheano.

3. HAY QUE FORTALECER LA DIRECCION DEL PARTIDO ATENDIENDO PRINCIPALMENTE LA LABOR CON LAS PERSONAS
Fortalecer la guía del partido acentuando su labor con la gente es la vía fundamental para cumplir con su misión y deber como organización política rectora.
Nuestro Partido, sobre la base de la idea Juche humanocéntrica, formuló por primera vez en la historia de la construcción del partido de la clase obrera el nuevo principio de que la labor para con las personas es lo principal del trabajo partidista, y ha venido vigorizando incesantemente su dirección.
Desde el punto de vista del desarrollo del trabajo partidista, la construcción y las actividades de nuestro Partido son procesos de su fortalecimiento y de su guía sobre la revolución y la construcción mediante ese trabajo que presentara como el primer paso para toda labor. Desde el mismo período en que se preparaban para la fundación del Partido bajo la orientación del gran Líder, camarada Kim Il Sung, los comunistas coreanos, mediante esa gestión, formaron a los elementos medulares para la revolución, echaron los cimientos organizativos e ideológicos del Partido y movilizando a las amplias masas, condujeron hacia el triunfo la Lucha Armada Antijaponesa y realizaron con éxito la empresa de la restauración de la Patria. Después de la liberación, nuestro Partido, —que tomó el poder—, no bien fundado, consolidó sus filas en el terreno organizativo e ideológico y condujo la revolución y la edificación hacia la victoria atendiendo invariablemente la labor para con la gente, que intensificaba más para poder impulsar con energía la revolución cuando la situación se tornaba complicada y se presentaban tareas difíciles.
Debemos convertir por completo el trabajo del Partido en una labor para con la gente, de acuerdo con la demanda de su desarrollo y de la revolución, y, a través de esta labor, incrementar su poderío y seguir elevando su papel rector.
Para fortalecer la dirección del Partido atendiendo principalmente la labor con la gente, es importante, ante todo, que cumpla con su deber específico como partido, que es decir padre responsabilizado con el destino de las masas populares.
Que el partido debe ser como un padre que se encargue y conduzca el destino de las masas populares es un principio establecido originalmente por nuestro Partido en sus actividades.
El partido de la clase obrera surgió con la exigencia de la lucha revolucionaria de forjar el destino de las masas populares, y su misión fundamental es guiarlas haciéndose cargo de su destino. Los lazos entre el partido y las masas no están solamente referidos a las relaciones entre el dirigente y los dirigidos, sino también entre quien da vida y quien la recibe, y entre quien atiende el destino ajeno y quien se lo confía. Estos nexos se hacen más sólidos y poderosos cuando el partido aprecia y ama a las masas populares como su padre.
Si nuestro Partido goza del apoyo y confianza absolutos de las masas populares y fortalece sin cesar su posición de rector, es porque cumple cabalmente su deber específico como padre responsable del destino de ellas. No sólo las convirtió en genuinas dueñas del Estado y la sociedad, sino que también les dio una valiosa vida política y las condujo a llevarla dignamente, así como también atiende total y responsablemente su vida material y cultural. Coloca en el centro de toda su actividad a las masas populares y procura que ésta sea una tarea organizativa y política para asegurarles una existencia y felicidad digna del ser social, lo que le hizo, al pie de la letra, el pecho paternal en que aquellas confían enteramente su destino.
Debemos lograr que nuestro Partido cumpla mejor con su deber de padre al seguir materializando cabalmente su exigencia intrínseca.
Para desarrollar el trabajo del Partido según este requerimiento, es necesario aplicar el punto de vista jucheano que aprecia más que nada a las masas populares, las considera como el más poderoso ente, confía en ellas y las ama sinceramente.
El amor y la confianza del Partido en las masas populares se manifiestan fundamentalmente en que traza sus líneas y política de acuerdo con la voluntad y la demanda de ellas, y las pone en la práctica, valiéndose de sus fuerzas creadoras.
El gran Líder, camarada Kim Il Sung, recordando la época de la Lucha Revolucionaria Antijaponesa, expresó que las masas eran inteligentes maestros que le enseñaron la verdad de la revolución. Presentarlas como maestros es un principio tradicional de nuestro Partido en sus actividades y trabajos. Siempre debemos aprender modestamente de ellas, respetarlas y resolver todos los problemas planteados basándonos en sus fuerzas.
Tenemos que profundizar en la labor con las masas populares para que todas las líneas y política del Partido sean de carácter estrictamente independiente y popular al reflejar fielmente sus aspiraciones y voluntad, poner en pleno juego su facultad creadora para que surta más efecto en la realidad.
El amor y la confianza del Partido paternal en las personas se expresan además en el hecho de que atiende bajo su total responsabilidad la vida socio-política y la material y cultural de ellas. Lo más importante para el ser social es la actividad política, la vida política. En el trabajo partidista, en la labor para con la gente, debemos prestar la atención primordial a la vida política de los militantes y los trabajadores, apreciarla y estimarla con el sentimiento de un padre que se preocupa por la vida de sus hijos, y guiarlos para hacerla lucir hasta el último momento sin ninguna mancha. También debemos tener mucho interés por su vida material y cultural y abnegarnos para garantizarles una existencia más abundante y culta.
El amor y la confianza en las masas populares tienen su expresión concreta en el estilo y conducta popular de los funcionarios.
Debemos procurar que todos nuestros cuadros, con la disposición de compartir la vida y la muerte, la pena y la alegría con el pueblo, se abnieguen por él, y posean la cualidad popular, sencilla, modesta, imparcial y honesta.
Otro aspecto importante en fortalecer la dirección del partido atendiendo principalmente la labor para con las personas es aplicar métodos partidistas, políticos.
En la sociedad socialista el partido de la clase obrera, aunque está en el poder, ateniéndose a éste, no puede ejercer una política que convenga con la voluntad de las masas populares.
A éstas pertenece todo el poder, por tanto, dominarlas de modo burocrático y administrativo ejerciéndolo contradice la naturaleza del poder socialista. El método de trabajo burocrático y administrativo causa enormes daños en la sociedad socialista, donde el partido y el Estado se responsabilizan enteramente con la vida del pueblo. Si el partido lo aplica, perderá el apoyo y la confianza de las masas populares poniendo en peligro su propia existencia. Es por eso que nuestro Partido subraya a menudo que abusar de su autoridad y practicar el burocratismo ante las masas populares, es tan peligroso como ingerir veneno.
