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lunes, 20 de diciembre de 2010

NUESTRO SOCIALISMO CENTRADO EN LAS MASAS POPULARES ES INVENCIBLE

KIM JONG IL

NUESTRO SOCIALISMO CENTRADO
EN LAS MASAS POPULARES ES
INVENCIBLE

¡TRABAJADORES DEL MUNDO ENTERO, UNIOS!

Introducción

Con motivo de celebrar el 19º Aniversario de la elección del Dirigente Mariscal KIM JONG IL como Comandante supremo del Ejercito Popular de Corea, Nuestro Instituto reproduce éste importantísimo material que esperamos les ayude a enriquecer y esclarecer cada vez más sus conocimientos y opiniones sobre la República Popular Democrática de Corea.
Nuestra labor de difusión de todos los aspectos de la cultura y política coreana nos conllevan a seguir en esta lucha constante de rompimiento del cerco mediático impuesto por el imperialismo Yanqui a nuestra hermana RPDC.
Como siempre agradecemos las muestras de adhesión y cariño hacia la RPDC y nuestra institución y a su vez invitarlos a estar alertas sobre la situación que viven nuestros hermanos coreanos que son constantemente provocados para así desatar una nueva guerra en la península coreana.

Lima diciembre de 2010

YURI CASTRO ROMERO
Secretario General.
Instituto Cultural y de Amistad Peruano - Coreano




KIM JONG IL

NUESTRO SOCIALISMO CENTRADO
EN LAS MASAS POPULARES ES
INVENCIBLE

Conversación con los funcionarios responsables del
Comité Central del Partido del Trabajo de Corea
5 de mayo de 1991

Disfrutar a sus anchas de una vida independiente y creadora en una sociedad libre de explotación y opresión, es un anhelo que las masas populares han abrigado a lo largo de los siglos. Para verlo realizado han venido derramando su sangre en la lucha contra los opresores y, venciendo pruebas de toda índole, lograron edificar la sociedad socialista. Esta, siendo nueva, radicalmente diferente de todas las explotadoras registradas en la historia de la humanidad, tiene que allanar un camino por nadie pisado antes, en medio de una cruenta lucha contra los enemigos de clase, razón por la cual es posible que, en el proceso de avance, tropiece con altibajos temporales. No obstante, es una ley del desarrollo de la historia el que ninguna fuerza pueda impedir que la humanidad vaya por la vía del socialismo.

El apoyo y la confianza de las masas populares en el socialismo surgido como reflejo de la aspiración popular a la independencia y de las exigencias de la época, constituyen la fuente de su poderío invencible. Este apoyo y confianza de nuestro pueblo son inconmovibles, y está experimentado en la vida real cuan valioso le resulta este régimen. En nuestro país, a lo largo de decenas de años de construcción del socialismo, no hubo, ni una sola vez, alguna inestabilidad o incertidumbre política. Hoy, los imperialistas y otros reaccionarios llevan a cabo aviesas intrigas para suprimir el socialismo, pero el nuestro sigue avanzando a pie firme por su camino, sin la menor vacilación ante los viles ataques y calumnias de aquéllos.

La solidez e invencibilidad de nuestro socialismo constituyen objeto de infinita admiración por parte de los pueblos progresistas del mundo.
La llave de estas cualidades de nuestro socialismo consiste en ser un régimen centrado en las masas populares, que las coloca en posición de genuinas amas de la sociedad y pone a su servicio todo lo que hay en ésta. Porque lo tiene a su disposición, nuestro pueblo lo considera la cuna de su vida y felicidad y le confía por entero su destino. El pueblo coreano, que goza de una plena felicidad y de una existencia genuina en la sociedad socialista, bajo la sabia dirección del Partido y el Líder, está esforzándose con abnegación para salvaguardar, de modo firme, ese régimen y culminar la causa socialista.


El implantado en nuestro país es un socialismo de estilo coreano, que encarna la gran idea Juche y se centra en las masas populares.
Tempranamente, el gran Líder, camarada Kim Il Sung, recogiendo la aspiración del pueblo y las exigencias de la época, creó la doctrina Juche que vendría a ser una nueva rectora de nuestro tiempo, el de la independencia.

La idea Juche es una concepción humanocéntrica del mundo. Sobre la base de haber aclarado las características esenciales del hombre en su calidad de ser social con independencia, creatividad y conciencia, esta teoría implantó un nuevo principio filosófico, el de que el hombre es dueño de todo y lo decide todo, así como un punto de vista y actitud originales de tratar todo el fenómeno partiendo de sus intereses y considerar todos los cambios y evoluciones teniendo como lo principal las actividades del ser humano. La doctrina Juche puso en la máxima altura la dignidad y el valor del hombre. El socialismo establecido en nuestro país, por encarnar esta doctrina, viene a ser humanocéntrico, que hace del hombre el dueño de todo y que todo le sirva a él.

El ser humano a quien la idea Juche considera el amo de todo y la existencia más preciada y potente, es el pueblo trabajador, presentado por ésta como sujeto del movimiento social, el cual se inicia y desarrolla por sus actividades independientes, creadoras y conscientes, las de las masas populares. Divorciado de éstas, no puede surgir el movimiento mismo, llamado a transformar y cambiar la naturaleza y la sociedad, ni puede realizarse el desarrollo socio-histórico. Las masas populares constituyen el sujeto del movimiento social, porque crean todo lo que hay en la sociedad y gracias a sus esfuerzos avanza la historia. Ellas, si bien son el sujeto del movimiento social y las creadoras de la historia, no en cualquier sociedad ocupan la posición de dueñas. Donde rige la explotación, quien se apropia de este puesto no son ellas sino las ociosas clases explotadoras. Precisamente el socialismo es el que pone fin a esa sociedad en que se usurpa esta posición de dueños, y hace a las masas populares genuinas propietarias de la sociedad. El implantado en nuestro país es un socialismo privilegiado para las masas populares, donde éstas son dueñas de todo y todo se pone a su servicio en correspondencia con la posición y papel que tienen en el desarrollo socio-histórico.
Nuestro socialismo encarna de un modo más consecuente la aspiración y exigencia de la clase obrera, que tiene en la idea Juche su doctrina revolucionaria que refleja sus demandas. Y considera á esta clase como destacamento medular del sujeto de la revolución. La obrera es la clase que encarna desde el más alto nivel las exigencias intrínsecas del ser humano a vivir y progresar de manera independiente y creadora. Su demanda es emanciparse de toda forma de subyugación y restricción para disfrutar de una existencia independiente y creadora, y su misión histórica consiste en alcanzar dicha emancipación, no sólo para sí misma, sino también para todos los otros miembros de la sociedad y de esta manera implantar por completo la independencia de las masas populares.

