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miércoles, 13 de febrero de 2013

Declaración de portavoz de MINREX de RPDC


Adjuntamos declaraciones del gobierno coreano sobre el exitoso ensayo nuclear que realizara la RPDC en busca del disuasivo nuclear que permitiera la defensa de su soberanía e independencia. desde esta tribuna apoyamos las pruebas nucleares por parte de la RPDC y repudiamos las condenas a la búsqueda de su desarrollo y defensa de su soberanía e independencia.
Esperamos como siempre su apoyo en la difusión y su respaldo al legítimo derecho del pueblo coreano de defender su patria y soberanía.
Atte.
Yuri Castro Romero


Se realiza con éxito en RPDC tercera prueba nuclear subterránea

Pyongyang, 12 de febrero (ACNC) -- La Agencia Central de Noticias de Corea publicó el día 12 la siguiente información:
El sector de ciencias de defensa nacional de la República Popular Democrática de Corea realizó con éxito el 12 de febrero del 102 (2013) de la Era Juche la tercera prueba nuclear subterránea en el campo de experimentos de este tipo en la zona septentrional del país.
Esta prueba forma parte de las contramedidas prácticas tomadas por la RPDC para defender la seguridad y la soberanía del país frente a las brutales hostilidades de Estados Unidos que violó flagrantemente el legítimo derecho de ella al lanzamiento de satélite artificial con fines pacíficos.
A diferencia de las pruebas anteriores, la presente se realizó en alto nivel y de manera segura y perfecta usando la bomba atómica pequeña y ligera, pero con alto poder explosivo. Se ha confirmado que ella no dio ninguna influencia negativa en el medio ambiente del contorno.
    Todos los resultados de medición como especificaciones de funcionamiento y poder explosivo de la bomba atómica coincidieron con los valores del diseño, lo cual demostró físicamente las excelentes especificaciones del diversificado disuasivo nuclear de nuestro país.
La presente prueba nuclear marca un hito importante para asegurar la paz y estabilidad de la Península Coreana y la región estimulando mucho la lucha de los militares y habitantes coreanos movilizados unánimemente en la construcción de un Estado próspero con el espíritu y temple con que habían conquistado el cosmos.

Declaración de portavoz de MINREX de RPDC


Pyongyang, 12 de febrero (ACNC) -- El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular Democrática de Corea hizo pública el día 12 la siguiente declaración:
    La tercera prueba nuclear subterránea de la RPDC es una rotunda medida autodefensiva frente al acto hostil de Estados Unidos contra ésta.
    El exitoso lanzamiento del diciembre del año pasado de la unidad No.2 de satélite "Kwangmyongsong-3" fue enteramente la labor pacífica realizada según el plan del desarrollo de la ciencia y la técnica para la construcción de la economía y la mejora de vida del pueblo.
    Todo el mundo, inclusive los países enemigos, reconoció la entrada de satélite de uso práctico de la RPDC en la órbita prevista y quedó admirado ante el desarrollo de su tecnología espacial.
    Sin embargo, Estados Unidos volvió a instigar a aprobar la nueva "resolución de sanción" del Consejo de Seguridad de la ONU cuestionando el lanzamiento de satélite de la RPDC como violación de las "resoluciones" del Consejo de Seguridad.   La violación del derecho a lanzar el satélite es precisamente el daño a la soberanía de la RPDC, razón por la cual nunca se tolerará tal acto hostil.
    A decir verdad, no nos necesitaba hacer sin falta la prueba nuclear ni teníamos tal plan.
    Nuestro disuasivo nuclear ya es capaz de aniquilar de un tirón los nidos principales de agresión golpeándolos con precisión dondequiera que se encuentren en esta Tierra.
    Fue nuestra meta concentrar las fuerzas a la construcción económica y la mejora de la condición de vida del pueblo apoyándonos en el disuasivo nuclear autodefensivo preparado en toda su vida por los Generalísimos.
    Cuando EE.UU. instigó a aprobar en abril del año pasado la "declaración presidencial" que cuestiona el lanzamiento de satélite con fines pacíficos de la RPDC, abusando del Consejo de Seguridad de la ONU, la RPDC mostró su autocontrol.
    Pero, el imperio infringió flagrantemente otra vez nuestro derecho a lanzar el satélite y llevó a la práctica antes que nadie la "resolución de sanción" del Consejo de Seguridad, en vez de pedir disculpa, cuya recrudescente hostilidad nos obliga a no aguantar más la paciencia.
    El objetivo principal de la presente prueba nuclear es para demostrar la indignación de nuestro ejército y pueblo ante el bandidesco acto hostil de EE.UU., la voluntad y la capacidad de la Corea del Songun de defender a toda costa la soberanía del país.
    Nuestra prueba nuclear es una justa medida autodefensiva que no contraviene a cualquier ley internacional.
    Ya hace mucho tiempo, el imperio puso a la RPDC en la lista de objetos de golpe preventivo nuclear.
    Enfrentarse con el disuasivo nuclear a la recrudescente amenaza nuclear de EE.UU. es una medida de defensa absolutamente justa.
    A fin de salvaguardar el máximo interés del país la RPDC se retiró del Tratado de no Proliferación siguiendo el proceso legítimo y optó la vía de disponerse del disuasivo nuclear autodefensivo.
    En la historia de más de 60 años de la ONU se realizaron en la Tierra más de 2 mil pruebas nucleares y más de 9 mil lanzamientos de satélites, pero no hubo ninguna resolución del Consejo de Seguridad que prohibiera hacerlos.
    El imperio, que realizó mayor número de pruebas nucleares y lanzamientos de satélite, instigó a aprobar la "resolución" del CS de la ONU que no permite hacerlos sólo a la RPDC, lo cual deviene la violación de los derechos internacionales y el clímax de la pauta de doble rasero.
    Si el Consejo de Seguridad de la ONU hubiera tenido la mínima equidad, no habría cuestionado el ejercicio del derecho de autodefensa y las actividades de ciencia y técnica con fines pacíficas de un país soberano sino la política de golpe preventivo nuclear de EE.UU. que amenaza la paz y la seguridad internacionales.
    La presente prueba nuclear deviene la primera contramedida tomada por la RPDC manteniéndose en el máximo control de sí mismo.
    Si EE.UU. crea la situación complicada tomando hasta el fin las medidas hostiles contra la RPDC, ésta no podrá menos de tomar sucesivamente la segunda y tercera contramedidas.
    El registro de los buques, el bloque marítimo de que hablan tanto las fuerzas hostiles se considerarán como acción de guerra y provocarán el despiadado golpe de represalia de la RPDC a los nidos principales.
    EE.UU. debe optar uno de los dilemas: respetar el derecho a lanzamiento de satélite de la RPDC tendente a abrir la coyuntura de alivio y la estabilidad o seguir tomando el actual camino errado hacía la tensa situación persiguiendo hasta el fin la política hostil a la RPDC.
    En el caso de tomar el camino de confrontación, el mundo verá correctamente cómo defenderán hasta el fin los uniformados y civiles de la RPDC su dignidad y soberanía en el combate de vida o muerte entre la justicia e injusticia y cómo acogerán con el triunfo final el gran evento revolucionario de la reunificación de la patria.

martes, 12 de febrero de 2013

R.P.D.C. HA REALIZADO CON ÉXITO SU TERCERA PRUEBA NUCLEAR


La República Popular Democrática de Corea (R.P.D.C.), anunció el martes que realizó "con éxito", su tercera prueba nuclear, además de las producidas en 2006 y 2009, según la agencia de noticias KCNA.

El gobierno de Corea del Sur confirmó la prueba después de la detección de un terremoto de magnitud 5, justo sobre el condado de Kilju, basado en el lugar Punggye-ri, en la que la detonación había ocurrido.

La RPDC dijo que la prueba nuclear de hoy tenía un "nivel más alto" que los anteriores en 2006 y 2009, y dijo que ha reducido el tamaño y el peso de la bomba, en una demostración de que el país ha avanzado en su objetivo de proporcionar su misiles balísticos con capacidad nuclear.

Mariscal Kim Jong Un, ha calificado de una exitosa prueba nuclear como "un paso práctico" para enfrentar las "hostilidades" de los Estados Unidos, un país que hace unos días el líder de Corea del Norte se ha descrito como un "enemigo jurado".
Según la agencia estatal, confirmó que los resultados de las mediciones de la prueba nuclear se cumplieron con las previsiones de que "no tuvo ningún impacto en el medio ambiente de la región".

En enero, La RPDC anunció que llevaría a cabo una prueba nuclear en respuesta a la resolución aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU, que amplió las sanciones al país socialista, como castigo por el reciente lanzamiento de un cohete de largo alcance.

El actual presidente del Consejo de Seguridad de la ONU convocó una reunión de emergencia después de la prueba nuclear de Corea del Norte. Según la CNN, la reunión tendrá lugar en la sede de la organización en Nueva York a las 9 a.m. local (24:00 GMT). El presidente Barack Obama declaró que la prueba nuclear "es una provocación" e instó a la acción de las Naciones Unidas para amenazar a la RDP de Corea.

Desde aquí nuestro instituto felicita al heroico pueblo coreano por esta prueba que garantiza su soberanía e independencia, y califica de necesaria la potenciación del Ejército Popular de Corea y felicita al dirigente Kim Jong Un, por esta valerosa medida de no dejarse intimidar por las potencias que desean ver rendida a la RPDC.

Estaremos en constante comunicación como siempre, agradecemos de antemano su importante apoyo, difusión y respaldo.

Atte.