Desde luego que en la sociedad socialista no debe ocurrir que el Partido, por oponerse a dicho método, renuncie a su facultad de dirección como partido gubernamental y debilite el poder estatal. Si en esta sociedad se aplica el método burocrático y administrativo, ello se debe a que la guía del partido y la labor de los órganos de Poder popular no se efectúan a tenor de sus naturalezas. El partido debe ejercer su dirección con arreglo al modo de hacer la política propia de una organización de la clase obrera, sin dejar de reforzar su posición rectora, y los órganos del Poder popular, desempeñarse en atención a la esencia de la política socialista.
Desde el mismo día de su fundación, nuestro Partido ha venido esforzándose con tesón para aplicar el método político en su trabajo planteando la implantación de un método de trabajo apropiado a su naturaleza como partido guiado por la idea
Juche, como una de las tareas fundamentales para su construcción y sus actividades. Al aplicar el tradicional método de trabajo de la Guerrilla Antijaponesa conforme a las exigencias de la realidad de la construcción socialista, creó el espíritu y método
Chongsanri y lo popularizó entre todas sus organizaciones en virtud de lo cual se eliminó el método de trabajo burocrático y administrativo que, en un tiempo, los elementos sectaristas
antipartido y contrarrevolucionarios, introdujeron de contrabando en el seno del Partido y se implantó otro revolucionario y político, conveniente a las características del Partido, cuyo contenido principal es la labor organizativa y política para con las personas. Debemos seguir impulsando con pujanza la lucha por aplicar este método en atención a la exigencia de la revolución en desarrollo y a que aumenta sin cesar el número de funcionarios de nuevas generaciones, no probados en una ardua lucha.
Emplear dicho método en el trabajo significa conceder la prioridad a la labor política, y dar a conocer a las personas el propósito del Partido por medio de la explicación y persuasión para que ellas se movilicen de modo voluntario. No es posible ganar la voluntad de las personas con dar órdenes e indicaciones.
Debemos acabar entre los funcionarios con la tendencia a poner en acción a las personas por medio de órdenes e indicaciones, lograr que la labor política preceda a cualquier actividad, y realizar con paciencia y de modo sustancial la persuasión y educación para que las masas acepten con sinceridad los planteamientos del Partido, considerándolos como suyos y se movilicen de manera voluntaria. Además, enarbolando el lema: “¡Que se compenetren todas las organizaciones del Partido con las masas!”, los funcionarios se adentrarán siempre entre éstas para compartir las alegrías y las penas con ellas, educarlas y ponerlas en acción, y a la vez aprender de ellas y elevar su nivel de educación.
Para implantar el método político, propio del Partido, es preciso redoblar los esfuerzos por acabar con el viejo método de trabajo. Los resabios ideológicos dejados por la sociedad explotadora que aún perduran en la mente de los funcionarios, son la causa del viejo método de trabajo que se observa en la sociedad socialista. Debemos intensificar la formación de los funcionarios en la teoría y el arte de dirección basados en la idea Juche, por una parte, y por la otra, librar con energía una campaña ideológica dirigida a eliminar el viejo método y estilo de trabajo y aplicar con más firmeza el de trabajo revolucionario y político, inherente al Partido.
También se requiere fortalecer el sistema de trabajo del Partido para hacer más efectiva su dirección prestando atención principal a la labor con las personas.
Ante todo, hay que perfeccionar el sistema de trabajo interno del Partido.
Nuestro Partido ya ha implantado un ordenado sistema de trabajo con los cuadros, militantes y las masas, cuya vitalidad se ha comprobado en la larga lucha práctica. Debemos profundizar el sistema de trabajo interno de acuerdo con la demanda de la realidad en desarrollo para convertir el trabajo del Partido en labor con las personas, por completo.
Es menester establecer en forma estricta un sistema que permita a todo el Partido realizar la labor con las personas. Es un sistema de trabajo en que una persona educa y pone en acción a diez, estos diez a cien, éstos a mil y estos mil a diez mil.
Todos, sean funcionarios del Partido o de administración, tengan cargos superiores o inferiores, sean cuadros o militantes de fila, deberán considerar dicha labor como un importante deber revolucionario y dedicarse con ahínco a ella. Al establecer de modo estricto el sistema de trabajo que obligue a los superiores a educar con responsabilidad a los subalternos, y a los cuadros y militantes a hacer lo mismo con las masas, compenetrándose con éstas, debemos logar que todos los funcionarios y militantes sean tratados en la referida labor y a la vez se hagan ejecutores.
Es necesario perfeccionar el sistema de dirección del Partido para que la dirección sobre el proceso de la revolución y construcción esté dedicada principalmente a la labor con las personas.
Nuestro Partido ha establecido un sistema de trabajo que permite a los comités del Partido, a todos los niveles, desempeñarse como órganos supremos que dirigen todas las actividades de sus entidades correspondientes, gracias a lo cual se asegura la dirección política unificada del Partido sobre la revolución y construcción y se pone en plena acción la facultad creadora de las masas por medio del trabajo con éstas. También en el futuro fortaleceremos el sistema de dirección del Partido que asegura que se resuelvan todos los problemas planeados mediante la labor política y con las personas bajo la orientación colectiva del comité del Partido. Debemos establecer un riguroso sistema y orden en que los comités del Partido de todas las instancias controlen de manera unificada y orienten por vía política las actividades de los organismos estatales, económicos y culturales y de las organizaciones sociales bajo su jurisdicción y que los funcionarios de todos los sectores ejecuten sus tareas apoyándose en los comités del Partido y priorizando la labor política, la con las personas.
En particular, es importante reforzar el sistema de dirección del Partido, de orientación política sobre la economía. La construcción económica socialista puede llevarse a feliz término sólo contando con la guía del partido de la clase obrera.