Debido a que en el pasado nuestro país fue una sociedad atrasada, semifeudal y colonial, la clase obrera no era numerosa, pero siendo el contingente con más fuerte aspiración por la independencia y espíritu revolucionario, constituyó la médula de las fuerzas de la revolución. Desde la etapa de la democrática, antiimperialista y antifeudal, el gran Líder consideró a los obreros como integrantes de la clase rectora de la revolución y tomó sus demandas y las de la nación por punto de partida de todas sus políticas y lineamientos.

En nuestro país, todos los procesos de la revolución, desde el de la antiimperialista de liberación nacional y el de la democrática antifeudal, hasta el de la socialista y de su construcción, se han efectuado con éxito bajo la dirección de la clase obrera. Hoy en día, ésta, al crecer y consolidarse de continuo e intensificando su papel, imprime con éxito sus rasgos a toda la sociedad. La fisonomía de nuestro socialismo está cobrando, de modo gradual, sus rasgos y completando los aspectos de la sociedad sin clases.

Al decir que nuestro socialismo encarna las exigencias innatas de la clase obrera, no significa de modo alguno que sea una comunidad exclusivamente para esa clase. Las demandas de los obreros se identifican con las de todas las otras clases y capas interesadas en el progreso social y, la sociedad donde las materializan, se aviene también a estas clases y capas. La idea Juche exige definir como integrantes del sujeto de la revolución, no sólo a los obreros, sino también a las masas de amplios sectores, sobre todo al campesinado y la intelectualidad, y proteger sus intereses.

El campesinado, junto con la clase obrera, constituye un principal componente del sujeto de la revolución y le sirve a ésta como fuerza motriz. En nuestro país, donde otrora los campesinos representaban la mayoría de la población, dar una solución justa a sus intereses se ha presentado siempre como una cuestión importante en la revolución.

El gran Líder los situó al lado de los obreros, como el grueso de la revolución y procuró que todos los problemas que se le presentaban en ésta se resolvieran en correspondencia no sólo con las exigencias de los unos, sino también con la aspiración de los otros. Bajo la sabia dirección del Partido y el Líder, en nuestro país la reforma agraria se efectuó de acuerdo con el anhelo secular de los campesinos de poseer, alguna vez, sus propias tierras, y en el período posbélico la revolución socialista se llevó a cabo teniendo en cuenta su anhelo, o sea se respetó de modo consecuente el principio de voluntariedad y se tomó una vía original para efectuar la transformación socialista de la forma económica, antes que de la técnica. Para ver realizado definitivamente el anhelo de los campesinos el Líder presentó la tesis sobre el problema rural socialista y dirigió con energía los esfuerzos para su materialización. La invariable política de nuestro Partido que protege los intereses de los campesinos, consiste en que el Estado y la sociedad se responsabilicen con ayudarles a realizar sus aspiraciones y demandas. En nuestro país, siguiendo el camino señalado por la tesis sobre el problema rural socialista, se está cumpliendo con éxito la tarea de industrializar y modernizar la agricultura y de imprimir al campesinado los rasgos de la clase obrera, mediante la intensificación, por todos los medios, de la dirección obrera sobre el campesinado, la ayuda de la industria a la agricultura y el apoyo de la ciudad al campo.
En los procesos revolucionario y constructivo, los intelectuales desempeñan un rol importante, el cual va creciendo a medida que se va desarrollando la sociedad. En éstos cobra enorme significación la justa solución del problema de la intelectualidad. Desde el período inicial de la revolución, el gran Líder la guió por ese camino, considerándola una parte componente de su sujeto y una de sus principales fuerzas.
Como quiera que los intelectuales del pasado, por su condición de ser oriundos de un país colonial, poseían espíritu de antiimperialismo, de independencia y de revolución democrática, nuestro Partido tuvo la audacia de depositar su confianza en ellos y los educó y transformó para orientarlos a servir a la clase obrera, y, por otra parte, formó en gran escala una nueva generación de intelectuales de origen obrero y campesino, lo que hizo posible la constitución de un gran contingente de ellos.
Estos, bajo la correcta dirección del Partido y el Líder, están manifestando, sin reservas, su fervor revolucionario e inteligencia creadora en todos los frentes de la revolución y la construcción, lo que significa una contribución activa a la causa del socialismo y el comunismo.
La clase explotadora no puede ser el sujeto del movimiento social, por el contrario, es la reacción de la historia y el blanco de la revolución. Considerar a las masas del pueblo trabajador como sujeto de la revolución y a la clase explotadora como su blanco, no significa de manera alguna definir la posición y actitud de las personas con respecto a la revolución y a la contrarrevolución, basándose únicamente en sus procedencias social-clasistas. El estado socio-clasista deja consecuencias sobre las acciones de las personas, pero, a través de su conciencia ideológica. También quienes tengan problemas en sus procedencias social-clasistas, pueden servir a la revolución, si reciben sus influencias. A la persona hay que valorarla, según su disposición ideológica y sus acciones y en cuanto a quienes se consagran al progreso social y a la revolución, no debe cuestionárseles por sus orígenes, sino confiar en ellos considerándolos integrantes del sujeto de la revolución. Estos son el punto de vista y la posición originados de la idea Juche, en cuanto a las personas procedentes de diferentes clases y sectores sociales.
Nuestro Partido confió con audacia en todos los que se unieron a la lucha por la independencia de las masas populares y los condujo por el camino de la revolución. En el país, cuando la revolución democrática, antiimperialista y antifeudal, aglutinamos en una fuerza revolucionaria, no sólo a las masas de trabajadores, sino también a los capitalistas nacionales y a los religiosos de conciencia, y a todos los otros que se oponían al imperialismo y aspiraban a la democracia; y cuando la revolución socialista, no eliminamos a los campesinos ricos y a los comerciantes e industriales capitalistas, sino los condujimos a incorporarse voluntariamente a la economía cooperativizada y a transformarse en trabajadores socialistas. A todos ellos, convertidos ya, el Partido los considera no como amigos pasajeros del camino, sino como acompañantes revolucionarios de siempre y los guía por el camino del socialismo y el comunismo, no importa a qué clase o sector social pertenecieron en el pasado.