Yuri Castro Romero

martes, 5 de febrero de 2013

KIM JONG IL: LECCIONES HISTORICAS DE LA CONSTRUCCION SOCIALISTA Y LA LINEA GENERAL DE NUESTRO PARTIDO


KIM JONG IL: LECCIONES HISTORICAS DE LA CONSTRUCCION SOCIALISTA Y LA LINEA GENERAL DE NUESTRO PARTIDO
¡TRABAJADORES DEL MUNDO ENTERO, UNIOS!
Conversación con funcionarios responsables del Comité Central del Partido del Trabajo de Corea
3 de enero de 1992
I N D I C E
1. Lecciones históricas de la construcción socialista
2. Justeza de la línea general de nuestro Partido para la construcción del socialismo y el comunismo
1. LECCIONES HISTORICAS DE LA CONSTRUCCION SOCIALISTA
Defender con firmeza la causa del socialismo y llevarla adelante victoriosamente, se presenta hoy como un problema de suma importancia relacionado con el destino de la humanidad.
En los últimos años, en algunos países fracasó el socialismo y se restauró el capitalismo y recientemente se desintegró y desapareció la Unión Soviética. Ante esta situación, los imperialistas y otros reaccionarios hablan con mucho ruido como si el capitalismo hubiera triunfado” y el socialismo hubiera llegado a su “fin”. Esto causa confusión ideológica a personas que no tienen clara conciencia de la realidad, y acarrea graves consecuencias para el desarrollo de la revolución mundial. Sacar lecciones del actual estado, reconstituir el movimiento socialista sobre nuevos fundamentos e imprimir auge a la causa del socialismo, viene a ser hoy una tarea histórica imperiosa.
Esta es una misión justa llamada a realizar la independencia de las masas populares, y que la humanidad avance por el camino del socialismo deviene una ley irrevocable del desarrollo de la historia. Puede haber altibajos en el proceso de avance del socialismo, pero jamás se variará la dirección de la marcha de la historia. Afirmar que el ideal socialista fuera equivocado, y la revolución socialista, errónea, en vista del fracaso de este sistema en algunos países, como si hubiera cambiado el curso de la historia, es un sofisma reaccionario de los imperialistas y de los renegados.
Durante largo tiempo, las masas populares anhelaban vivir en una nueva sociedad independiente, libre de explotación y opresión, y han venido desplegando una penosa lucha para verla realizada. En este transcurso se creó el marxismo, doctrina del socialismo y del comunismo, y tomándola por guía, se condujo al triunfo la Revolución Socialista de Octubre. Posteriormente, el socialismo se extendió a escala mundial y los países socialistas alcanzaron, en un corto espacio de tiempo, trascendentales progresos socio-económicos, que ni en cientos de años habrían podido obtenerse bajo el capitalismo. Este proceso de desarrollo de la historia mostró que es justo el ideal del socialismo y que éste posee una superioridad incomparable con respecto al capitalismo.
Entonces, ¿cómo deberíamos apreciar la frustración del socialismo y la restauración del capitalismo en algunas naciones? El camino hacia el socialismo es nuevo, por nadie transitado, un arduo sendero de la revolución que ha de ser allanado en medio de un agudo enfrentamiento y lucha contra el imperialismo.
Razón por la cual es inevitable tropezar con dificultades y pruebas, así como pueden producirse acontecimientos imprevistos.
Desde el punto de vista del curso principal del avance de la historia, el hecho de que en algunos países fracasara el socialismo y resucitara el capitalismo, no pasa de ser un fenómeno parcial y temporal. No obstante, nosotros no podemos considerarlo casual en modo alguno, ni creer, simplemente, que es consecuencia de un factor exterior.
Como siempre ha enseñado el gran Líder, cuando se malogra un trabajo, hay que buscar su causa, no en el factor objetivo, sino en el subjetivo. Proceder así constituye la actitud del revolucionario y una vía correcta de rectificación del error. Sólo cuando, desde este punto de vista y actitud, analizamos la razón del fracaso del socialismo y sacamos sus lecciones, podremos defender y llevar adelante la gran obra del socialismo.
La causa fundamental del desmoronamiento del socialismo en algunos países que lo estaban construyendo, radica, en pocas palabras, en el hecho de que en este proceso no se dedicaron los esfuerzos primordiales al fortalecimiento de su sujeto y a la elevación de su papel, por no  comprender la esencia de esta sociedad, preferentemente en atención a las masas populares, artífices de la historia.
La socialista es una sociedad, cuyas dueñas son las masas populares, y que progresa en virtud de las fuerzas creadoras de éstas, cohesionadas y unidas como un solo hombre. Su esencia, que la distingue de todas las explotadoras, y la fuerza motriz  que la impulsa adelante, radican precisamente en el hecho de que las masas populares, unidas por lazos camaraderiles se esfuerzan con alta conciencia y capacidad en calidad de protagonistas.
Por eso, la vía principal para impulsar con éxito la construcción del socialismo, consiste en fortalecer el sujeto de la revolución, educando al pueblo de manera comunista y aglutinándolo en torno al partido, mediante la transformación prioritaria de los seres humanos, y elevar su papel poniendo en pleno juego su fervor revolucionario y su capacidad creadora.
No puede haber otro remedio capaz de impulsar la edificación del socialismo. Sin embargo,  personas de ciertas naciones no entendieron correctamente esta verdad.
El problema de qué principios y métodos escoger para promover este proceso, después de implantado el régimen socialista, se planteó como una nueva tarea histórica ante los partidos que lo dirigían. Fue un asunto importante relacionado también con cómo superar las limitaciones históricas de la imperante teoría del comunismo.
El marxismo, doctrina revolucionaria, que se creó cuando la clase obrera, una vez aparecida en el escenario de la historia, emprendió la lucha contra el capital, realizó aportes imperecederos en la misión de dar al traste con las clases y regímenes explotadores y alcanzar la liberación clasista de las masas populares.
Sin embargo, a medida que la época cambiaba y la historia adelantaba, no pudo menos que revelar sus limitaciones.
En una palabra, se puede afirmar que es una doctrina que esclareció las condiciones para la emancipación clasista del obrerismo, partiendo de una concepción materialista sobre la historia. El marxismo, considerando el desarrollo social como un proceso de evolución de la historia natural, presentó la teoría de que el incremento de las fuerzas productivas promueve el auge de sus relaciones, y el conjunto de éstas, es decir, el régimen económico, constituye la base de la sociedad respectiva, sobre la cual se coloca la superestructura. Bajo estas premisas, estableció que el modo de producción de bienes materiales deviene factor decisivo que determina el carácter y el nivel de progreso de la sociedad y que éste es el proceso de resolver, mediante la lucha clasista, las contradicciones entre las fuerzas de producción y sus relaciones y de reemplazar el viejo modo de producción por otro nuevo. Partiendo de este principio, considera que, una vez establecido el modo de producción socialista, ya termina la revolución social correspondiente a la transición del capitalismo al socialismo y que, como la diferencia de las etapas superior e inferior del comunismo, no es sino la del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, si éstas se incrementan mediante la edificación económica, después de implantado el régimen socialista, es posible erigir esa sociedad, ideal de la humanidad. A fin de cuentas, el marxismo no pudo dar una correcta respuesta al problema de cómo continuar la revolución después de establecido el régimen socialista, para levantar la sociedad comunista. Históricamente, esta doctrina, síntesis de ideas y teorías que han reflejado las demandas de la etapa precedente a la causa socialista, no se había propuesto como tarea inmediata aclarar vías concretas para la construcción del socialismo y del comunismo, y en aquel entonces aún no estaban creadas las condiciones sociales ni acumuladas las experiencias prácticas para ello.
A fin de edificar con éxito el socialismo y el comunismo, después de implantado el régimen socialista, los partidos que lo orientaban debieron, como era natural, desarrollar la teoría comunista de acuerdo con las exigencias de la nueva etapa del progreso socialista y, sobre esta base, trazar líneas y políticas correctas. Sin embargo, en el pasado, los de algunos países que acometían el socialismo no llevaron a buen término esta tarea histórica. Como consecuencia, aplicaron de manera dogmática las hipótesis existentes, sin tomar en consideración sus limitaciones históricas, alegando que lo edificaban con el marxismo como guía directriz, y por otra parte, se orientaron a ejercer políticas revisionistas, negando la esencia revolucionaria de esta doctrina.
Aquellas personas, quienes no desistían de interpretaciones dogmáticas de las teorías existentes, no consideraron que la esencia y la superioridad de la sociedad socialista se determinan por las masas populares con ideas correspondientes, sino por el poder y las relaciones de posesión socialistas, así como también buscaron la fuerza motriz para su construcción en el factor económico que era la adaptación de las fuerzas productivas a las relaciones de producción. Desde luego, si se establecen el poder socialista y los correspondientes vínculos de posesión de los medios productivos, se crean las condiciones sociopolíticas y económicas para asegurar a las masas populares la posición y el papel de dueñas y promover con rapidez las fuerzas productivas. Esta es una gran ventaja del socialismo sobre el capitalismo. Sin embargo, estas condiciones políticas y económicas no pueden ser un factor definitivo que estimula el desarrollo de la sociedad socialista. En cuanto al problema del avance de las fuerzas productivas, por ejemplo, quienes tienen el rol principal y activo en este proceso son las masas populares trabajadoras, encargadas directas de la producción y, a menos que se eleven su entusiasmo consciente y capacidad creadora, no es posible aumentarlas continua y aceleradamente, aunque estén implantadas las relaciones de producción socialistas.
El hombre dotado con ideas socialistas, y el poder y el régimen económico del mismo carácter se encuentran estrechamente relacionados, pero el elemento principal es el primero.