Debemos defender con firmeza y fortalecer el sistema de dirección política del Partido sobre la construcción económica de modo que ésta se efectúe conforme a la misión política de la revolución y a la naturaleza del socialismo. Para ello es preciso aplicar cabalmente el sistema de trabajo Taean concebido por nuestro Partido. Este consiste en manejar la economía bajo la orientación colectiva del comité del Partido ateniéndose al principio de dar la prioridad a la labor política, la labor con la gente. En correspondencia con las exigencias del sistema de trabajo Taean, los comités del Partido de todos los niveles deben manipular bien el timón de la economía y procurar que todos los funcionarios realicen su gestión económica con arreglo a lo analizado y acordado en el comité del Partido y concediendo la primacía a la labor con la gente.
Con miras a consolidar y desarrollar sin cesar a nuestro Partido y obtener mayores victorias en la construcción socialista tenemos que convertir por completo su trabajo en labor con la gente y por medio de ésta, asegurar su dirección sobre la revolución y la edificación.
Nuestro Partido que cumple 45 años de fundación, se halla hoy más unido que nunca en lo organizativo e ideológico y, convencido de la justeza de su causa y su triunfo, avanza con pasos firmes por el camino señalado por la gran idea Juche. El gran Líder, camarada Kim Il Sung, quien ha venido dirigiendo de modo inteligente todo el curso de la construcción de nuestro
Partido a lo largo de 60 años, desde la fundación de la primera organización de tipo jucheano en el fragor de la Lucha Revolucionaria Antijaponesa hasta su conversión en un invencible
Partido revolucionario, sigue manteniéndose como siempre a la cabeza del Partido y organizando y conduciendo a todos sus militantes y el pueblo entero, por el camino de la victoria mientras está más alto que nunca el entusiasmo revolucionario de nuestro pueblo, que sigue al Partido y apoya su dirección. El ve su futuro luminoso en la orientación del Partido del Trabajo de Corea y se encuentra firmemente convencido de que contando con su guía puede llevar con seguridad al triunfo la causa revolucionaria del Juche.
A nuestro Partido que, guiado con sabiduría por el gran Líder, camarada Kim Il Sung, conduce el proceso revolucionario y constructivo enarbolando la bandera de la idea Juche y contando con el absoluto apoyo y confianza de las masas populares le esperan sólo el triunfo y la gloria.
Impreso en la República Popular Democrática de Corea

sábado, 4 de junio de 2011

KIM IL SUNG: ALCANCEMOS LA GRAN UNIDAD DE NUESTRA NACION

Con motivo del 15 de junio, fecha de la declaración conjunta Norte Sur y al cumplirse 11 años de tan histórico acontecimiento, publicamos este trabajo del gran líder Presidente KIM IL SUNG donde el gran Líder muestra la disposición del pueblo coreano a su reunificación pacífica e independiente sin injerencias extrajeras. Esperamos sea de su agrado y sirva par el mejor entendimiento del problema de la peninsula coreana que lleva más de medio siglo dividida debido a la intransigencia de cierto sector títere sur coreano y de sus amos los yanquis.

Atte.

Yuri Castro Romero
Secretario General del Instituto Cultural y de Amistad Peruano-Coreano  


¡TRABAJADORES DEL MUNDO ENTERO, UNIOS!

KIM IL SUNG
ALCANCEMOS LA GRAN
UNIDAD DE NUESTRA
NACION

Charla con los funcionarios responsables del Comité por
la Reunificación Pacífica de la Patria y los miembros
de la Dirección del Norte de la Alianza Pannacional
por la Reunificación de la Patria
1° de agosto de 1991

El año pasado, con motivo del 45 aniversario de la liberación  del país, se efectuó la Conferencia Pannacional para la Paz y Reunificación de la Patria, y en el presente año va a realizarse
otra, la segunda, en saludo a la misma fecha, el 15 de agosto.
Consideramos positivo que con motivo del significativo día de la liberación de la Patria se organicen la Conferencia Pannacional y diversas festividades conjuntas en aras de la reunificación.
Nos incumbe procurar que las actividades previstas se realicen con éxito y así constituyan una importante oportunidad para alcanzar la gran unidad de la nación y acelerar el proceso de la
reunificación de la Patria.
La reunificación de nuestro país es una tarea encaminada a recuperar los vínculos de la nación cortados artificialmente y lograr su reconciliación, así como implantar la independencia a
escala de todo el país. En otras palabras, se trata de un asunto relacionado con el destino y la existencia de nuestra nación.
Como sabe todo el mundo la división de nuestra nación no fue originada por sus contradicciones internas, sino impuesta, enteramente, por las fuerzas extranjeras. Se produjo, después
de la Segunda Guerra Mundial, como consecuencia de la decisión, según los intereses de las potencias extranjeras, del problema de Corea en contra de las exigencias y de la voluntad de
independencia de nuestra nación. Esto también se debe a la ocupación del Sur de Corea por los Estados Unidos. Si esta situación se mantiene hasta hoy, se debe a que las fuerzas foráneas
continúan las intervenciones y los actos para obstruir nuestra reunificación.
A lo largo del casi medio siglo transcurrido desde cuando se dividiera el país hasta hoy, no ha habido ni un solo día en que yo me haya olvidado de las desgracias e infortunios que padece nuestra nación ni haya dejado de pensar en la reunificación de la Patria. Esta tarea no debemos legársela a las posteridades.
Debemos cumplirla en nuestra generación cueste lo que cueste. Es el supremo anhelo de toda la nación coreana y para ésta no hay tarea más apremiante.
Nuestro país ha de reunificarse de manera independiente y por la vía pacífica, para lo cual es preciso alcanzar la gran unidad de la nación. Al margen de esta unidad es inconcebible que
la Patria se reunifique porque ésta constituye la premisa fundamental y el contenido esencial de esta tarea. Lograrla es la primera, la segunda, la tercera tarea en importancia para realizar
la causa de la reunificación de la Patria.
En cualquier movimiento es posible obtener la victoria cuando se fortalece el sujeto y se eleva su papel. Esta es la más importante verdad de la revolución y es la filosofía en la que
fundamentamos nuestro credo en el largo proceso de la lucha revolucionaria.