Nuestro socialismo ha venido fortaleciéndose y desarrollándose sin cesar, con el absoluto apoyo y confianza de las masas populares, lo cual se debe a que el Partido, aplicando con acierto una línea de clases y de masas, impidió y frustró oportunamente las conjuras antirrevolucionarias de un puñado de fuerzas hostiles, y al mismo tiempo, reforzó el sujeto de la revolución, al unir con firmeza a los diversos sectores de las masas en torno suyo y al Gobierno de la República, colocando a esta sociedad sobre el más amplio y sólido terreno social y clasista.
Los intereses de los individuos que forman la comunidad social son compuestos por los colectivos y los personales. El modo de combinar a ambos es un importante factor que determina el grado del progreso del régimen social. En la sociedad capitalista se enfrentan los intereses colectivos a los individuales y prevalece el individualismo que pone éstos por encima de aquéllos. Inevitablemente, el individualismo trae la desigualdad social, el fenómeno de "los ricos más ricos y pobres más pobres" y el conflicto entre las personas. Es contrario a la exigencia ingénita del hombre, ser social. El hombre, como ente social que sólo puede forjar su destino dentro de la colectividad, necesita por instinto del colectivismo.
La idea Juche dilucidó que el sujeto de la revolución no lo constituye un individuo, sino las masas populares, y que el hombre, por naturaleza, no requiere el individualismo, sino el colectivismo, cuyo requisito esencial es coordinar los intereses generales con los personales, dándoles siempre la preferencia a los primeros, y viabilizar los segundos en ese marco. Las demandas personales en sí no se oponen al colectivismo, pero sí el individualismo que únicamente persigue intereses particulares, dañando los colectivos. En nuestra sociedad socialista, donde se ha materializado la humanocéntrica doctrina Juche, los requerimientos personales son respetados sobre la base de la protección estricta de los colectivos, se ofrece a los hombres el máximo de beneficios y atenciones sociales y florecen a plenitud la unidad y las relaciones de cooperación en todos sus ámbitos.
La mayor colectividad social integral es el país, la nación. Es ésta una sólida conglomeración de personas, formada en el proceso socio-histórico, una comunidad que comparte un mismo destino. La revolución y la construcción se efectúan en el marco de cada país y nación, y los intereses de la colectividad social, de las masas populares, se materializan también dentro de los límites de esa misma unidad. Las masas populares no pueden hacer realidad su exigencia por la independencia al margen de su país. La idea Juche presenta la defensa de la soberanía de la nación como requisito fundamental para realizarla independencia de las masas populares.
En vista de que los imperialistas traman conjuras alevosas para atentar contra la soberanía de otras naciones, la firme protección de su independencia viene a ser una tarea vital para hacer realidad los intereses de las masas populares y su exigencia por la independencia.
Nuestro Partido y el pueblo, con clara conciencia de que la independencia constituye la vida del país, de la nación, se han propuesto como su necesidad primordial el defenderla en la revolución y la construcción y han venido luchando siempre por ello. Así pudimos levantar un territorio socialista, digno y poderoso, un país independiente, autosostenido y autodefensivo, y hoy seguimos con pasos firmes el camino de la revolución, desbaratando las cada vez más virulentas intrigas antisocialistas de los imperialistas y los reaccionarios.
La lucha para defender los intereses de un país y alcanzar su soberanía, está unida al esfuerzo por realizar la independencia en todo el mundo. Lograr este objetivo contra la dominación, la esclavitud y la desigualdad entre las naciones, es un importante requisito de la idea Juche que defiende la independencia. La causa por su realización en el mundo exige necesariamente la amistad y cooperación entre los países.
Promover la colaboración entre todas las naciones, sean grandes o pequeñas, sobre la base de los principios de la independencia, la igualdad y el respeto mutuo, redunda en favor de la realización de su causa por la soberanía. Dado que los imperialistas, con sus fuerzas aliadas, maniobran de modo perverso para violarla independencia de las masas populares, es de suma importancia fortalecer la solidaridad antiimperialista internacional. Sólo cuando todos los países que defienden la independencia luchen en común, firmemente unidos bajo la bandera revolucionaria de la soberanía contra el imperialismo, podrán frustrar sus maquinaciones intervencionistas y agresivas y realizar con éxito la causa de la independencia en todo el mundo.
Guiado por los ideales de la soberanía, la paz y la amistad, nuestro pueblo fortalece la solidaridad internacional y desarrolla las relaciones de amistad y colaboración con todos los que aspiran a la independencia, y efectúa intercambios multifacéticos con aquellos que lo tratan de modo fraterno, sobre la base del principio de la igualdad y el beneficio mutuo.
Pese a que realiza la revolución y la construcción en las difíciles condiciones creadas por el enfrentamiento directo con el imperialismo norteamericano, no escatima el apoyo y el respaldo, tanto material como espiritual, a diversos pueblos del
Tercer Mundo que luchan por la independencia.
Realmente nuestro socialismo, por tener materializada la idea Juche, doctrina revolucionaria de la época de la independencia, es el mejor socialismo centrado en las masas populares, que ampara con firmeza tanto las exigencias de la clase obrera y otros sectores, como los derechos independientes de la nación y la aspiración de los pueblos del mundo a la soberanía.
El socialismo es una obra para las masas populares y nunca se puede divorciar de sus intereses. Para preservarlo es preciso proteger con firmeza sus intereses, y para defender éstos, hay que ser fiel a él. La aspiración y las exigencias de las masas populares son el parámetro que mide la veracidad de todos los fenómenos sociales, y la guía para la práctica revolucionaria. También en lo adelante debemos prestarles una atención primordial a sus intereses en el proceso revolucionario y constructivo y atender todos los asuntos de acuerdo con ellos.
Debemos mantener con rigor el principio de realizarlos, defendiendo firmemente los fundamentales y combinando éstos con los inmediatos de un modo estrecho.
Para construir el socialismo centrado en las masas populares es indispensable asumir una actitud revolucionaria encaminada a orientarlas a mantener su posición y a desempeñar el papel que les corresponde como dueñas en el proceso revolucionario y constructivo. Por muy importantes que se consideren sus exigencias e intereses, si no se adopta una postura correcta en la lucha por hacerlos realidad, es imposible lograr el objetivo en la práctica.
Para que las masas populares defiendan su posición y desempeñen su rol como dueñas en la revolución y la construcción, es necesario que mantengan una actitud protagónica, es decir, la independiente y la creadora, fundamentales en estos procesos.
La postura independiente tiende a defender su posición soberana como artífices de la revolución y construcción y de su propio destino, y exige, fundamentalmente, que plasmen los derechos como tales y cumplan con su responsabilidad. Esta postura se expresa en ejercer los derechos independientes en todas las esferas de la vida social. Para que se valgan de éstos, deben resolver todos los problemas que se presentan en la revolución y la construcción, con su propio juicio y decisión y conforme a sus propias exigencias e intereses. Nadie les regala los derechos independientes; las mismas masas populares tienen que conseguirlos y defenderlos con su lucha, porque son dueñas de sus propios destinos. Para defender esta posición y sus derechos independientes y su dignidad, deben resolver los problemas bajo su propia responsabilidad, sobre el principio de apoyarse en sus propios esfuerzos.
La postura creadora tiende a guiarlas a cumplir su papel como transformadoras de la naturaleza y la sociedad, como forjadoras de su propio destino, y su exigencia fundamental es que, confiando en su inagotable fuerza, lo resuelvan todo por el método creador, ateniéndose a su capacidad creativa. El movimiento social es creativo e implica un proceso de lucha entre lo nuevo y lo viejo. Las encargadas de la creación, que vencen lo viejo y promueven lo nuevo, son las masas populares.
En virtud de su inagotable fuerza creadora avanza la historia y la revolución. Con miras a impulsar con energía la revolución y la construcción es necesario asumir una inconmovible actitud de incrementar su capacidad y papel creador. Sus actividades creadoras siempre se efectúan en condiciones concretas, subjetivas y objetivas. Las ideas, sentimientos y la preparación de las masas populares encargadas de la creación son diferentes por países, y también lo son las condiciones socio-económicas y materiales en que se desarrollan los quehaceres creativos. En el proceso de la revolución y construcción siempre se debe mantener la posición de resolver todos los problemas de acuerdo con la situación concreta de cada país.
La experiencia práctica de nuestra revolución muestra fehacientemente que si se mantiene con firmeza una posición protagónica, es posible resolver con éxito cualquier asunto difícil y complicado que se presente en la revolución y la construcción.