También a la luz del proceso histórico del establecimiento del régimen socialista, se constata que primero se concibe la ideología socialista en medio de la lucha contra la explotación y la opresión, y las personas armadas con ésta crean partidos revolucionarios que establecen el poder socialista mediante la concientización y organización de las masas populares, y posteriormente, basándose en ese poder, implantan el régimen económico correspondiente. Al margen del poder socialista, este sistema económico no puede mantenerse, ni gestionarse a tenor de su naturaleza, mientras que ese poder, aislado de personas con ideología socialista, no puede conservarse, ni ejercer su función, de acuerdo con su propio carácter. En este sentido, es obvio que el elemento decisivo que determina el desarrollo y el destino de la sociedad socialista son, en todos los casos, las masas populares dotadas de la idea socialista. No obstante esto, en algunos países, considerando que podían construirla sólo si impulsaban la edificación económica, valiéndose del poder estatal y de los medios de producción, no prestaron primordial atención a la transformación de las personas, encaminada a elevar con rapidez su nivel de conciencia y de cultura, y prepararlas plenamente como sujeto de la revolución y su construcción.
El resultado fue que éstas, dueñas de la sociedad socialista no pudieron desempeñar de lleno su papel como tales y, por consecuencia, no marchó bien la construcción económica y todas las esferas sociales cayeron en un estado de estancamiento.
Además, como no dirigieron la debida atención a establecer formas de política popular, idóneas al requisito intrínseco de la sociedad socialista, debilitaron la unidad y la cohesión del pueblo y no lograron poner en pleno despliegue su facultad creadora. Si las masas populares participan o no como auténticas dueñas de la política en la administración del Estado y de la sociedad, constituye la cuestión más importante que decide la consolidación y el desarrollo del régimen socialista y el éxito de su construcción. Pese a ello, en ciertos países, aunque se estableció el poder socialista, se mantuvieron en realidad tal como estaban, fórmulas de política propia de la vieja sociedad, razón por la cual el manejo del Estado y de la sociedad se separó de sus dueñas, las masas populares, y se convirtió en una tarea de unas personas privilegiadas. Esto dio lugar al burocratismo, que frenaba la creatividad de la gente e hizo decaer la confianza de las masas populares en el partido y el Estado, trayendo la grave consecuencia de la destrucción de la unidad y la cohesión de éstas.
Como resultado, en esas naciones el socialismo perdió la fuerza motriz que había impulsado con vigor su desarrollo, y no contaba con una sólida base socio-política. Un socialismo, desprovisto de un fuerte sujeto, no puede manifestar sus ventajas y poderío, ni vencer desafíos y pruebas que le salen al paso.
Los hechos históricos demuestran que si un país no fortalece el sujeto, ni eleva su papel en la construcción del socialismo, puede desmoronarse ante la ofensiva de los imperialistas y de otros reaccionarios, por muy extenso que sea su territorio y enorme su capacidad militar y económica. Se debería considerar que por esta misma causa se llegó inevitablemente al resultado de que los referidos países no pudieron resistir esa ofensiva ni impedir el hundimiento del socialismo.
Otra causa radicó en que no vieron las diferencias cualitativas entre el socialismo y el capitalismo, ni mantuvieron con invariabilidad su principio fundamental.
A fin de llevar al triunfo la causa del socialismo, es indispensable mantener de modo constante, en la revolución y su construcción, este principio de defender y materializar con solidez los intereses y las exigencias de las masas populares por la independencia. En la sociedad socialista se pone coto a la explotación y a la represión del hombre por el hombre, y se plasma la demanda intrínseca de las masas populares de vivir juntas con soberanía y el proceso de la edificación del socialismo y el comunismo implica la completa realización de ésta.
Por tanto, el partido de la clase obrera, al orientar este proceso, tiene que defender con firmeza los intereses y las exigencias de las masas populares por la independencia, y resolver todos los problemas que se presentan en la revolución y su construcción, conforme a sus intereses fundamentales.
Para hacerlo así, es preciso fortalecer el partido de la clase obrera en el terreno organizativo e ideológico, asegurar de modo constante su dirección sobre la revolución y su construcción, elevar sin cesar la función y el papel del poder socialista, defender y desarrollar la propiedad del mismo carácter y luchar resueltamente contra el imperialismo. Esto representa un principio revolucionario en el que no se puede ceder ni un paso. En el proceso de la construcción del socialismo es probable que se cometan errores temporales, mas el partido de la clase obrera encargado del destino de las masas populares no debe abandonar nunca dicho principio en cualesquier circunstancias. Dado que en ese proceso cambian el ambiente y las condiciones de la lucha revolucionaria, es indispensable trazar de manera creadora la política y la línea conforme a ello, pero en ningún caso se permite desviar de tal principio revolucionario, de la línea de clase obrera. Pueden alterarse dichas circunstancias y condiciones, pero nunca el ideal básico y la exigencia del socialismo. En la batalla entre los partidarios de éste y del capitalismo, el abandono de ese principio significa precisamente la capitulación y la traición.
Personas de algunos países, que en el pasado edificaban el socialismo, por no tener firme convicción en éste, ni consecuente posición de clase obrera, vacilaban ante las dificultades temporales que iban surgiendo y se rindieron ante la presión de los imperialistas, cejando y abandonando, poco a poco, el lineamiento revolucionario. Descuidaron el fortalecimiento del partido de la clase obrera, debilitaron su papel rector y la función de dirección unitaria del Estado socialista; introdujeron relaciones de propiedad y métodos de administración económica capitalistas y se encaminaron a conciliarse, sin principios, con el imperialismo, en lugar de combatirlo. Como resultado de esa política revisionista, la sociedad fue degenerando, poco a poco, y con la introducción del “pluralismo”, bajo el pretexto de “transformar” y “reorganizar” el socialismo se aceleró su proceso de descomposición.
En la sociedad socialista no se puede tolerar el llamado “pluralismo”. La “liberalización”, el “pluripartidismo” y la “diversificación” que éste preconiza en los terrenos ideológico, político y en el de la propiedad, respectivamente, son modos de la política de la sociedad capitalista, donde rige la competencia por la existencia, basada en el individualismo y el liberalismo.
El socialismo tiene por base el colectivismo, y por vida la unidad de las masas populares, razón por la cual es incompatible con el “pluralismo”, que al introducirse fomenta el individualismo y el liberalismo, en perjuicio de los intereses comunes de la sociedad, destruye la unidad y la cohesión de las masas populares y crea desorden y caos sociales. La admisión de la liberalización ideológica y el pluripartidismo en la sociedad socialista significa, a fin de cuentas, destruir sus cimientos y abrir camino a las maniobras contrarrevolucionarias enderezadas a derrocar el poder popular. La lucha ideológica es el preludio de la lid política, y está destinada a pasar al combate para el poder.
La experiencia histórica muestra claramente que si a efecto de la liberalización ideológica se difunden corrientes ideológicas antisocialistas, y con la introducción de la “democracia pluripartidista” se aseguran las actividades de partidos hostiles, levantan la cabeza los enemigos de clase y los reaccionarios para perpetrar maquinaciones antisocialistas, y a la larga, expulsan del poder al partido de la clase obrera. Los revisionistas contemporáneos, forjándose ilusiones hacia el capitalismo, introdujeron de plano su modalidad política y su sistema económico, tras abandonar por completo el principio socialista, con el resultado de que sucumbía el socialismo dando lugar al resurgimiento del capitalismo. Por haber hecho concesiones y retrocedido un paso en el fundamento socialista, se vieron obligados a hacerlo en diez o cien ocasiones, hasta que al fin, trajeron la grave consecuencia de llevar a la bancarrota el partido de la clase obrera.
El hundimiento del socialismo en algunos países se debió también a que sus partidos no fortalecieron la solidaridad internacional, sobre la base de la autonomía en sus relaciones, con los de otros del mismo régimen social.
Unirse y cooperar sobre la base de la soberanía y mantenerla, fortaleciendo la solidaridad internacional, viene a ser un principio básico que los partidos de las naciones socialistas deben observar en sus vínculos. La independencia es la vida del país, de la nación.
El socialismo y el comunismo se construyen con éste por unidad, y su pueblo y partido son encargados de su revolución. El partido de cada país tiene el sagrado derecho de confeccionar su política y su línea a tenor de su realidad y llevarlas a la práctica de manera independiente.
Nadie debe violarlo. Defender su autonomía no contraviene, bajo ningún concepto, al fortalecimiento de la solidaridad internacional con otros partidos. La causa socialista de un pueblo es nacional y, a la vez, internacional. El partido comunista o el obrero de cada nación tiene el derecho de defender su independencia, y al mismo tiempo, la obligación de respetar la de los partidos de otros Estados, y de unirse y colaborar de modo camaraderil en aras de la victoria socialista.
En el seno del movimiento comunista internacional, unos partidos actúan en territorios grandes, y otros en pequeños, con antigüedad larga o corta. No negamos que los primeros tienen mayor capacidad que los segundos y por ende pueden hacer más aportes al cumplimiento de la causa común. Deben, pues, estar conscientes de que tienen mayor responsabilidad en la defensa y en el desarrollo del movimiento comunista internacional, y ayudar de modo desinteresado, como es natural, a los partidos hermanos y desempeñar un rol más preponderante en el cumplimiento de las misiones comunes. Pero esto no debe ser pretexto para practicar el chauvinismo. Entre los partidos no pueden existir superiores e inferiores, ni dirigentes y dirigidos.