Toda la nación coreana constituye el sujeto de la reunificación del país. Esta es su obra de independencia y únicamente con sus propias fuerzas podrá llevarla a cabo. Siendo artífices
de esta obra, todos los coreanos, sin excepción, tienen que asumir su responsabilidad y papel que les corresponden en la lucha por hacerla realidad. Para hacerlo así deben unirse con firmeza como si fueran un solo hombre. El poderío del sujeto radica precisamente en la unidad. La garantía decisiva para lograr la reunificación independiente y pacífica de la Patria radica en el fortalecimiento de su sujeto mediante la unidad compacta de toda la nación.
Esta tiene que aglutinarse de modo sólido bajo la bandera de la gran unidad nacional y sobre la base del patriotismo y el espíritu de independencia nacional.
La nación es una sólida colectividad y unidad de vida social de las personas que se formó y desarrolló a lo largo de la historia. Históricamente los hombres vivieron y forjaron juntos sus destinos dividiéndose en países y naciones. El asunto de la nación es, en esencia, el de defender y llevar a vías de hecho su independencia, la cual significa su vida y a la vez la del ser
humano. De la misma forma que el hombre privado de la independencia es como un ser sin vida, así también es inconcebible la existencia y progreso de una nación al margen de su independencia.
Sólo cuando se obtenga la independencia de la nación pueden ser independientes las personas individuales que la habitan y si aquella se subyuga a otra, ninguno de sus integrantes, por permitirlo, podrá quedar exento de ser considerado como un apátrida. Esto es porque dentro de la vida de la nación está la de cada uno de sus miembros. Precisamente por esta razón, aunque la nación está integrada por personas de diferentes clases y sectores, éstas aman a su patria y aprecian la independencia nacional y luchan unidas por defenderla. Su amor a la patria y su aprecio por la soberanía nacional son una manifestación de las ideas y los sentimientos que tienen en común como integrantes de una misma nación.
Originalmente el nacionalismo surgió como una corriente ideológica progresista para defender los intereses de la nación.
Es cierto que los burgueses encabezaron en los primeros años de su aparición el movimiento nacional bajo la bandera del nacionalismo, pero no por eso se debe considerar que éste fuera
desde el comienzo una ideología de la clase capitalista. En el período del movimiento nacional burgués contra el feudalismo los intereses de las masas populares coincidían en lo fundamental
con los de la incipiente burguesía y, por consiguiente, el nacionalismo reflejaba los intereses comunes de la nación. Posteriormente, con el desarrollo del capitalismo la burguesía se
convirtió en la clase dominante reaccionaria y el nacionalismo en un instrumento ideológico para la protección de los intereses de la clase capitalista. El nacionalismo burgués es una ideología contraria al genuino nacionalismo que defiende verdaderamente los intereses de la nación. La autodenominación de “nacionalistas” que los ociosos, que pueden considerarse como parásitos de la nación, se hacen pronunciándose por el nacionalismo, no pasa de ser un fraude. Sólo quien se consagra a su nación realizando trabajos útiles, ya sean intelectuales o físicos, puede ser catalogado como un verdadero nacionalista.
En nuestro país donde la nacionalidad es homogénea el verdadero nacionalismo se identifica con el patriotismo. Nuestra nación, que por milenios ha venido desarrollando una cultura brillante con un mismo idioma y una misma sangre en un mismo territorio, tiene un elevado espíritu patriótico y de independencia.
Siempre ha profesado un ferviente amor a su Patria y luchado con tesón para salvaguardar su soberanía. Esto constituye una tradición, la que la llena de orgullo.
Mi padre enunció temprano el concepto de “gran propósito” y nos educó en el patriotismo y la idea de independencia nacional. De ahí que yo tomara el camino de la lucha, determinado desde el comienzo a consagrar mi vida para salvar al país y a la nación. Mis actividades revolucionarias se iniciaron por la lucha de liberación nacional, y en el curso de mis esfuerzos por hacer resaltar la idiosincrasia de la nación y formar el sujeto de la revolución concebí la idea Juche, ideología directiva de nuestro proceso revolucionario. A lo largo de toda mi vida he luchado por la soberanía, la autonomía y la prosperidad de nuestra nación y la independencia de las masas populares. Desde
luego, defiendo tanto la autodeterminación de nuestro pueblo como la de otros y luché y lucho por acabar con la explotación y la opresión del hombre por el hombre no sólo en nuestro
país sino también en el resto del mundo. De la misma manera que es inimaginable que quien no quiera a sus padres y hermanos pueda amar a su país y a su nación, así también ilógico es que una persona indiferente al destino de su nación sea fiel a la revolución mundial. Como digo siempre, sólo un genuino patriota puede ser un verdadero internacionalista fiel a la revolución mundial. En este sentido puedo decir que yo, a la vez que soy comunista, soy patriota e internacionalista.
En la actual etapa de desarrollo de la historia en que el destino de las masas populares se forja en cada país o nación como su unidad básica, lo lógico es que toda la nación luche unida
por su prosperidad y por sus intereses comunes, preservando con firmeza su idiosincrasia. No sólo debemos realizar la reunificación de la Patria sobre la base de la gran unidad nacional, sino también, después de alcanzada esta causa, esforzarnos por construir una sociedad ideal para el pueblo y lograr que todo éste disfrute por igual de una inmensa felicidad, apoyándonos
en la fuerza unida de toda la nación.
Puede decirse que nuestro concepto de la nación, basado en la idea Juche, es que todos sus integrantes consigan y salvaguarden unidos su independencia, considerándola como su vida,
y logren su prosperidad común. Tanto en la lucha contra el imperialismo como en los esfuerzos
para construir el socialismo hemos mantenido siempre con firmeza el principio de confiar y apoyarnos en la fuerza unida del pueblo. Puede decirse que el secreto de las victorias que hemos logrado hasta ahora en la revolución y la construcción reside precisamente en el hecho de que hemos luchado preferentemente en defensa de los intereses de la nación, apoyándonos
en su poderío aunado.