Las circunstancias socio-históricas de nuestra revolución nos exigieron imperiosamente solucionar todos los problemas a tenor con nuestra propia convicción y conforme a la voluntad del pueblo y a la realidad del país. Iniciamos la revolución en una sociedad colonial y semifeudal atrasada y nos vimos obligados a construir el socialismo en las peliagudas condiciones creadas por la división del país en Norte y Sur y la destrucción total por la guerra. No estaba dictada en ninguna parte una receta apropiada para resolver esta situación. Máxime, después de establecido el régimen socialista, era imposible allanar el nuevo camino a seguir en la construcción con las teorías existentes. Esto nos exigía resolver todas las cuestiones de la revolución y construcción con nuestro propio cerebro y conforme a nuestra realidad.
Desde una posición protagónica, el gran Líder formuló y sistematizó teorías originales sobre la revolución antiimperialista por la liberación nacional, sobre la democrática antifeudal y sobre la socialista, así como perfeccionó en forma nueva e integral la pertinente a la construcción del socialismo y el comunismo. Aplicando la idea Juche él confeccionó las teorías sobre la revolución y la construcción, centradas en las masas del pueblo trabajador y trazó su estrategia y tácticas basadas en el papel de éstas. Se trata de una perfecta doctrina revolucionaria comunista que ha sistematizado en todos los aspectos las concepciones sobre la liberación nacional, clasista y humana y la transformación de la sociedad, la naturaleza y el hombre. Como esta doctrina original ilumina el camino a seguir, nuestro pueblo ha podido impulsar victoriosamente la causa del socialismo, sin ninguna desviación.
La situación interna y externa de nuestra revolución era muy compleja, lo cual exigió acuciosamente que el pueblo la impulsara por sí mismo junto con la tarea constructiva, poniendo en pleno juego el espíritu revolucionario de apoyarse en su propia fuerza. Para una pequeña nación no es fácil llevar a cabo con sus únicos esfuerzos la revolución y la construcción.
En el caso de nuestro país, construir el socialismo por su cuenta resultó difícil sobremanera, porque se encaraba a los poderosos enemigos imperialistas en una situación tensa y heredó de la vieja sociedad y de la época anterior nada más que el atraso, la miseria y una economía devastada. Sin embargo, el pueblo no esperó la ayuda ajena para llevar a cabo la revolución y la construcción. Con la firme convicción de que es dueño de su propio destino y posee el poder para forjarlo, se unió monolíticamente en torno al Partido y al Líder y, venciendo con sus esfuerzos todas las dificultades, allanó con éxito el camino del socialismo.
Con la posición protagónica que mantiene consecuentemente en el proceso revolucionario y constructivo, nuestro Partido ha defendido de modo resuelto la dignidad de la nación y los principios revolucionarios y ha venido cumpliendo sin vacilación la causa del socialismo a despecho de tan compleja situación. El complicado contexto actual exige mantener con más firmeza la posición protagónica en la revolución y la construcción. Esto es más perentorio que nunca para nosotros, en vista de que los imperialistas y reaccionarios traman viles conjuras antisocialistas y dirigen los dardos de su ataque hacia los países que sostienen los principios revolucionarios. Bien conscientes de que conservar la posición protagónica en la revolución y la construcción es un asunto vital del que depende el destino de la nación, debemos seguir materializando consecuentemente el lineamiento y la política originales del
Partido y resolver todos los problemas Concorde a la realidad del país, acopiando la fuerza creadora del pueblo.