Hace mucho tiempo que existía un centro en el movimiento comunista internacional, y el partido de cada país actuaba como su sucursal. Lo natural habría sido que los partidos de los países socialistas cooperaran de manera camaraderil sobre la base de completa igualdad e  independencia, mas, algunos, por no haberse desprendido de las costumbres contraídas en medio de sus viejas relaciones, en el tiempo de la Internacional Comunista, causaron grandes daños al avance del movimiento comunista internacional. Uno, autodenominándose como ‘‘centro’’ de éste, había perpetrado sin reparos actos de impartir tal o cual directiva a otros y presionar e intervenir en los asuntos internos de los que no seguían su errónea línea. Por consecuencia, se debilitaron en sumo grado la unidad ideológica y las relaciones de colaboración camaraderil entre los países socialistas, y éstos no pudieron hacer frente al imperialismo con sus fuerzas mancomunadas. Hubo partidos que, dejándose doblegar ante la presión chovinista, actuaron bajo batuta ajena, sin mantener su propia posición, con el agravante de que cuando cierto territorio practicaba el revisionismo, también ellos lo cogieron, y mientras otros se metían en la  ‘transformación’’ y ‘‘reorganización’’, les siguieron también fielmente. Por consecuencia, se creó la grave situación en que en la Unión Soviética y en otros países de Europa se arruinó sucesivamente el socialismo.
Tempranamente, el gran Líder sentenció que si una persona se aferra al servilismo a las grandes potencias, se convierte en un don nadie, y si la nación se embarga por él, se arruina, mientras si un partido lo practica, se malogran la revolución y su construcción.
La realidad de esos que por profesar ese ismo, terminaron por malograr el socialismo, es una patente prueba de lo justas que son estas palabras del Presidente Kim Il Sung.
La experiencia histórica muestra que, cuando, dotados con firme convicción en el socialismo y guiados por una correcta ideología rectora, refuerzan sin descanso al sujeto de la revolución, defienden el principio socialista en cualquier situación y fortalecen la unidad y la cooperación camaraderil sobre la base de la independencia, la causa del socialismo avanza por el camino de la victoria, pero, en el caso contrario, no pueden evitarse reveses y fracasos. Esto es una seria lección que la humanidad ha sacado en el camino del socialismo.
2. JUSTEZA DE LA LINEA GENERAL DE NUESTRO PARTIDO PARA LA CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO
Por primera vez en la historia, el gran Líder, camarada Kim Il Sung, basándose en la doctrina Juche, concibió la destacada idea de que el Poder popular más las tres revoluciones son el comunismo. Fortalecer el Poder popular y elevar de modo incesante sus facultades y papel, al mismo tiempo que realizar consecuentemente las revoluciones ideológica, técnica y cultural, constituye la línea general de la construcción del socialismo y el comunismo, trazada por el Líder. Sobre la base de haber aclarado, de manera original, la fisonomía de la sociedad socialista y comunista y el camino legítimo para su realización, él señaló de modo claro el principio revolucionario y la vía científica para la edificación del socialismo y el comunismo, gracias a lo cual se llevó a una nueva etapa de desarrollo la teoría del comunismo. Asimismo ha venido dirigiendo con sabiduría la tarea de hacerla realidad en nuestro país. Esto es su gran mérito histórico ante las masas populares por su independencia.
La línea general que proyectara el gran Líder es la más científica y revolucionaria, porque indica el camino de culminación de la causa del socialismo y de verificación total de la soberanía del pueblo, mediante la materialización de la idea Juche.
Este fundamento de nuestro Partido se basa en el principio socio-histórico humanocéntrico.
La sociedad es, en una palabra, colectividad de personas.
Precisamente es la comunidad en que éstas viven vinculadas por conducto de sus relaciones sociales, disfrutando de bienes materiales. El dueño de la sociedad no es otro sino el hombre, un ente social que con sus atributos de  independencia, creatividad y conciencia, forja su destino de manera autónoma y creadora.
Según el grado de desarrollo de estas cualidades se determina el nivel de progreso de la sociedad, y conforme a la elevación de la conciencia de la independencia del hombre y de su capacidad creadora, aumentan los bienes de la sociedad y se consolidan los vínculos sociales  correspondientes. Por eso, se debe apreciar a la sociedad teniendo al hombre en su centro, y no poniendo la atención primordial a las condiciones materiales, y considerar su desarrollo, no como un proceso de evolución de la historia natural, sino como el de actividades independientes y creadoras de las masas populares, que son protagonistas del movimiento social.
Desde este punto de vista, se puede afirmar que la sociedad comunista permite a todas las personas ser perfectas dueñas de la naturaleza, de la sociedad y de sí mismas, liberándose una vez para siempre de toda forma de trabas. En la comunista, todos sus integrantes se harán entes sociales de formación completa, provistos integralmente de una conciencia de independencia y una capacidad creadora, correspondientes a la génesis social del ser humano, y las fuerzas productivas alcanzarán un nivel tan alto, como para poder asegurar de modo satisfactorio, en el aspecto material, las actividades soberanas y creadoras de los hombres en todas las esferas de la vida social.
Y en virtud de esto, las relaciones sociales se convertirán por completo en colectivistas, en las cuales todos formen un solo ente socio-político y se verifiquen a la vez, la independencia del individuo y la del colectivo. Dicho en pocas palabras, la comunista es una sociedad donde se materializa plenamente la autonomía de las masas populares. La socialista es la etapa inferior de la comunista.
Para edificar la una y la otra se debe continuar la revolución, aun después de triunfada la primera etapa y establecido el régimen correspondiente.
Si en esta empresa la realización de la sociedad comunista es el objetivo final, la implantación del régimen socialista constituye su punto de partida. Cuando se considera victoriosa la revolución socialista e implantado su régimen, eso significa la formación del esqueleto de la nueva sociedad, donde las masas  del pueblo se convierten en sus dueñas al asentarse el poder y las relaciones productivas socialistas. El establecimiento de este sistema, considerado desde el punto de vista del progreso de la sociedad humana, constituye una gran transformación histórica, pero no es más que un paso inicial desde el del proceso de la construcción del socialismo y el comunismo. La sociedad socialista nacida con el establecimiento del régimen correspondiente, es nueva, de carácter comunista, pero, al mismo tiempo, transitoria, pues adolece de muchos vestigios de la anterior. De ahí que, a fin de llevar a buen término la edificación del socialismo y el comunismo, después de establecido el régimen socialista, sea preciso hacer tesoneros esfuerzos para transformar por vía comunista a las personas, a la naturaleza y a la sociedad, teniendo como principio fomentar las propiedades comunistas de esta sociedad y superar su carácter de transición.
Con miras a edificar esta sociedad es necesario impulsar la conversión del pueblo en comunista para que desempeñe plenamente su responsabilidad y papel como dueño del Estado y de la sociedad y efectuar con energía la transformación de la naturaleza encaminada a asentar un sólido fundamento que pueda garantizar la vida socialista en el plano material. Al mismo tiempo, hay que reformar todas las relaciones sociales de acuerdo con las exigencias de esta sociedad para perfeccionar el sistema estatal y social de carácter socialista. Si de esta manera se preparan con firmeza el sujeto y la base técnicomaterial socialistas y se crea la capacidad de administrar en forma socialista el conjunto de la vida social, apenas entonces se podría decir que el socialismo haya llegado a adquirir su fisonomía perfecta.
Después de implantado el régimen socialista, una cuestión esencial que se debe resolver con prioridad, es elevar el nivel de conciencia y la capacidad creadora de las masas populares, de manera que cumplan con todas las tareas que les competen como dueñas del Estado y de la sociedad.
Y para esto es preciso que ellas lleguen a poseer alta conciencia ideológica y capacidad creadora correspondientes a la posición y al papel de protagonistas. Los rasgos ideológico espirituales y cualidades que deben tener entonces, serán radicalmente diferentes de los anteriores. Cuando luchaban por derrocar el viejo régimen de explotación y establecer el socialista, les fue importante poseer elevada conciencia clasista y espíritu combativo contra la explotación y la opresión, pero en el esfuerzo por la construcción socialista se presenta como asunto central que se formen en las ideas colectivistas, según las cuales aprecien más los intereses del Estado y de la sociedad que los personales y luchen con abnegación para protegerlos.
Y en el curso de la destrucción del anterior régimen de explotación, lo principal era disponer de fuerza combativa para aplastar la violencia contrarrevolucionaria de las clases gobernantes reaccionarias, pero en la tarea de edificar el socialismo es una necesidad imperiosa contar con la capacidad de transformar por vía comunista la naturaleza, las relaciones sociales y a las mismas personas. Si, después de asentado el sistema socialista, éstas, por no poseer conceptos colectivistas valoran más sus propiedades privadas que las del grupo y, por consiguiente, no manifiestan entusiasmo en el trabajo común, o por no estar dotadas con alta capacidad creadora, correspondiente a la posición de dueñas del Estado y de la sociedad, no logran administrar como es debido el Estado y la economía, la sociedad socialista quedará prácticamente sin amos y en esta situación el socialismo no podrá manifestar su ventaja ni desarrollarse.
Para lograr que las masas populares posean la elevada conciencia ideológica y facultad creadora que exige la sociedad socialista, es preciso desplegar de modo enérgico la revolución ideológica y la cultural. En el curso de éstas se lleva a cabo el trabajo de conversión de las personas, consistente en emanciparlas del atraso ideológico y cultural y formarlas como comunistas provistas de ideas correspondientes y con elevado nivel cultural.