Si triunfamos en la Lucha Revolucionaria Antijaponesa por la restauración de la Patria, fue porque la Guerrilla Antijaponesa y el pueblo estuvieron estrechamente vinculados, y todas las fuerzas patrióticas antijaponesas se mantuvieron unidas como un sólido bloque. En aquella época combatimos al imperialismo japonés con la fuerza mancomunada de la nación agrupando a todas las clases y capas de la población patriótica en el frente unido nacional antijaponés. La Asociación para la Restauración de la Patria, fundada en 1936, fue una organización de este tipo que abarcaba a los amplios sectores del pueblo patriótico que se oponían al imperialismo nipón y que aspiraban
a la independencia del país. En ella se alistaron las fuerzas patrióticas antijaponesas pertenecientes a todas las clases y sectores: comunistas, nacionalistas, obreros, campesinos, intelectuales,
estudiantes y otros jóvenes, incluso capitalistas nacionales y creyentes religiosos de conciencia. En el curso de la Lucha Revolucionaria Antijaponesa que se libraba sustentándose en el amplio frente unido nacional antijaponés se creó y forjó la tradición de la unidad de la nación.
También en los trabajos por construir una nueva sociedad después de la liberación dirigimos la fuerza primordial a lograr la gran unidad nacional. En un discurso pronunciado ante el pueblo después de liberar a la Patria lancé un llamamiento para que todos los que amaban al país y a la nación y apreciaban la democracia se aunaran con firmeza como un solo hombre y así contribuyeran activamente a la construcción del país, con su fuerza, con sus conocimientos o con el dinero que tuvieran.
Apoyándonos en la fuerza unida de todas las clases y sectores del pueblo aceleramos con energía la construcción de una nueva Patria democrática y del socialismo. El objetivo que perseguimos en la construcción del socialismo consiste en lograr que todo el pueblo goce por igual de una existencia feliz y digna en una sociedad libre de explotación y opresión. La que estamos levantando es una sociedad socialista centrada, en el verdadero sentido de la palabra, en las masas populares. Es decir, una sociedad genuinamente popular en la que todas ellas son dueñas del país y todas las cosas que éste tiene están a su servicio.
No es necesario construir un socialismo que no le sirva a las masas populares, y a menos que se logre su cohesión es imposible edificar el referido socialismo.
El objetivo que perseguimos con la reunificación de la Patria es conseguir la independencia de nuestra nación, lograr su progreso y prosperidad comunes y hacer que toda ella viva por igual feliz y dignamente en una Patria reintegrada. Por eso es lógico que toda la nación se identifique con una misma voluntad y se una como un solo hombre en la lucha por la reunificación de la Patria, y es del todo posible lograrlo.
En 1948 convocamos en Pyongyang la Conferencia Conjunta de los Representantes de los Partidos Políticos y las Organizaciones Sociales de Corea del Norte y el Sur para discutir el problema de la reunificación del país y las medidas de salvación nacional de carácter inmediato que en aquel entonces se habían presentado urgentemente ante la nación. En ella participaron los delegados de casi todos los partidos políticos y las organizaciones sociales, con excepción de los del partido que
dependía directamente de Syngman Rhee en Corea del Sur.
Asistió también Kim Gu, entonces líder del Partido por la Independencia de Hanguk. Se trataba de un hombre que antes de la liberación, cuando presidía el “gobierno provisional en Shanghai”, consideraba a los comunistas como enemigos. Pero participó en la Conferencia mostrando su simpatía con nuestra justa proposición de que nos reuniéramos en un lugar y discutiéramos
franca y sinceramente, como miembros de la misma nación, los importantes problemas relacionados con el destino de la nación, y así decidió aliarse y colaborar con los comunistas.
Aunque no tenía una correcta comprensión de qué tipo de hombres éramos los comunistas genuinos, fue un patriota. En la mencionada reunión pronunció un discurso positivo y después
de regresar al Sur de Corea fue asesinado por los norteamericanos y sus lacayos mientras luchaba por la unidad nacional y la reunificación de la Patria. La histórica Conferencia Conjunta del Norte y del Sur celebrada en el mes de abril mostró claramente que todos podían sumarse a la lucha por la causa común de la nación aunque tuvieran diferencias ideológicas y diferentes ideales y puntos de vista políticos y religiosos.
Si todos los compatriotas luchan en armonía y unidos, siguiendo la tradición y basándose en las experiencias que sobre la integración nacional se obtuvieron en la realización de la causa de la independencia de nuestra nación, es posible que alcancen sin falta la reunificación de la Patria, que es la suprema tarea nacional.
La reconciliación y unidad de toda la nación conllevaría precisamente a la reunificación de la Patria que deseamos. Lo fundamental en ésta no reside en algún problema de procedimiento o método sino en la auténtica reconciliación y unidad de toda la nación. Si todo el pueblo del Norte y del Sur y los compatriotas residentes en ultramar hacen coincidir sus voluntades y, sobre esta base, logran la gran unidad nacional se resolverá este problema fundamental, y consecutivamente, será
fácil solucionar otros asuntos.
En los últimos tiempos se está notando un progreso considerable en la obra por lograr la unidad nacional. El año pasado se efectuó la Conferencia Pannacional del 15 de Agosto, a la que siguieron el Concierto Pannacional por la Reunificación, la Competencia de Fútbol del Norte y el Sur por la Reunificación y el Festival Artístico y este año ambas partes participaron conjuntamente, en un equipo único, en el Campeonato Mundial de Tenis de Mesa y el Campeonato Mundial de Fútbol de Jóvenes.
Todo esto fue resultado de que se han elevado como nunca la aspiración de nuestra nación a la reunificación y el ambiente de reconciliación y unidad nacionales, por lo que todos los compatriotas
del Norte y del Sur y los residentes en ultramar sintieron alegría, orgullo y dignidad nacionales. Si todos los compatriotas se entienden así gradualmente, se podrán lograr, al fin, la gran unidad de la nación y la reunificación de la Patria. En este sentido, creo, el pastor sudcoreano Mun Ik Hwan dijo que nuestra nación se ha aunado, que la reunificación ya es completa.
Nos pronunciamos por reunificar la Patria mediante la confederación basada en la fórmula de una nación y un Estado con dos sistemas y dos gobiernos, para conseguir la verdadera concordancia
y unidad de la nación. Se trata de la única vía para lograr este objetivo en las actuales condiciones en que en el Norte y el Sur del país existen ideologías y regímenes distintos.