El peculiar socialismo a nuestro estilo, centrado en las masas populares, establecido por éstas mismas con su propia fuerza y conforme a la realidad del país, manifiesta su enorme superioridad y vitalidad.
Este es el régimen social más ventajoso, que ofrece a las masas populares una existencia independiente y creadora. El deseo de nuestro pueblo, de disfrutarla plenamente, ya libre de toda clase de esclavitud y trabas, se verifica con brillantez en todas las esferas de la vida política, económica e ideológicocultural.
La vida política tiene una importancia decisiva en las actividades sociales. Las masas populares, sólo cuando participan en ella como dueñas del Estado y de la sociedad, pueden llevar una existencia independiente y creadora. Para asistirle como propietarias de su destino, tienen que tomar el poder en sus manos.
Hace ya mucho tiempo, el gran Líder presentó una línea original para la construcción del Poder popular, basada en la idea Juche, y orientó a nuestro pueblo a establecerlo según su voluntad. Nuestro Poder popular, así implantado, es un genuino poder del pueblo, asumido por la clase obrera y las otras grandes masas trabajadoras, y que defiende con firmeza los intereses de éstas.
En nuestro país, donde el pueblo es el dueño del poder, todos los trabajadores, como miembros iguales de la sociedad, con iguales derechos políticos, participan, en calidad de protagonistas, en la administración del Estado y en todas las labores para ejercer el poder y despliegan libremente las actividades socio-políticas.
Nuestra sociedad socialista es una auténtica sociedad democrática que le asegura al pueblo, efectivamente, genuinos derechos y libertades políticos. Por principio, el socialismo no puede separarse de la democracia. La única democracia auténtica es la democracia socialista.
Mientras sigue en pie la lucha de clases, la democracia se reviste de un carácter clasista y está vinculada con la dictadura.
La democracia socialista es para las masas populares, pero a la vez es una dictadura contra los enemigos clasistas que la detestan. Los imperialistas y los reaccionarios calumnian a la democracia socialista por el hecho de que ejerce la dictadura contra los enemigos clasistas, con lo cual persiguen, en última instancia, el objetivo de abrir la puerta a sus intrigas criminales contra el socialismo. Dado que ellos recurren a actos subversivos y de sabotaje contra la democracia socialista, es lógico que se les apliquen sanciones a los enemigos clasistas que violan la independencia de las masas populares. La democracia burguesa que ellos tratan de imponer a otros es una
"democracia" antipopular, que sirve a una minoría de las clases explotadoras, pero que ejerce una dictadura con las masas del pueblo trabajador. En ningún caso puede ser auténtica, porque reprime con crueldad la lucha de las amplias masas por las libertades democráticas y los derechos a la existencia. Aunque los imperialistas y los reaccionarios describen como una supuesta "democracia" el parlamentarismo y el pluripartidismo burgueses, son los grandes capitalistas monopolistas quienes manipulan realmente la política detrás de la cortina de estos "ismos". Los imperialistas y los reaccionarios, cuando les parece que esos sistemas formales obstruyen el mantenimiento de su dominación, los dejan de una noche a la mañana para practicar abiertamente métodos fascistas. Pruebas elocuentes de ello son los hechos históricos.
El carácter popular de la democracia socialista y el antipopular de la democracia burguesa se expresan con nitidez en el tópico de los derechos humanos. En nuestra sociedad socialista, donde el hombre se considera como el ser más precioso, se aseguran plenamente por la ley y no se tolera la mínima práctica que los viole. Sería difícil encontrar en el orbe un país como el nuestro, que tan estrictamente garantiza a las personas todos los derechos, desde los de trabajo, alimentación, vestido y vivienda, hasta los de estudio y asistencia médica. En la actualidad, los imperialistas y los reaccionarios calumnian al socialismo adjudicándose el título de "defensores de los derechos humanos", pero ellos son, de hecho, quienes los violan. Ni siquiera tienen cara para hablar sobre los derechos humanos porque aplican el terror político a los habitantes y personalidades inocentes que reclaman la libertad y la democracia, y atenían hasta a las más elementales libertades democráticas y el derecho a la existencia de los trabajadores.
Los crueles actos de violación que se perpetran en el Sur de Corea a instigación del imperialismo norteamericano, demuestran fehacientemente cuan hipócritas y descaradas son las palabras de los imperialistas en cuanto a la "defensa de los derechos humanos".
La democracia socialista se asegura por la legalidad socialista. Esta es de carácter democrático, radicalmente opuesta a la burguesa, que permite gobernar al pueblo por la fuerza. La sociedad socialista está organizada sobre la base del colectivismo, y su alto grado de organización se garantiza por las leyes socialistas. En virtud de esa legislación, y en el marco de un perfecto orden social, se aseguran a los habitantes los derechos democráticos y la libertad. A diferencia de la sociedad capitalista, donde la ley sirve de medio de dominación antipopular de la clase gobernante reaccionaria, nuestra ley socialista es elaborada reflejando la voluntad de las masas del pueblo trabajador y se ejecuta basándose en su alta conciencia.
A través de la legalidad socialista más popular, a nuestro pueblo se le aseguran estrictamente los derechos democráticos y la libertad que le corresponden como dueño del Estado y la sociedad.
En el socialismo la democracia está vinculada con el centralismo. Si, al margen de éste, las personas presentan cada cual a su antojo diversas demandas, las masas populares no pueden realizar correctamente su exigencia por la independencia. Sintetizar las opiniones de las masas populares y convertirlas en su voluntad, es precisamente la política democrática. La verdadera democracia puede garantizarse sólo a condición de que el Estado aplique la dirección centralista bajo el liderazgo del partido de la clase obrera. Asegurar esta condición constituye un requisito intrínseco de la sociedad socialista, que es un ente social y político. En ésta, donde las personas viven ayudándose y guiándose unas a otras, el Estado se responsabiliza de su vida. Esta es una ventaja esencial de la sociedad socialista sobre la capitalista, donde la existencia de las personas transcurre por separado y de modo espontáneo, y el Estado burgués no hace caso a que la gente muera de hambre.
En la sociedad socialista la función del Estado de atender con responsabilidad la vida de todos sus miembros, se efectúa a través de su dirección centralista.