La revolución ideológica es un trabajo de preparación de los protagonistas de la sociedad socialista y comunista mediante la formación de las personas en la conciencia ideológica de independencia, y la forma principal de la transformación del ser humano. La transformación del hombre es, en esencia, la de su ideología. Nuestro Partido separó el renglón ideológico de la esfera cultural y presentó la teoría de la preponderancia ideológica, ya que la conciencia lo decide todo. Esto significa que ésta es el factor decisivo que determina la acción del hombre.
La conciencia ideológica del hombre no se transforma de por sí. Es un error interpretarla como un simple reflejo del mundo real y así pensar que cambiaría con la variación del régimen social y de las condiciones materiales. Desde luego, el cambio de las condiciones objetivas ejerce cierta influencia sobre el desarrollo de esa conciencia, pero las personas no poseen, por espontaneidad, la ideología comunista por establecerse el régimen socialista e incrementarse las riquezas materiales.
A medida que desaparecen la explotación y la opresión y se hace más abundante la vida material, hay que seguir profundizando la educación ideológica. Si no se procede así, se debilitará su espíritu revolucionario y crecerá paulatinamente entre ellas la tendencia ideológica a llevar una vida indolente. El éxito de la construcción del socialismo y su destino dependen de si se logra o no extirpar de su mente el egoísmo individual y toda clase de otras ideas trasnochadas y pertrecharlas con conceptos revolucionarios comunistas. Se puede afirmar que si en la sociedad capitalista donde rige el principio de la omnipotencia material, el dinero es la vida, lo es la ideología en el socialismo cuyo dueño son las masas populares. Si éstas se dotan de ideas socialistas y, sobre esta base, se unen como un solo cuerpo, el socialismo triunfa, mas fracasa si ellas se enferman en lo ideológico. La superioridad del socialismo sobre el capitalismo es, precisamente, la ventaja de la ideología, y su poderío no es sino el de su ideología. Por esta razón, menospreciar la revolución ideológica es igual a perder la línea vital en la construcción socialista.
Nuestro Partido, al presentar la revolución ideológica como la tarea de mayor importancia en la lucha por la construcción del socialismo, mantiene invariablemente el principio de priorizarla con seguridad y la profundiza y desarrolla sin interrupción al compás del progreso de la revolución y su construcción.
En el cumplimiento de la revolución ideológica es esencial imbuir de lleno la teoría revolucionaria de nuestro Partido, idea Juche, a todas las personas y, sobre esa base, lograr una perfecta unidad ideológica de toda la sociedad.
Proceder así constituye el requerimiento intrínseco de la sociedad socialista y la cuestión más importante que se presenta para la construcción exitosa del socialismo. En la capitalista, donde son diferentes las situaciones clasistas de las personas y se enfrentan sus intereses, no es posible que ellas posean un mismo ideario, ni por ende, pensar en la unidad política e ideológica de la sociedad. Al contrario, la clase capitalista difunde ex profeso ideas reaccionarias de toda laya, para impedir la concientización de los trabajadores y su unidad y cohesión.
Pero, en la sociedad socialista, cuyos miembros tienen objetivos e intereses comunes en el socialismo y el comunismo, es posible armarlos con el paradigma revolucionario comunista y, sobre esta base, realizar la unidad y la cohesión de toda la sociedad, y sólo entonces se puede preparar un firme sujeto de la revolución y elevar sin cesar su papel.
El sujeto de la revolución es, precisamente, el conjunto del líder, el partido y las masas. En el cumplimiento de la revolución ideológica, nuestro Partido canaliza sus esfuerzos para dotar a las personas con las concepciones revolucionarias del Líder, de la organización y de las masas, y aglutinarlas en torno al Partido y al Líder, para así convertirlas en un solo ente sociopolítico que comparta el mismo destino.
La idea sobre estas concepciones es original y se fundamenta en la aclaración científica del sujeto independiente de la revolución.
El líder es el centro del ente socio-político y el máximo cerebro que representa la voluntad de las masas populares. El líder y las masas mantienen estrechos vínculos dentro de dicho ente socio-político que está constituido por la idea revolucionaria y la camaradería. Tal como no es concebible el cuerpo viviente separado del cerebro, así tampoco es posible pensar en el líder, desvinculado de las masas populares, y viceversa.
La gloriosa historia de lucha de nuestro pueblo atestigua que es invencible la causa revolucionaria, cuando existe la sabia dirección de un destacado dirigente y las masas populares la siguen con lealtad. En el período tenebroso de la dominación del imperialismo japonés, nuestro pueblo, aunque se levantó en la lucha liberadora, al inicio se vio obligado a derramar en vano su sangre por no haber tenido un auténtico líder. Sólo al tener al camarada Kim Il Sung en el centro de la unidad y de la dirección, pudo derrotar al imperialismo japonés mediante la lucha armada organizada y alcanzar la restauración de la Patria, e impulsar hasta hoy la difícil y complicada revolución coreana por el camino del triunfo. El gran Líder, al concebir la inmortal idea Juche, cultivó en nuestro pueblo un auténtico espíritu independiente y le ofreció una imperecedera vida socio-política, así como lo convirtió en un heroico pueblo invencible, mediante su agrupación en una gran comunidad revolucionaria. Así es como nuestro pueblo no sólo enaltece con lealtad al camarada Kim Il Sung como el gran Líder de la revolución, sino que también le respeta sin límites como salvador de su vida, como su padre, y le expresa toda su fidelidad y amor filial. Al margen de su sabia dirección y de la fidelidad absoluta del pueblo a él, no podemos hablar de la gloriosa trayectoria y brillante victoria de nuestra revolución. Las experiencias históricas del movimiento comunista internacional demuestran que bajo la dirección de un destacado líder la causa revolucionaria de las masas populares avanza de modo triunfal en cualesquier condiciones difíciles y complejas, pero en el caso contrario puede tropezar con altibajos y, sobre todo, si elementos casuales o traidores ocupan la posición directiva del partido, serán arrebatados por los enemigos los logros de la revolución, por los cuales se había derramado mucha sangre durante largo tiempo, y finalmente, fracasará la revolución.
El partido es la columna vertebral del ente socio-político.
Sólo bajo su dirección, las masas populares tienen una vida socio-política, relacionándose de manera organizativa e ideológica con el líder, centro de su existencia, y constituyen el sujeto independiente de la revolución. Por lo tanto, es importante educar a todas las personas en el sentido de que consideren la organización socio-política centrada en el líder, como matriz de su vida política, y siendo sus integrantes se esfuercen de manera orgánica por la victoria de la causa revolucionaria.
Las masas populares son protagonistas de la revolución. El líder es, precisamente, su cerebro supremo y el partido, su destacamento medular. Sólo quienes posean la concepción revolucionaria de las masas, según la cual éstas se consideran dueñas de la revolución, podrán ser verdaderos servidores del pueblo, que se esforzarán con total abnegación por sus intereses y, dignos encargados de la revolución y la construcción, capaces de resolver cualesquier problemas difíciles por sí solos, apoyándose en las masas. Si los funcionarios no tienen esta concepción, aparecerá entre ellos el fenómeno de menospreciar a las masas populares y de abusar de la autoridad e incurrir en el burocratismo, y caerán en la idea de dependencia de las fuerzas extranjeras, sin pensar en movilizar el poderío creador de su pueblo, e incluso, el derrotismo, doblegándose ante las dificultades.
Para ser fieles hasta el fin a la revolución como integrantes del ente socio-político, las personas deben poseer justas concepciones con respecto al líder, la organización y las masas.
Estas concepciones revolucionarias constituyen los principales rasgos de los revolucionarios comunistas dotados de ideología Juche. Por lo tanto, en la revolución ideológica hay que prestar atención primordial a su formación en una ilimitada lealtad al Líder y al Partido y en el espíritu de servir con abnegación a las masas populares.
Si intensificando la revolución ideológica se les da una formación revolucionaria, y se prepara de modo sólido el sujeto de la revolución, es posible impulsar con éxito la construcción socialista y defender con firmeza la causa socialista bajo cualquier circunstancia. En nuestro país, al realizarse con éxito esa labor bajo la correcta dirección del Partido, todo el pueblo, firmemente armado con la idea Juche y unido de forma compacta en torno al Partido y el Líder, cumple lealmente con su responsabilidad y papel como dueño de la revolución y la construcción.
Con alto orgullo y dignidad de ser un pueblo que hace la revolución, consagra toda su fuerza e inteligencia a la honrosa tarea de la construcción del socialismo y despliega a plenitud los rasgos comunistas de trabajar y vivir de manera revolucionaria, ayudándose y conduciéndose unos a otros, según el principio colectivista de ‘‘¡Uno para todos y todos para uno!’’.
Hoy, entre nuestro pueblo se engrosan cada día más las filas de los héroes y beneméritos anónimos que trabajan con abnegación dedicando todo lo suyo en silencio, sólo en aras de la sociedad y la colectividad, el Partido y la revolución, sin importarles que otros lo reconozcan o no, y en toda la sociedad se despliega con vigor un movimiento para aprender de ellos. Esto muestra de manera fehaciente el alto nivel que han escalado sus rasgos ideológico-espirituales. En el hecho de que el Líder, el Partido y las masas integran un ente socio-político que comparte el mismo destino y toda la sociedad forma una gran comunidad revolucionaria, está el verdadero aspecto de nuestro régimen, del que podemos sentirnos altamente orgullosos y dignos.
Todo el pueblo está unido de modo inquebrantable en torno al Partido y el Líder y trabaja y vive con plena convicción y optimismo, he aquí la solidez y la invencible fuente del socialismo establecido en nuestro país, y la firme garantía para llevar a término la causa revolucionaria del Juche, sobreponiéndose a cualquier tempestad y prueba.
La revolución cultural es una obra encaminada a liberar a las masas populares del atraso y crear una etapa superior a su servicio, de manera que todos disfruten de la vida cultural socialista.