En la actual situación no es justo intentar reunificar el país con el método de someter una parte a la otra. La ideología y el régimen no se imponen sino el pueblo los escoge por sí mismo.
El método de obligarlos una parte a la otra no dará resultado para lograr la unidad de la nación, sino que por el contrario, traerá como consecuencia agravar el antagonismo interno de la nación y causarle a ésta mayores calamidades. Las diferencias de ideología y régimen existentes en el seno de la nación han de suprimirse de modo gradual y no por la vía coercitiva sino por la de estrechar su unidad, a favor de sus intereses comunes.
Hoy el más urgente interés nacional común es liberarse completamente de la dominación e injerencia de las fuerzas foráneas y lograr la unidad nacional. Los connacionales, aunque se
rijan por distintas ideologías y regímenes, pueden unirse como miembros de la misma nación y colaborar unos con otros para su prosperidad común.
Todos los coreanos, no importa dónde radiquen, ya sea en el Norte, en el Sur o en ultramar, y sin distinción entre obreros, campesinos, intelectuales, jóvenes estudiantes, políticos, economistas,
religiosos y militares, deben luchar unidos para reunificar la Patria, tarea común para toda la nación. Tienen que contribuir a la realización de esta causa aportando su fuerza los que la poseen, sus conocimientos los que los tienen y su dinero los que disponen de él, como lo hizo nuestro pueblo en el pasado para lograr la construcción de una nueva Patria.
La clase obrera, el campesinado y la intelectualidad forman la fuerza principal de la nación. Si éstos se ayudan entre sí y se unen, poniendo de manifiesto cada cual sus peculiaridades, pueden constituir una poderosa fuerza que juegue un papel protagónico en la nación y llevar a feliz término la causa de la reunificación de la Patria. Deben cumplir su misión como sujeto en la reunificación de la Patria aliándose los dos primeros con el tercero y vinculando éste su destino con el de aquéllos.
Es injusto menospreciar el papel del intelectual y verlo con una estrecha visión. Al fundar el Partido definimos al intelectual como una parte integrante de esta organización política, junto con la clase obrera y el campesinado. El emblema de nuestro Partido está constituido de martillo, hoz y pincel que simbolizan, respectivamente, a la clase obrera, al campesinado y al intelectual que lo integran. En la postliberación, al emprender la edificación de una nueva sociedad no rechazamos a los intelectuales por haber servido al imperialismo japonés, sino que les abrimos plenamente los brazos confiando en su patriotismo y propensión a la independencia nacional. Considerando como un tesoro del país a los intelectuales dispersos a lo largo y ancho del país, los buscamos uno por uno y los guiamos con tino a desempeñar un papel importante en la construcción de una nueva Patria. Ellos depositaron su confianza en el Partido y lo apoyaron compartiendo con él un mismo destino. No solamente consagraron toda su fuerza y talento a la edificación de una Corea nueva y democrática sino que también participaron con toda su dedicación en la Guerra de Liberación de la Patria contra la agresión de los imperialistas norteamericanos y desempeñaron un gran papel en la revolución y construcción socialistas de la postguerra.
En la actualidad los intelectuales sudcoreanos también luchan con energía por la reunificación de la Patria. Los jóvenes estudiantes, poseedores de un vehemente espíritu patriótico y una firme conciencia de independencia y antiyanqui, desempeñan un papel medular y vanguardista en la lucha por hacer independiente y democrática a la sociedad y lograr la reintegración nacional. Los estudiantes sudcoreanos que pelean de manera heroica ofrendando sin vacilación su preciosa juventud para dicha causa son orgullo de nuestra nación.
En el Sur, además de los obreros, los campesinos y los intelectuales hay otras personas en número no despreciable con distintos antecedentes y condiciones de vida a las que también debemos prestar atención. Hemos de lograr la unidad nacional ateniéndonos al principio de atraer a todas las personas salvo aquellos que sean traidores a la nación.
Es de suma importancia realizar con tacto la labor para con las personas religiosas a partir de un correcto concepto sobre la religión. Si los religiosos la profesan es, en su mayoría, con el deseo de disfrutar de la felicidad en el otro mundo aceptando los actuales sufrimientos y desgracias como si éstos les estuvieran predestinados. Así pues no hay por qué considerar esta actitud como negativa. Lo malo es la política antipopular que los desilusiona de la realidad, y también lo son los gobernantes reaccionarios que abusan de la religión para paralizar la conciencia de independencia del pueblo y hacerlo obediente a su dominación. Los religiosos progresistas desean que los seres
humanos se amen unos a otros y vivan en armonía. En la actualidad, los religiosos sudcoreanos se oponen a la división artificial de nuestra nación por los agresores extranjeros y a la represión
contra los partidarios de su reunificación a fuerza de bayonetas.
Debemos valorarlos altamente por sus esfuerzos y su abnegación por conseguir la reunificación del país y unirnos a ellos.
Es doloroso que una parte de los jóvenes sudcoreanos, hijos de la nación alistados en el “ejército de defensa nacional” ofrecen sus servicios bajo el mando de los norteamericanos a favor del dominio neocolonialista de Estados Unidos y de su política de escisión nacional. Tenemos que dar a conocer correctamente a los soldados y oficiales del “ejército de defensa nacional” la naturaleza antinacional y antipopular de los imperialistas y sus lacayos nativos, para que se mantengan con firmeza del lado de su pueblo y se comprometan con sus padres y hermanos en la empresa por la independencia, la democracia y la reunificación de la Patria.
La reunificación significa, como siempre yo afirmo, el patriotismo mientras la división significa la traición. Así pues, los integrantes de la nación coreana que desean su reunificación territorial y luchan por alcanzarla son patriotas, mientras los que en confabulación con las fuerzas foráneas se oponen a ella para mantener dividido el país son vendepatrias. Debemos respetar esta parábola para unirnos con todos los que alzan su voz para pronunciarse por la reunificación y marchar juntos con el mismo fin. En lo que se refiere a los que en otro tiempo se opusieron a la reintegración de la Patria y cometieron delitos ante la comunidad nacional y el país, si se arrepienten de su comportamiento anterior y emprenden el camino del patriotismo en apoyo a la reunificación, debemos pasar la página y considerar su pasado como algo que ha quedado atrás y unirnos a ellos.