La función de dirección centralizada que ejerce el Estado socialista no es una mera función autoritaria. Por supuesto, también el poder socialista que sirve al pueblo siendo éste su dueño, cumple esta función en correspondencia con sus características, pero no debe considerarla omnipotente. La omnipotencia autoritaria es propia del poder de la clase explotadora que realiza el dominio político sobre el pueblo. El Poder socialista de nuestro país no es un simple órgano autoritario, sino que sirve al pueblo trabajador, como representante de su derecho a la independencia, como organizador de sus capacidades y actividades creadoras, como cabeza de familia encargado de su vida y como protector de sus intereses. Si se debilita la función de dirección centralizada del
Estado socialista que procede de su misión y deber de servidor del pueblo, él quedará incapaz de asegurar bajo su responsabilidad la vida de éste, y más aún, se producirá un estado anárquico en la sociedad, poniendo en peligro al socialismo. El objetivo perseguido por los enemigos del pueblo que, enmascarándose con la "democracia", se oponen a la dirección centralizada del Estado socialista, es precisamente eliminar al socialismo.
Debemos fortalecer sin interrupción el Poder popular y elevar su función y papel, así como implantar, de modo más estricto, un clima de observación de la legalidad socialista y de vida democrática con vistas a dar un amplio margen a la democracia socialista. A nuestros órganos del Poder popular les compete cumplir en forma consecuente la política y lineamientos del Partido y aplicar con acierto la línea revolucionaria de masas, para llevar a feliz término la misión y el deber que les corresponden como cabezas de familias encargados de la vida de la población.
En la sociedad, las masas del pueblo participan en la vida política, no solamente por conducto del poder, sino también a través de los partidos y organizaciones. Para hacerse genuinas dueñas de la política, les es preciso, además de serlas con respecto al poder, tomar parte con actitud de protagonistas, también en las actividades políticas de los partidos y las organizaciones. La significación y el rol de estas tareas crecen en el socialismo, lo cual se relaciona con que es una sociedad donde el líder, el partido y las masas integran un solo ente socio-político. Aquí las personas pueden disfrutar de una inapreciable vitalidad socio-política, manteniendo inseparables lazos con el líder, sólo cuando se incorporan a las organizaciones del partido de la clase obrera y a otras políticas, que éste dirige, y asisten a sus actividades específicas. Nuestros trabajadores proceden así de modo consciente, considerando que ello les proporciona una existencia de alto valor.
El principio de la vida en las organizaciones del partido y de los trabajadores, es el centralismo democrático. En la vida político-organizativa no pueden existir superiores e inferiores, todos ejercen iguales derechos y cumplen iguales tareas. Las opiniones democráticas que los militantes del partido y los trabajadores plantean a través de sus respectivas organizaciones, se reflejan en la política del partido y el Estado y gracias a sus iniciativas creadoras se realiza de modo consecuente dicha política.
Las organizaciones del partido y las de los trabajadores, son escuelas que educan y forjan a sus miembros. Por medio de las actividades políticas y organizativas, estos asimilan la idea revolucionaria del líder como alimento político, y se fraguan bajo la ayuda de sus entidades y cámara das. El que en nuestro país la totalidad de los militantes del Partido y los trabajadores, armados firmemente con la doctrina Juche y unidos estrechamente en torno al Partido y el Líder, gozan de una valiosa vida socio-política, no se puede imaginar jamás al margen de las actividades político-organizativas revolucionarias.
Los imperialistas y otros reaccionarios se oponen a esa labor política en las entidades del partido de la clase obrera y en otras dirigidas por éste, calumniándola como si fuera una "restricción" de la libertad, porque ahí está una fuente importante del poderío político e ideológico del socialismo. Si en esta sociedad, las personas descuidan su vida política en estas organizaciones, serán impotentes para hacerla lucir, llegando a mancharla y a caer en errores e incluso a dejarse engañar y ser utilizadas por los contrarrevolucionarios.
Participando en la vida político-organizativa revolucionaria, las personas pueden intervenir en calidad de dueñas, en la ejecución de la política del partido y el Estado y disfrutar de una existencia de alto valor. Nuestro deber es consolidar y desarrollar el ordenado sistema de vida político-organizativa y promover altamente entre los militares del partido y los trabajadores, un ambiente de participar de modo consciente en ésa, de suerte que todos los hombres la hagan lucir más.
El aspecto económico constituye la base de las actividades sociales. El vivir independiente y creador de las personas se asegura por una libre y abundante existencia económica.
Las masas populares son dueñas de su destino, por tanto, deben serlo también de la vida económica, cuestión que se determina por el régimen económico de la sociedad dada, en particular, por el de propiedad. También en la vieja sociedad explotadora, las masas populares crean bienes sociales, pero no pueden ser sus dueñas, lo cual se debe a que los medios de producción son arrebatados por la minoría de la clase explotadora. La aspiración de las masas populares a una nueva sociedad, exenta de explotación y opresión, se centra en constituirse, ante todo, en propietarias de los medios de producción. En nuestro país, este anhelo se realizó con éxito a través de la revolución democrática y la socialista. Aquí existe sólo la propiedad social sobre los medios de producción, y sobre esa base, las masas populares se han convertido en auténticas dueñas de la vida económica y disfrutan de una existencia independiente y creadora.
Si bien los imperialistas y los reaccionarios vociferan acerca de las "ventajas" de la propiedad privada y tratan de obligar a los países socialistas a renunciar a la tenencia social y restablecer la particular, ya hace tiempo que la historia comprobó su carácter reaccionario. Esas "ventajas" suponen una ilimitada emulación inspirada en la "ley de la selva" para apoderarse de mayores riquezas. Este reto basado en la propiedad privada engendra inevitablemente explotación y opresión y convierte a los trabajadores en esclavos del capital.
Sólo en la sociedad socialista, sustentada en la propiedad social, las masas populares, siendo como sus dueñas auténticas, pueden gozar de una vida independiente y creadora. Nuestro pueblo experimentó a través de su vida que sólo la propiedad social puede asegurarle una existencia abundante y culta, por eso la aprecia mucho y lucha con abnegación por fortalecerla y desarrollarla. Consolidarla es un requisito legítimo para el avance de la sociedad socialista. Debemos cumplir con éxito la histórica tarea de establecer la única propiedad de todo el pueblo, con el método de acercar la cooperativizada a ésta, elevando sin descanso su papel directivo.
La economía socialista, en la que las masas populares son dueñas de los medios de producción, ha de ser administrada también por ellas. Con el establecimiento del sistema de trabajo Dean, el gran Líder logró implantar una muy eficiente fórmula que permite a las masas populares gestionar esa economía. El sistema de trabajo Dean es una forma comunista de administración económica, perfectamente científica, y que materializa la línea revolucionaria de masas, que se le garantiza, excelentemente, por la dirección colectiva del comité del