En la sociedad explotadora ellas no tienen suficientes condiciones y posibilidades para lograr un rápido progreso en este aspecto, razón por la cual su nivel general es muy bajo. La cultura reaccionaria burguesa que sirve a la minoría aplastante de los privilegiados para la explotación y sometimiento de las masas laboriosas y el disfrute de diversión corrupta, ejerce influencias muy perniciosas, al carcomer como una droga el espíritu de las gentes y estorbar su vida cultural sana. Liquidar los remanentes de la vieja cultura que perduran arraigados en la vida y costumbres y crear una nueva cultura socialista, implican una lucha de principios entre el capitalismo y el socialismo.
Sólo continuando la revolución en la esfera cultural, después de establecido el régimen socialista, es posible emancipar a las masas populares de las trabas de la cultura atrasada e inhumana, para así convertirlas en poseedoras de una alta capacidad creadora y en usufructuarias de la auténtica vida cultural socialista.
Desarrollar esa última es una importante condición para impedir con éxito la penetración ideológica y cultural de los imperialistas.
Para agredir y dominar a otros países, los imperialistas se aferran a la estratagema de penetrarlos, ante todo, con la cultura burguesa reaccionaria para exterminar su cultura nacional y paralizar la conciencia de independencia nacional y el espíritu revolucionario de sus pueblos. Sólo cuando la socialista prevalezca sobre la capitalista, al hacerla florecer y desarrollarla espléndidamente y asegurar al pueblo, a plenitud, una vida cultural socialista, éste no se hará ilusiones con la corrompida de la burguesía y será posible impedir la penetración ideológica y cultural de los imperialistas.
Un relevante objetivo estratégico en el cumplimiento de la revolución cultural es intelectualizar a toda la sociedad. Desde el punto de vista de la transformación del hombre, la construcción del socialismo y el comunismo es el proceso de imbuir en la conciencia revolucionaria y los rasgos de la clase obrera a todos los miembros de la sociedad y, a la vez, intelectualizarlos.
Si la formación en el espíritu revolucionario y de clase obrera está destinada a eliminar las diferencias entre las personas en el nivel de la conciencia ideológica, se puede decir que la intelectualización de los integrantes de la sociedad está dirigida a convertirlos a todos en comunistas dotados de profundos conocimientos y elevadas cualidades culturales, para así erradicar el distingo existente en este aspecto. Después de establecido el régimen socialista y canceladas las relaciones antagónicas de clases, es indispensable pasar por el referido proceso. Con la implantación del régimen socialista, los intelectuales, al igual que la clase obrera, se convierten en dueños del Estado y la sociedad, y ya en calidad de trabajadores socialistas, llegan a encontrarse sobre la misma base socio-clasista que ésta. Mas, la intelectualidad y la clase obrera se distinguen por sus peculiaridades de trabajo. Esta última, que, como desposeída, llegó a ser la rectora de la revolución, a través de su lucha contra la explotación y la opresión, tiene un firme carácter revolucionario y organizado, pero su nivel cultural y técnico es bajo en comparación con la otra, que le supera en el aspecto cultural y técnico, si bien es débil su espíritu revolucionario y organizado. La eliminación definitiva de estas diferencias es factible cuando se imbuye en la conciencia revolucionaria y de la clase obrera a toda la sociedad y ésta se intelectualiza al impulsar la construcción socialista. La transformación comunista del hombre es, a fin de cuentas, la tarea de convertir a todos los miembros de la sociedad en hombres integralmente desarrollados, dotados de una conciencia ideológica independiente y una alta capacidad creadora, en intelectuales identificados con la clase obrera, y en obreros intelectualizados.
El sector de la enseñanza es al que deben dedicarse los esfuerzos primordiales en la revolución cultural. La labor docente es una de las cuestiones fundamentales que deciden la victoria o el fracaso de la construcción socialista y comunista y el destino futuro de la nación. Por eso, nuestro Partido ha venido prestando siempre importancia y grandes empeños a la gestión educacional. Después de la liberación del país comenzamos la edificación de la nueva Patria por asegurar al pueblo el derecho a la educación, liquidar el analfabetismo y establecer las escuelas para los integrantes de la joven generación, y no interrumpimos la labor docente ni en medio del fragor de la severa Guerra de Liberación en que se decidía la existencia o la ruina de la nación. Bajo las condiciones difíciles en que debíamos restañar las heridas dejadas por la guerra e impulsar la revolución y la construcción socialistas, pusimos en vigencia, de manera sistemática, la enseñanza obligatoria gratuita, combinamos la educación escolar con la social y desarrollamos el sistema docente de estudio y trabajo, logrando así que la totalidad de los niños y trabajadores recibieran la instrucción a expensas del Estado. Los inmensos esfuerzos que hicimos para el porvenir de la Patria y la nación, sobreponiéndonos a incontables adversidades, nos permitieron poner el nivel cultural de los trabajadores a la altura de los graduados de la escuela secundaria integral y presentar hoy, sobre esta base, el alto objetivo de intelectualizar a toda la sociedad y esforzarnos por su realización.
Nuestro Partido mantiene invariablemente el principio revolucionario en la docencia. La enseñanza socialista no es una labor práctica para proporcionarles sólo conocimientos generales y técnicos a las personas. Su misión y deber consisten en convertirlas en revolucionarios que luchan con dedicación en bien del Partido y la revolución, la Patria y el pueblo, contribuyendo así a la tarea de llevar adelante la causa comunista.
Nuestro Partido presentó como un principio importante de la pedagogía socialista establecer el Juche en la docencia, encarnar el partidismo, el espíritu de la clase obrera y el carácter popular y combinar la enseñanza y educación con la práctica revolucionaria, y ha venido materializándolo de modo consecuente.
Gracias a su correcta política educacional, en nuestro país los componentes de la joven generación se forman como comunistas firmes en el plano ideológico dotados con la doctrina Juche, y con útiles conocimientos y capacidad práctica.
No es casual que los extranjeros nos aprecien como ‘‘país de la enseñanza’’, donde los miembros de la sociedad se entregan al estudio durante toda su vida, a través de lo cual se preparan como comunistas de nuevo tipo con una alta conciencia ideológica y facultad creadora.
Para asegurar suficientes actividades culturales socialistas al pueblo es preciso crear una nueva cultura de carácter revolucionario  y popular, conveniente a la aspiración independiente, la ideología y el sentimiento de las masas populares. Sólo así, es posible eliminar todos los hábitos de vida incultos y atrasados, implantar plenamente el modo de vida socialista y orientar al pueblo a trabajar y vivir con un sano y sublime espíritu y moral, lleno de convicción y optimismo.
Con la materialización de la justa línea de creación de la cultura socialista del Partido, se logra en nuestro país un pleno desarrollo de una cultura y un arte autóctonos que representan la aspiración de las masas populares a la independencia y sus demandas revolucionarias y que se granjean, pues, su amplia aceptación, y todos los medios culturales de la sociedad se destinan exclusivamente a elevar su nivel y a satisfacer sus múltiples requerimientos en ese terreno y la recreación. La literatura, el arte, la salud pública, los deportes y todas las demás prácticas culturales tienen una gran incorporación de las masas, convirtiéndose en una parte de su existencia cotidiana, lo cual permite a todos los integrantes de la comunidad participar en la creación de la cultura y disfrutar de sus beneficios, volcando todos sus recursos intelectuales en el progreso de la cultura socialista y desarrollando sin impedimento alguno las actividades culturales y recreativas de distintos órdenes. En Corea no existen una ética y moral corruptas y vicios como los que se ven en el régimen capitalista, los cuales echan a perder a las personas, convirtiéndolas en inválidas espirituales y físicas.
Entre nuestro pueblo predomina una noble moral socialista que alienta a respetarse y cooperar y a compartir la alegría y la tristeza, y en toda la sociedad rige un sano estilo de vida socialista.
De veras, en todos los lugares del país, sea en las familias, sea en los puestos de trabajo, se percibe un optimismo revolucionario, y una cultura y arte autóctonos que constituyen un poderoso medio para elevar el orgullo y dignidad nacional de nuestro pueblo y para conducirlo a mantener una existencia sana en el sentido ideológico y espiritual y estimularlo en la lucha revolucionaria y el trabajo creador.
Preparar una sólida base material y técnica para el socialismo, mediante la transformación de la naturaleza, es, junto con la del hombre, una tarea de importancia, que se presenta en el primer orden en el proceso de construcción socialista, después de implantado el régimen socialista. Si no se asienta ese pilar preparado por medio de un rápido desarrollo de las fuerzas productivas, apropiado para el régimen socialista ya implantado, éste no podrá durar mucho tiempo como ocurre con un edificio que carece de un sólido cimiento ni tampoco asegurar a su pueblo una vida material y laboral de carácter independiente y creador.
La revolución técnica es el medio principal para forjar una base material y técnica conforme a la altura de la sociedad socialista y comunista, mediante la transformación de la naturaleza.
Mientras las revoluciones ideológica y cultural se encaminan a preparar el sujeto de la sociedad comunista por medio de la transformación del hombre, la técnica se orienta a crear el basamento material imprescindible para ésta, repitiendo igual operación con la naturaleza. En la sociedad capitalista la reforma tecnológica se aprovecha para satisfacer la insaciable ambición lucrativa de una minoría, en tanto en la socialista la revolución técnica se considera como una relevante tarea revolucionaria destinada a ofrecer a los trabajadores mejores e iguales condiciones de trabajo y vida material, para liberar incluso de las restricciones de la naturaleza a las masas populares, ya exentas de la explotación y la opresión, y para garantizarles así, plenamente, la independencia.