No pocos de aquellos que en otra época realizaron actos vergonzosos ante la nación, han cambiado su posición para integrarse a la empresa patriótica a favor de la unidad nacional y la reunificación territorial, entre los cuales figura el señor Choe Tok Sin. Como saben ustedes, éste se desempeñó en cierto tiempo como jefe de cuerpo de ejército del “ejército de defensa nacional” y “ministro de Asuntos Exteriores” en Corea del Sur. Como alto funcionario en los círculos militar y político
sudcoreanos se mostró incondicional a Estados Unidos y opuesto al comunismo, pero posteriormente decepcionado con la posición vendepatria y contraria a la reunificación de los
gobernantes, emigró a otro país con el propósito de incorporarse al auténtico camino en bien de la nación. Durante su permanencia en ultramar desarrolló actividades patrióticas encaminadas
a lograr la independencia y la democracia de la sociedad sudcoreana y la reunificación del país; visitó en varias ocasiones nuestra República, lo cual lo llevó a discernir claramente el verdadero camino patriótico. Al ver que nuestra República, soberana, autofinanciada y autodefendida, revestía a la nación coreana con gran orgullo y dignidad, quedó admirado y sintió simpatía por nuestra justa e inmutable política y línea de gran unidad nacional que le tiende la mano a todos los amantes de la
nación, independientemente de sus antecedentes, su ideal político, su criterio y su creencia religiosa. Con la decisión de dedicar el resto de su vida a la justa causa por la Patria y la nación,
pidió que le permitiéramos establecerse en nuestra República agregando que había encontrado aquí el paraíso terrestre que como nacionalista y chondoísta soñaba hasta entonces. Aunque
el señor Choe Tok Sin había tomado un sendero opuesto al nuestro, valoramos su deseo y decidimos trabajar junto con él para alcanzar la gran unidad nacional y la reunificación de la Patria, ya que nos aseguró que abandonaría su antigua posición e iniciaría un nuevo camino para la Patria y la nación. Después de regresar a la Patria fue promovido como presidente del Comité
Central del Partido Chondoísta Chong-u y vicepresidente del Comité por la Reunificación Pacífica de la Patria y trabajó con abnegación hasta el último momento de su vida por la prosperidad de la Patria, por la gran unidad nacional y por la reintegración territorial. El murió sin ver realizado su sueño de la reunificación del país, algo que él anhelaba tanto, pero al colaborar en sus últimos años de existencia con los compatriotas en el movimiento proreunificación, llegó a disfrutar de una
vida eterna siendo considerado como un mártir patriótico en medio del cariño del pueblo e hizo comprender a los connacionales de dentro y fuera del país el verdadero significado de la
reconciliación y la gran unidad de la nación.
Para alcanzar la gran unidad nacional, los compatriotas de todos los sectores del Norte, el Sur y el extranjero, por encima de las diferencias de ideología, régimen y creencia religiosa,
deben anteponer los intereses comunes de la nación a los suyos propios y supeditarlo todo a la causa de la reunificación de la Patria. Debemos considerar esto como el principio fundamental
para lograr la gran unidad nacional y mantenerlo firmemente.
La comunidad de la nación, formada y consolidada a lo largo de su milenaria historia, es más fuerte que la diferencia de régimen o de ideología e ideal creada temporalmente por su divisón. La exigencia común de la nación por lograr su reintegración es incomparablemente más imperiosa que los intereses de las clases y capas particulares. Si bien es importante defender las ideologías e ideales de las clases y capas particulares y asegurar sus intereses, es más importante llevar a cabo la empresa común de la nación. Las clases y capas son partes de la nación y por tanto ninguna de ellas puede realizar sus intereses particulares al margen de los intereses comunes de la nación.
Sólo cuando exista la nación pueden existir las clases, y sólo asegurando los intereses de aquélla es posible asegurar los de éstas.
Hoy, cuando la independencia de nuestra nación está siendo violada por las fuerzas extranjeras, ninguna clase y capa que la integra, debe priorizar sus intereses obstaculizando con esto el logro de la reunificación de la Patria, empresa común de la nación. No debe ocurrir que cegados por la mezquindad egoísta y por los prejuicios algunos pongan los intereses de su clase
por encima de los nacionales y que antepongan su lucha por realizar sus exigencias clasistas a la batalla por la reunificación de la Patria. Ni mucho menos debe tolerarse que se repudie o reprima con las fuerzas del poder a los connacionales por tener diferentes criterios políticos y otros planteamientos ni que se conviertan en enemigos sólo por la diferencia de ideología y de régimen, porque ello se opone radicalmente al principio de la gran unidad nacional acordado entre el Norte y el Sur. Si nuestra nación no se une sobre la base de su comunidad como una
nación homogénea, sino que se repudia y se enemista una parte con la otra poniendo la diferencia en primer plano, jamás llegará a reintegrarse.
Para lograr la gran unidad nacional es preciso intensificar los contactos y visitas y activar las conversaciones entre los compatriotas del Norte, del Sur y del extranjero.
A fin de unir la voluntad y las fuerzas de toda la nación para favorecer el logro de los objetivos comunes hay que crear en su seno un ambiente de comprensión y de confianza. Como por
la división territorial el Norte y el Sur se encuentran desde hace mucho tiempo en estado de separación total, algunas personas consideran enemigos a compatriotas de la misma sangre, y
otras, aunque desean la unidad nacional, vacilan en tomarles de la mano por falta de confianza. Para disipar este malentendido y desconfianza en el seno de la nación y alcanzar su reconciliación
y unidad es necesario promover la realización de los viajes libres para tener contactos y realizar muchos diálogos.