Partido, la cual posibilita acopiar sin reservas la inteligencia conjunta de todos, poniendo fin al subjetivismo y a la arbitrariedad personal en la administración de la economía y movilizarlos enérgicamente, por un método político, para el cumplimiento de las tareas económicas. Esta dirección que nuestro Partido preconiza para el trabajo económico, es política, una orientación basada en la política, y rechaza la suplantación de la administración y el método administrativo. De acuerdo con las resoluciones del comité del Partido, sus trabajadores realizan una labor con las personas, una gestión política, y los funcionarios administrativos y técnicos efectúan los trabajos correspondientes. Gracias a la dirección colectiva del comité partidista, todas las labores económicas se ejecutan conforme a las exigencias de la política del Partido, se reflejan correctamente las opiniones de las masas en la administración de la economía y se eleva de forma sensible la responsabilidad de los funcionarios y el entusiasmo consciente de los trabajadores en el cumplimiento de dichas tareas. Las ventajas y la vitalidad del sistema de trabajo Dean se han comprobado con claridad en la práctica. Debemos seguir aplicándolo consecuentemente para desarrollar sin interrupción y a alta velocidad la economía socialista, basándonos en las inagotables fuerzas creadoras de las masas populares, para asegurar a nuestro pueblo una vida material y espiritual, más abundante y culta.
La actividad laboral creativa ocupa un lugar importante en la esfera económica. A través del trabajo, el hombre crea los bienes que necesita para su existencia material y cultural y en este proceso se forja como un ser más fuerte. El derecho al trabajo es uno de los principales que debe poseer como dueño de la sociedad, y el grado de su aseguramiento constituye uno de los importantes factores que determinan el carácter progresista del régimen social.
En nuestra sociedad socialista se asegura de modo cabal a los trabajadores ese derecho laboral. El Estado les facilita puestos de trabajo seguros, según sus capacidades y vocaciones.
Nuestro pueblo ya ha olvidado la palabra desempleo. Esto es un fenómeno que puede presenciarse solamente en nuestro socialismo, donde se considera al hombre como el ser más preciado. En el capitalismo, donde se le considera objeto de explotación y productor de plusvalía, los trabajadores no pueden asegurarse de oficios seguros. Los capitalistas utilizan el desempleo como la palanca para elevar la intensidad del trabajo y explotar la mano de obra con los menos gastos posibles. Allí, en las calles pululan los desempleados y semiempleados, mientras los que tienen trabajo viven con permanente temor a ser despedidos.
Para hacer de la actividad laboral creativa una vida digna, es preciso liberar a los trabajadores de las faenas duras y difíciles y ofrecerles condiciones laborales humanas e higiénicas.
Con el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, crecen las posibilidades de tornar óptimas estas condiciones. Sin embargo, cómo se aprovechan esas posibilidades, depende mucho del carácter del régimen social.
Nuestro Partido presentó la revolución técnica, llamada a liberar a los trabajadores de difíciles tareas, como una de las misiones de la revolución a impulsarse de continuo después de la instauración del régimen socialista, y está haciendo tesoneros esfuerzos para su realización. Bajo la sabia dirección del Partido y del Líder, en nuestro país se cumple de modo exitoso la histórica tarea de liberar hasta de las duras faenas a los trabajadores, ya emancipados de la explotación y la opresión.
Debemos consolidar de modo incesante nuestro más avanzado régimen de trabajo socialista y acelerar con energía la revolución técnica para eliminar por completo las tareas duras y difíciles y hacer más digna la actividad laboral creativa de nuestro pueblo.
Asegurar al pueblo un equitativo y abundante bienestar material constituye una de las importantes exigencias de la vida económica socialista. Este objetivo puede alcanzarse sólo con medidas populares del partido de la clase obrera y del Estado socialista.
En virtud de la política popular del Partido y del Gobierno de la República, nuestro pueblo disfruta por igual de una realidad dichosa, siendo el Estado y la sociedad los que le aseguran de modo efectivo todas las condiciones necesarias para alimentarse, vestirse y alojarse. Entre otras, el Estado le suministra a un precio tan bajo, como casi gratuito, los víveres y le concede los beneficios de la educación y la asistencia médica gratuitas; y no sólo esto, al abolirse por completo el sistema tributario, los habitantes ya se han olvidado de la palabra impuestos. Aquí, el Estado se encarga de atender a los ancianos, inválidos y niños que no tienen protectores. En cuanto a los exmilitares que resultaron heridos al luchar con abnegación por la noble causa en aras de la Patria y el pueblo,
y otras personas con méritos, se les dan tratos privilegiados a escala social y de sus condiciones vitales se ocupan con diligencia el Partido y el Estado. Estos conceden otros muchos beneficios de que hoy está disfrutando nuestro pueblo. La política popular que ellos aplican muestra de modo concentrado la superioridad de nuestro régimen socialista centrado en las masas populares.
La "política de bienestar" que se aplica en los países capitalistas difiere radicalmente de la popular de la sociedad socialista. Esa tiende a encubrir las contradicciones clasistas de la sociedad capitalista y a neutralizar la oposición de las masas trabajadoras. Aunque se aplique, no será más que un rótulo, incapaz de mejorar la situación vital de los trabajadores.
Teniendo en cuenta el carácter transitorio de nuestra sociedad socialista, aquí se rige la distribución socialista basada en el volumen y la calidad del trabajo cumplido y se aprovechan los precios y otras palancas económicas, pero también en este caso se fijan los salarios y los precios según el principio de mejorar de modo sistemático e igualitario la vida de la población; las diferencias salariales son pequeñas y se orienta a disminuirlas de continuo. Y en el caso de los precios de las mercancías se establecen bajos para las de consumo masivo y aún más asequibles los de los artículos imprescindibles para los niños y los estudiantes.
El que bajo la sabia dirección del Partido y el Líder y sus solícitas atenciones, todos los miembros de la sociedad, ayudándose y guiándose recíprocamente, lleven por igual una vida holgada y dichosa, sin tener que preocuparse por la comida, la ropa y la vivienda, constituye la constancia de la existencia material socialista de nuestro pueblo. No sólo seguiremos aplicando la más avanzada política popular en virtud de la cual el Partido y el Estado se encargan de atender la vida material del pueblo, sino que iremos ampliándola y completándola en la medida del avance de la edificación socialista.