En la sociedad socialista la revolución técnica debe contribuir a emancipar a los obreros de las labores duras y pesadas por medio de la promoción de las técnicas y a construir y fomentar una economía nacional autosuficiente, socialista, que responda al deseo de sus integrantes por la soberanía. Este tipo de economía, autosostenida y basada en los últimos logros de las técnicas, asegurará las condiciones independientes y creadoras del trabajo y la vida material y permitirá ejercer la autonomía ideológica, la soberanía política y la autodefensa en la salvaguardia nacional para consolidar así la independencia de la nación. De ahí que sea preciso ejecutar la citada revolución conforme a las características reales de la nación y con el apoyo de las actividades creadoras de su pueblo, manteniendo con firmeza la posición autóctona para lograr un alto nivel de desarrollo con recursos nacionales, la modernización y la fundamentación científica de la economía nacional.
Resulta muy perjudicial que al realizar dicha tarea no se confíe en la capacidad propia y hacerse ilusiones en cuanto a las técnicas avanzadas de los países capitalistas. Es erróneo totalmente el pensamiento de que el capitalismo reúne mejores condiciones que el socialismo para hacer progresar las ciencias y técnicas. En cualquier sociedad que sea, las masas del pueblo trabajador protagonizan su promoción. No hay duda alguna, pues, que la sociedad socialista, donde todos los trabajadores, convertidos en dueños del país, muestran un interés vital por el progreso de esas ramas y el Estado las impulsa de manera unificada, de acuerdo con un programa bien meditado y con las leyes de la economía socialista, lleva más ventajas para ello que la capitalista, donde se contradicen los intereses de sus integrantes a partir del individualismo dominante. Si con un correcto punto de vista en torno a la revolución técnica y con una firme posición autóctona, se explota todo el potencial económico de su país y se pone al rojo vivo el entusiasmo revolucionario y la facultad creadora de las masas populares, es posible desarrollar a un ritmo rápido la economía y las técnicas.
Una vez implantado el régimen socialista hace falta equipar las industrias pesada y ligera, la agricultura y los demás sectores de la economía nacional con modernas técnicas, mediante un impulso dinámico de la revolución técnica a fin de asegurar la autosuficiencia económica. Cuando se cree una moderna industria pesada y, sobre esta base, se logre la renovación tecnológica en todos los órdenes de la economía nacional es posible liberar a los trabajadores de las labores pesadas y aumentar las fuerzas productivas hasta el nivel requerido por la sociedad socialista. Nuestro Partido, tras la implantación del nuevo régimen, definió alcanzar la industrialización socialista fomentando la revolución técnica como la misión inmediata principal en la construcción económica, y organizó y guió con certeza a las masas trabajadoras a sumarse a los esfuerzos por ejecutarla, gracias a lo cual se eliminó en breve tiempo el desequilibrio colonial y el atraso técnico de que padecía nuestra economía nacional y se culminó con éxito la histórica tarea de la industrialización socialista.
El gran Líder formuló tres tareas que forman parte importante de la revolución técnica que sigue a la industrialización socialista: eliminar las diferencias entre el trabajo pesado y el liviano, entre la faena agrícola y la industrial y emancipar a la mujer de la carga de los quehaceres domésticos y dirigió con acierto la campaña para cumplirlas. El lineamiento de nuestro Partido al respecto refleja en todas sus dimensiones el principio de la revolución técnica del socialismo de liberar a los trabajadores de las labores difíciles y asegurarles la independencia e igualdad en sus actividades.
Con la promoción exitosa de la mencionada revolución, orientada por nuestro Partido, no sólo ha quedado más sólida la base material y técnica de nuestro socialismo sino también se ha operado grandes cambios en los quehaceres laborales y la vida material de los trabajadores. Se han eliminado los trabajos nocivos y a altas temperaturas y disminuido considerablemente las faenas pesadas, disfrutando los obreros de mejores condiciones de trabajo y descanso. Así es como su jornada laboral creadora se hace cada vez más alegre y fructífera. Con el progreso de las técnicas y el avance exitoso de la construcción económica socialista, mejora de manera sistemática la vida material del pueblo. En nuestro país, todos los trabajadores tienen empleos aptos para su disposición y vocación y llevan una vida feliz, si bien aún no viven en abundancia, sin tener preocupaciones por los alimentos, la ropa y la vivienda. No hay quienes viven en opulencia, ni en pobreza y mucho menos desempleados y mendigos. Gracias a la poderosa economía nacional independiente, con una moderna dotación técnica, podemos hacer cualquier cosa programada por nuestros propios medios y desarrollamos con seguridad la economía nacional, sin ser afectados gravemente por la fluctuación económica de radio mundial.
En nuestro país toda la población trabajadora disfruta de igualdad en sus labores y vida, sin tener preocupación alguna gracias a la poderosa economía nacional autosostenida, mientras en la sociedad capitalista es extrema la diferencia entre la opulencia y la pobreza y sus habitantes viven con inquietud por su futuro incierto; esta realidad comprueba con elocuencia la justeza del principio socialista que nuestro Partido aplica estrictamente en la construcción económica y la revolución técnica.
Fortalecer el Poder popular y elevar su función y papel son la garantía decisiva para administrar y gestionar de modo adecuado la nueva sociedad e impulsar con éxito el proceso de edificación socialista y comunista.
El Poder popular implica el mando que representa el derecho independiente de las masas populares, dueñas de la sociedad socialista, y que gestiona de manera unificada la vida general en ésta. Por él se aseguran la independencia de las masas populares y sus actividades creadoras unificadas y se promueve la construcción socialista. De ahí la necesidad de fortalecerlo aún más y elevar sin cesar su función y papel en conformidad con la profundización y el avance de la edificación del socialismo.
Sólo cuando desempeñe plenamente sus facultades y rol, el Poder popular puede llevar a buen término la labor de transformación del hombre y de la naturaleza, mediante la promoción dinámica de las tres revoluciones —ideológica, técnica y cultural—, y modificar, desarrollar y perfeccionar por vía socialista las relaciones sociales en todos los terrenos de la política, la economía y la cultura. He aquí precisamente la razón por la cual nuestro Partido plantea su robustecimiento y el incremento de su función y papel, junto con la ejecución de las tres revoluciones mencionadas, como importante contenido de la línea general de la construcción socialista.
Cómo administrar y gestionar la sociedad socialista constituye un nuevo problema, relevante, que surge después de establecido el régimen socialista. Siendo ésta una sociedad en que las masas populares son dueñas de la misma y del Estado, su administración también debe adherirse al nuevo modo socialista protagonizado por ellas. Aun cuando se han convertido en protagonistas del Poder estatal y de los medios de producción, si no administran la sociedad conforme a su naturaleza socialista, en calidad de protagonistas de su gestión, no pueden garantizar debidamente su posición y papel como tales, ni poner en pleno juego la superioridad del sistema socialista, ni tampoco empujar con éxito la edificación del socialismo.
Erradicar el método de gobernación burocrático, legado del régimen caduco e implantar el modo de gestión idóneo a la esencia de la sociedad socialista, es una labor no menos difícil y complicada que el establecimiento del Poder socialista. La anterior teoría, que define el Poder estatal como arma de la dictadura para realizar la dominación clasista, consideraba la diferencia esencial entre el poder de la clase explotadora y el socialista, principalmente como la de su carácter clasista y que el Estado socialista se extinguiría al tornarse innecesario el dominio clasista, con la implantación de una sociedad sin clases.
Este criterio no se aviene a la práctica de la construcción socialista y comunista. El viejo Estado, como medio de dominación clasista, se destruye por la revolución socialista, y el Poder socialista implantado en su sustitución es una nueva organización política estatal con la misión de orientar de manera unificada todas las esferas y las actividades independientes y creadoras de las masas populares, hechas dueñas de la sociedad.
La función de la dirección unificada del Estado socialista debe fortalecerse tanto más cuanto se profundiza la construcción del socialismo y el comunismo, y esta función se necesita también en la sociedad comunista. Por lo tanto, el Poder socialista no puede extinguirse jamás, y el problema del poder sigue siendo la cuestión más importante no sólo en la etapa de la revolución socialista, sino, además, en todo el período histórico de la construcción del socialismo y el comunismo.
El gran Líder, camarada Kim Il Sung, presentó como una tarea trascendental el adaptar el sistema y el método de trabajo del Poder popular a la demanda de las nuevas circunstancias imperantes después del establecimiento del régimen socialista en nuestro país, y creó el espíritu y el método Chongsanri y su encarnación, el sistema de trabajo Taean, de suerte que se ha resuelto brillantemente la histórica tarea de implantar el sistema y el método de la administración social, convenientes a la exigencia esencial de la sociedad socialista.
El sistema de trabajo Taean combina la dirección unitaria del Partido con la línea revolucionaria de masas, de modo que éstas puedan cumplir con su responsabilidad y su papel como dueñas del Estado y la sociedad, y encarna el principio fundamental de las actividades del Estado socialista. Tiene sentido universal no sólo como sistema de dirección y gestión de la economía socialista, sino también como medio político de administración y manejo de la sociedad socialista en su conjunto.
Podría decir que la creación del sistema de trabajo Taean y su implantación en todos los terrenos de la sociedad, es una gran revolución en la transformación social, tan importante como el establecimiento del Poder socialista y las relaciones de posesión socialista de los medios de producción.