A fin de efectuar estos viajes y contactos libres y amplios diálogos es importante derribar la muralla que nos divide y eliminar todos los obstáculos políticos y jurídicos. Ya hemos presentado el proyecto de destruir esa barrera y realizar el viaje libre y la apertura total entre el Norte y el Sur y estamos esforzándonos incansablemente por ponerlo en práctica. Lo que hace falta es que las autoridades sudcoreanas derriben la muralla de división nacional y retiren todos los obstáculos que han
puesto para impedir el libre viaje, contactos y diálogos entre los compatriotas del Norte, del Sur y del extranjero. La “Ley de Seguridad Estatal” en el Sur de Corea constituye hoy un gran impedimento para realizar libres viajes y contactos y desarrollar las conversaciones entre el Norte y el Sur. En virtud de esa ley se castiga allí a los que visitan al Norte o se encuentran con norcoreanos en el extranjero para discutir problemas relacionados con la reunificación. Víctimas de esa ley, están encarcelados los que visitaron al Norte, incluyendo al pastor septuagenario Mun Ik Hwan, y la joven estudiante Rim Su Gyong y también muchos partidarios del movimiento por la reunificación.
Mientras rijan tales leyes infames no se podrá realizar libremente ni viajes, ni establecer contactos, ni diálogos entre ambas partes. Por eso hay que abolir cuanto antes la “Ley de Seguridad Estatal”.
Con miras a alcanzar la gran unidad nacional se debe fortalecer la solidaridad a escala nacional en la lucha por la reunificación de la Patria.
Con palabras no se logra esa unidad. Se conquista y se consolida a través del despliegue de acciones conjuntas con la voluntad y las fuerzas aunadas en la lucha por reunificar a la Patria. En esta batalla todos los partidos y organizaciones del Norte, del Sur y del extranjero y todos los compatriotas deben hacer causa común apoyándose y solidarizándose mutuamente.
Una tarea que se presenta con primordial importancia en este aspecto es detener y frustrar las maquinaciones de las fuerzas que se oponen a la reunificación para perpetuar la división
de la nación y provocar una nueva guerra. Los compatriotas del Norte, del Sur y del extranjero deben desarrollar enérgicamente diversas formas de lucha conjunta para aislar y debilitar a esas
fuerzas y destruir sus conjuras escisionistas. Decenas de miles de militares norteamericanos y más de mil artefactos nucleares desplegados en el Sur de Corea constituyen el origen fundamental
de la tensión y del peligro de conflicto nuclear en la Península Coreana. Tenemos que esforzarnos por hacer que se retiren cuanto antes las tropas norteamericanas y las armas nucleares
de Corea del Sur, a fin de conjurar el peligro de guerra nuclear que amenaza la existencia de nuestra nación, y disponer de una garantía firme para la paz en la Península Coreana.
Todos los compatriotas del Norte, del Sur y del extranjero deben desarrollar una lucha a escala nacional para lograr el retiro de las tropas norteamericanas y las armas nucleares del Sur de Corea y convertir la Península en una zona desnuclearizada y de paz.
Para alcanzar la gran unidad nacional es necesario realizar una alianza organizativa de todos los partidos, agrupaciones, organizaciones y compatriotas de diversos sectores que luchan
por la reunificación de la Patria en el Norte, el Sur y el extranjero.
Sólo cuando todos los compatriotas que poseen el espíritu patriótico proreunificación, se unan y se organicen en una agrupación será posible lograr una unidad nacional sólida y asegurar la unidad e identidad de acción en sus esfuerzos por la reunificación de la Patria.
Para la unidad organizativa de toda la nación hace falta una agrupación a la que puedan incorporarse voluntariamente y por igual los compatriotas de diversos sectores del Norte, del
Sur y del extranjero. Tal organización puede ser, creo, la Alianza Pannacional por la Reunificación de la Patria, nacida según la resolución de la Conferencia Pannacional del pasado año. Esta Alianza fue creada por los esfuerzos conjuntos de las agrupaciones y organizaciones patrióticas y personalidades de diversos sectores del Norte, del Sur y del extranjero que aspiran a la reunificación independiente y pacífica del país. Es una agrupación patriótica del movimiento proreunificación que
tiene como su misión lograr este objetivo sobre la base de tres principios fundamentales: la independencia, la reunificación pacífica y la gran unidad nacional, y representa la voluntad
común de los compatriotas del Norte, del Sur y del extranjero.
Son importantes su deber y responsabilidad en la batalla por alcanzar la gran unidad nacional y adelantar la reunificación de la Patria. Le incumbe ampliar y fortalecer sin cesar sus filas entre los compatriotas y desarrollar de modo dinámico diversas formas de actividades para acelerar el proceso de reunificación de la Patria.
En el camino de la reunificación están interpuestos todavía muchos obstáculos y dificultades, pero vemos claramente una perspectiva radiante de llevarla a cabo.
La inclinación de nuestra nación a la reunificación se acentúa sin precedente. Los compatriotas del Norte, del Sur y del extranjero se incorporan activamente al movimiento proreunificación
con la decisión de lograrla infaliblemente en la década de 1990. Hoy en día nadie puede quebrantar la voluntad de nuestro pueblo por reunificar a la Patria, y ninguna fuerza es capaz de detener su impetuoso avance para cumplir con este objetivo. Nuestro pueblo, con su fuerza unida, la alcanzará tras eliminar los obstáculos y dificultades interpuestos en su camino.
Una vez reunificada la Patria, seremos una nación digna y poderosa y nuestro país aparecerá en la palestra mundial como un Estado independiente y soberano con más de 70 millones de habitantes, una cultura nacional floreciente y una economía poderosa. Nuestra nación es laboriosa e inteligente, y nuestro país es un lugar hermoso y agradable para vivir. Si se une la nación y se reunifica la Patria, no tendremos nada que temer ni envidiar. Nuestro pueblo dará pruebas de su inteligencia y poderío con honor y nadie se atreverá a violar su soberanía. Si, después de la reunificación, toda la nación desarrolla la economía y la cultura con todas sus fuerzas y talentos mancomunados, nuestro país se hará más rico y culto y podrá contribuir mejor a la causa común de los pueblos de Asia y del resto del mundo por la paz y la prosperidad.
Hoy, luchar con abnegación por la reunificación de la Patria es la tarea más honrosa y digna para los miembros de la nación coreana. Los que hayan contribuido a esta gloriosa causa recibirán el amor y respeto de la nación y serán apreciados altamente en nombre de la Patria reunificada.
Creo que ustedes, al frente de la lucha por la reunificación, cumplirán exitosamente con las honrosas tareas asignadas por la Patria y la nación.