Lo que importa más en la implantación del sistema y el método de la administración socialista es realizar la dirección unificada del Estado sobre la sociedad, bajo la orientación del Partido.
Este es la unidad medular de las masas populares, sujeto de la sociedad socialista, y la organización de dirección política de la construcción del socialismo y el comunismo. El Partido señala el rumbo de la actividad del Poder a través de su lineamiento y su política, que sintetizan la voluntad del pueblo y da la orientación política a los organismos del Poder para que actúen de acuerdo con sus intereses y demandas. Al margen de su dirección, el Poder socialista no puede cumplir con su misión y papel como aparato del pueblo. Este es el ejecutor de la línea y la política del Partido, cuya dirección sobre toda la sociedad se garantiza y materializa consecuentemente por medio del Poder estatal, que es la organización política más comprensiva.
La orientación del Partido sobre el Poder popular debe ser política, y las actividades de éste, destinadas a la materialización de la línea y la política del Partido. Como ejemplificó el Líder, la relación entre el Partido y la administración podría decir, metafóricamente, semejante a la existente entre el timonel y el remero de un barco. Como estos deben desempeñar bien su papel para hacer adelantar la embarcación derecho y rápido, así también el Partido ha de dar una acertada orientación política y el Poder cumplir mejor su rol, bajo su dirección, a fin de administrar y manejar la sociedad sin desviaciones, conforme a la voluntad y la exigencia de las masas populares.
En el país socialista, el partido de la clase obrera, que ha tomado el Poder, puede sustituir por un desliz a la administración en sus actividades, lo cual redundaría en debilitar la creatividad de los organismos del Estado. Por eso, es preciso vigilar el procedimiento administrativo en su labor de dirección sobre los organismos del Poder. Al mismo tiempo, hay que oponerse a la “práctica administrativa” en la gestión del Partido y, a la vez, rechazar tajantemente la tendencia de negar o debilitar la dirección del Partido sobre el Poder, bajo el pretexto de elevar la “autonomía” y la “independencia” del Poder estatal. Sin la orientación del Partido, el Poder socialista se convierte en burgués, y si el Partido abandona su dirección sobre éste, deja de existir como vanguardia con responsabilidad del destino de las masas populares.
Asegurar la dirección unificada sobre la sociedad, bajo la guía del Partido, es la función principal del Estado socialista.
La sociedad socialista, a diferencia de la capitalista, donde la vida entera se basa en el individualismo, es una sociedad colectivista, en la que todos sus integrantes trabajan juntos, con los mismos objetivos e intereses. Sin una dirección centralizada del Estado, no es posible lograr, como se desea, la unidad y la colaboración de las masas populares, sobre la base de las aspiraciones comunes de la sociedad, ni orientar a buen seguro, su lucha por construir el socialismo y el comunismo. Por eso, el Poder popular debe dirigir y administrar de modo unificado todos los sectores de la vida social: político, económico y cultural.
Bajo el socialismo una exigencia legítima para desarrollar la economía nacional es que el Estado la maneje de forma planificada, según un programa. Necesariamente debe hacerlo así, porque es el representante del pueblo, que es poseedor de los medios de producción. Sólo entonces será posible explotar al máximo la economía nacional, en todo su potencial y promoverla a alto ritmo, de acuerdo con la exigencia y los intereses de las masas populares por la independencia. Resulta fundamentalmente erróneo, contraponer la dirección unificada del
Estado en la economía, a la iniciativa de las empresas, y negarla arguyendo que ya no vale la administración planificada de la economía, debido al aumento de su dimensión. El problema está en qué principio y de qué manera la realiza. Si antes ciertos países cometieron errores al ejercerla, en su economía socialista, no fue, sino, podría decirse, porque la administraron mediante orden y mando, despreciando la ley objetiva de su desarrollo y sus realidades concretas y se descuidaron de promover la iniciativa de las ramas y las unidades particulares, poniendo énfasis sólo en lo unificado. No deben, pues, oponerse a la misma dirección unificada del Estado en la economía, sino optar por mejorar los métodos de su gestión a la altura de la exigencia socialista. Si tienden a negar la orientación y el control del Estado, anteponiendo la independencia de las empresas particulares y los intereses económicos inmediatos, llegarán finalmente a destruir el régimen económico socialista, recuperando el capitalista, es decir, la economía de mercado.
Afirmar que si se aumenta el volumen de la economía, no se puede planificar debido a la ampliación enorme de sus indicadores, es tan absurdo como decir que con el crecimiento de la economía, el hombre se convierte en su apéndice. Si, conforme al desarrollo de la economía socialista, el Estado eleva el nivel de formación de los funcionarios que la dirigen y de los trabajadores, y coloca su gestión sobre una base científica, será posible manejarla según un plan y aprovechar en alto grado sus ventajas.
Para aplicar correctamente el sistema y los métodos de administración socialista, es preciso materializar de modo consecuente, la línea revolucionaria de masas en las actividades del Partido y el Estado.
En la sociedad socialista, tanto las dueñas del poder, como las encargadas de la política, son las masas populares. Ejecutar dicho precepto, que permite a éstas ocupar su posición de propietarios del Estado y la sociedad, y cumplir sus responsabilidades y papeles correspondientes, ha de ser el principio supremo de las actividades del Partido y el Estado. De cómo se materializa dependen también el aseguramiento satisfactorio de la democracia socialista, la eliminación del burocratismo y el fomento pleno de las iniciativas entre el pueblo. Precisamente de esta línea deben partir todos los quehaceres del Poder popular, instituyendo sus mecanismos y métodos de trabajo, de tal manera que se apoye en las masas populares y les sirva a conciencia.
Los funcionarios de los órganos del Poder popular deben desempeñarse siempre en función de sus demandas e intereses, compenetrarse con ellas, compartiendo penas y alegrías y estimularlas enérgicamente a llevar a cabo la política del Partido.
En las labores del Poder popular, que sirve al pueblo, no debe tolerarse jamás el burocratismo, método de dominación de la vieja sociedad. Si sus órganos lo practican en su desempeño, imponiendo abusivamente a las masas populares lo que contravenga a su voluntad y demanda, sucederá que les frenen la independencia y la iniciativa, las separen del Partido y del Poder y, a fin de cuentas, no muestren de manera suficiente las ventajas del régimen socialista.
Si en ésta se dan manifestaciones burocráticas está relacionado con la circunstancia de que permanecen vestigios de la vieja ideología entre los funcionarios y no se han eliminado por completo los remanentes del arcaico sistema y métodos de dominio en el manejo de la sociedad. Para acabar con el burocratismo, hay que sacar de raíz los rastros de la añeja ideología y método de gestión, y materializar con eficacia los requisitos del espíritu y método Chongsanri y el sistema de trabajo Taean, que encarnan la línea de masas.
En el socialismo, de carácter transitorio, donde continúa la lucha de clases, el Estado debe ejercer también la función de dictadura sobre los elementos antisocialistas.
La edificación del socialismo y el comunismo acompaña una fiera batalla contra los elementos hostiles y los imperialistas.
Puesto que estos prosiguen sus maquinaciones contra el socialismo y existen en el interior malintencionados, ligados con ellos, el régimen socialista, como arma de la revolución, debe cuidarse siempre de que no crezcan los contrarrevolucionarios y antisocialistas, y destruir a tiempo las maniobras de los imperialistas y los reaccionarios internos que tratan de obstruir la revolución y la construcción y derribar el régimen socialista.
Si en esta sociedad transitoria se debilita el rol de la dictadura del Poder, no se puede asegurar al pueblo la libertad y los derechos democráticos, ni defender las conquistas de la revolución, y el mismo régimen socialista llegará a correr peligro. Fortalecer el Poder popular y elevar su función y papel, he aquí una garantía invulnerable para salvaguardar y llevar a la victoria la causa del socialismo.
La línea general del Partido de consolidar el Poder popular y seguir mejorando su función y papel, al mismo tiempo que realizar de modo consecuente las tres revoluciones —ideológica, técnica y cultural— se ejecuta con éxito en la edificación del socialismo en nuestro país, comprobándose claramente, en esa práctica, su justeza y vitalidad.
Mediante el mantenimiento invariable y la materialización acertada de dicha línea en la edificación socialista, el pueblo coreano ha logrado grandes victorias en todos los sectores de la revolución y la construcción, a pesar de lo difícil y compleja que es la situación, y ha construido en esta tierra un excelente socialismo, a la coreana, centrado en las masas populares. Que el pueblo entero, unido con una misma voluntad, en torno al Partido y el Líder, forma un poderoso sujeto de la revolución; que el socialismo se desarrolla sobre un firme cimiento de la independencia, la soberanía y la autodefensa; y que se asegura a plenitud la vida socialista, independiente y creadora del pueblo, son grandes ventajas del socialismo coreano. Nuestro pueblo ha adquirido, a través de su vida real, la convicción de que sólo el socialismo puede poner fin a toda forma de dominación, subyugación y desigualdad social y asegurarle una verdadera libertad e igualdad, una existencia feliz y digna, y que, por lo tanto, continuarlo es el camino de plasmar su ideal de la independencia.
Nuestro pueblo tiene la inconmovible fe en la justeza y la perspectiva de la causa del socialismo que él mismo escogió y ha venido llevando adelante con sus propias fuerzas, y tiene la disposición revolucionaria de recorrer hasta el fin esa ruta bajo la dirección del Partido. En el futuro, por más que se torne compleja la situación, y cualquiera que sea la prueba que encare, no vacilará, ni retrocederá un paso; acabará de cumplir hasta sus últimas consecuencias la línea general del Partido que encarna la ideología Juche, coronando así con éxito la causa del socialismo y el comunismo.