La garantía material de la vida económica del pueblo se prepara por el desarrollo de las fuerzas productivas del país, a las que el régimen socialista les abre un ancho camino de progreso. La economía socialista que sirve al pueblo, no es de mercado, sino planificada, ni se subordina, sino se autosostiene.
La de mercado, que persigue sólo la ganancia, o la dependiente, destinada a llenar sólo los bolsillos de los monopolistas foráneos, contravienen radicalmente a los intereses de las masas populares, y en cuanto al ritmo de desarrollo, no pueden estar a la altura de la economía socialista que progresa de manera planificada e independiente. Los imperialistas y sus portavoces hablan como si la "prosperidad material" en los países capitalistas adelantados se debiera a la "superioridad" de su sistema económico, pero esto no pasa de ser un sofisma por el que nadie se deja engañar. Si esos países emprendieron ya hace mucho tiempo el camino del desarrollo capitalista, las naciones socialistas fueron otrora económicamente atrasadas o colonias o semicolonias. Ellos alcanzaron la "prosperidad material" mediante la cruel explotación de los trabajadores y el saqueo colonialista a los del Tercer Mundo, pero éstas no podían proceder así. Los imperialistas pueden convertir en sus colonias a algunos países atrasados y fabricar expresamente en éstos la "prosperidad material" para utilizarlos en el enfrentamiento con los socialistas, pero tal economía subordinada, por mucho que se desarrolle, no puede proporcionarle a las masas trabajadoras un genuino bienestar. Únicamente la economía socialista que, por cada país o nación, progresa en forma planificada y apoyándose en una base independiente, puede traerles verdadera prosperidad y felicidad. Con tal que se edifique una potente economía nacional independiente, que se desarrolle por vía planificada, será posible asegurar la soberanía política, echar los firmes fundamentos técnicomateriales del socialismo y mejorar el bienestar real del pueblo, lo que sería la plena manifestación de la superioridad del régimen socialista.
Mantener con firmeza el principio de construcción de la economía socialista adquiere mayor importancia en las condiciones en que los imperialistas, utilizando como cebo la
"colaboración económica" y la "ayuda", imponen a otros países la de mercado capitalista y maniobran con maña para lograr su penetración económica. Bajo la dirección del Partido, nuestro pueblo, dando amplio margen a la superioridad de la socialista planificada, ha edificado una potente economía nacional independiente, lo que le permite impulsar con fuerza la construcción socialista, sin dejarse influir por ningún bloqueo económico imperialista, ni ninguna fluctuación económica mundial. Nuestra tarea es llevar la construcción de la economía socialista a un continuo auge, verificando constante y cabalmente la orientación del Partido de unificar y pormenorizar el plan y su línea de edificación de la economía nacional autosostenida, para así aumentar el poderío del país y fomentar sin cesar el bienestar material del pueblo. Iremos desarrollando por todos los medios y sobre la base de los principios de igualdad y de beneficio mutuo el intercambio y la colaboración económicos con todas las naciones que nos tratan con amistad, pero rechazaremos de modo categórico la penetración económica imperialista.
Las actividades ideo-culturales forman parte importante de la vida social. A través de ellas las personas se forman en la conciencia de independencia y la facultad creadora, realizan sus diversas necesidades estético-culturales y adquieren nobles cualidades espirituales y morales.
La característica relevante del quehacer ideo-cultural en la sociedad socialista consiste en que las masas populares no sólo son las creadoras de los bienes espirituales sino que se benefician de ellos, llegando a disfrutar de una elevada existencia en esta esfera. Como esta sociedad es donde las masas populares ocupan la posición de dueñas, el partido y el Estado de la clase obrera deben encargarse de asegurarles las condiciones para desarrollar sanas y fecundas actividades ideoculturales. Y así sucede en nuestro país. El régimen social que hace posible esto es el más avanzado, que se conforma con la exigencia y aspiración de las masas populares, y el que nuestra sociedad socialista se rige por tal régimen redunda en una de sus características principales.
Las actividades ideológicas, lo mismo que las políticas, forman una parte muy importante de la vida social de las personas. Las cualidades del hombre se definen por su conciencia ideológica, que tiene un peso decisivo en todas sus actuaciones. En el fondo de la confrontación entre el progreso y la reacción, entre la revolución y la contrarrevolución, se halla siempre el enfrentamiento ideológico.
La vida ideológica en la sociedad socialista se basa en la ideología revolucionaria de la clase obrera, y la que desarrolla nuestro pueblo tiene como fundamento la idea Juche, la perfección de aquella ideología. En cualquier sociedad esta vida reviste un carácter clasista. La conciencia ideológica refleja los intereses clasistas y las exigencias de las personas.
En la historia no hubo una clase que no exigiera la predominación de su ideología en la sociedad. En la capitalista, los imperialistas y los monopolistas imponen a la comunidad sus corrompidas ideas burguesas reaccionarias. Sin embargo, por estar dividida en clases y capas con intereses opuestos, ella no se puede regir por una sola ideología y, como consecuencia, es inevitable que surjan diferentes concepciones y corrientes ideológicas. Los imperialistas y sus portavoces vociferan que ese fenómeno es la "libertad" de la ideología en la sociedad capitalista. En ésta, donde el poder del capital lo gobierna todo, no puede existir una auténtica libertad en la ideología. Los capitalistas monopolistas, apoderándose por la fuerza del dinero de casi todos los medios de propaganda, entre otros la prensa, la radio y la televisión, imponen sus ideas reaccionarias y no vacilan en reprimir abiertamente aquellas concepciones que consideran peligrosas para ellos. Esta es la "libertad" en la ideología de que hablan ruidosamente los imperialistas y sus representantes.
Los imperialistas norteamericanos y sus lacayos impiden por la fuerza de las bayonetas la difusión de la idea Juche entre la población surcoreana, y se atreven a hablar de que nosotros no tenemos esa libertad ideológica. Desde el principio, ninguna idea se elimina por un método coercitivo. En Corea del Sur, pese a la brutal represión de los ocupantes norteamericanos y sus esbirros, van engrosándose cada vez más las filas de los partidarios de la idea Juche. Suprimir ideas constituye un acto propio de quien no teniendo otra más ventajosa trata de imponer la antipopular. Nuestro pueblo acepta voluntariamente como su exigencia vital, como su convicción, la idea Juche, la más avanzada idea humanocéntrica.
Por su naturaleza, la sociedad socialista requiere el predominio unitario de la ideología revolucionaria de la clase obrera. En ésta, donde se han eliminado la base socioeconómica de ideas trasnochadas y el antagonismo entre las clases, es legítimo que predomine una sola ideología. Desde luego, no es fácil alcanzar este objetivo en las condiciones en que aún superviven los remanentes de las ideas caducas y continúa la penetración ideológica y cultural imperialista. La conciencia del hombre se deja influenciar por las condiciones socio-económicas, pero no se transforma por sí sola con el establecimiento de un nuevo régimen socio-económico. En la conciencia ideológica no puede haber el vacío; el hombre se deja influenciar por la ideología revolucionaria de la clase obrera o por la burguesa, no hay otra alternativa. De modo particular, en las condiciones en que los imperialistas y otros reaccionarios se obstinan en la penetración ideológica y cultural en los países socialistas, si se debilita en lo más mínimo la formación ideológica, puede entrar en ellos el viento de la libertad burguesa. Anteponer la penetración ideológica a la agresión abierta constituye el método convencional de los imperialistas. Hay que aplastar de cuajo sus intrigas, encaminadas a descomponer desde el interior a las naciones socialistas en el plano ideológico por medio de la penetración de los aires de la libertad burguesa.
A fin de eliminar los remanentes de las viejas ideas que subsisten en la sociedad socialista e impedir la penetración de todo tipo de ideas perversas desde el exterior, es preciso impulsar con fuerza la revolución ideológica y formar a los hombres como revolucionarios, comunistas, armados con la idea Juche. La revolución ideológica, llamada a transformar la conciencia ideológica de las personas, representa una exigencia legítima de la construcción del socialismo y el comunismo y deviene la más importante tarea revolucionaria a que se enfrenta el partido de la clase obrera después de instaurado el régimen socialista. Si se logra con ella liberar a los miembros de la sociedad de las trabas de toda clase de conceptos anacrónicos y formarlos como firmes revolucionarios, comunistas, dotados con la idea Juche, será posible reforzar el sujeto de la revolución y llevar a feliz término la causa del socialismo y el comunismo. Nuestro Partido, dirigiendo la atención primordial a la revolución ideológica, intensificó la educación de los militantes y demás trabajadores en los principios de la idea Juche, en la política del Partido, en la fidelidad, en las tradiciones revolucionarias, en el espíritu clasista, en el colectivismo, en el patriotismo socialista, y en otros diversos aspectos, y así los pertrecha con su ideología revolucionaria, la doctrina Juche, y realiza con éxito la unificación ideológica de toda la sociedad. Entre nuestros trabajadores se exhibe en sumo grado el espíritu revolucionario de abnegarse en bien del Partido y el pueblo, de la sociedad y el colectivo. Este es el verdadero aspecto de la vida ideológica de nuestro pueblo, y en este ámbito revolucionario que envuelve toda la sociedad radica la sólida garantía de la victoria de la revolución. Anteponer la revolución ideológica a la técnica y la cultural es la orientación invariable de nuestro Partido en el cumplimiento de estas tres revoluciones. También en el futuro, ateniéndonos estrictamente a este principio, mantendremos el sistema, el contenido y el método de la educación ideológica actual y la profundizaremos a tenor con las exigencias de la realidad en desarrollo, para así formar cabalmente a nuestros connacionales como revolucionarios, comunistas, identificados con la idea Juche.
En lo que se refiere a la tarea de asegurarles a los hombres una existencia independiente y creadora, es importante satisfacer sus necesidades culturales. Nuestro sistema de actividades culturales socialistas es el mejor, ya que permite cubrirlas demandas de las personas en ese sentido. En nuestra sociedad socialista los trabajadores se preparan como competentes seres con facultad y capacidad creadoras. El nuestro es un "país de estudio", un "país de enseñanza", donde toda la población se supera. Aquí se realiza con éxito la intelectualización de toda la sociedad: se imparte la enseñanza obligatoria general de 11 grados y se fomenta la superior, en virtud de lo cual los miembros de la nueva generación se forman como excelentes cuadros nacionales, encargados de la construcción del socialismo, en tanto que, por otra parte, gracias a un ordenado sistema de educación que compagina el estudio con el trabajo, los trabajadores van adquiriendo más capacidad creadora. El establecimiento en todo el Partido y en toda la sociedad de ese organizado método para el estudio y la creación de las condiciones necesarias, hacen factible que todos los cuadros y trabajadores se superen sin cesar en el plano político y profesional.
Hemos creado una cultura nacional socialista para que el pueblo disfrute libremente de diversas actividades culturales y estéticas. Se ha desarrollado y florecido una cultura revolucionaria y popular, nacional en la forma y socialista en el contenido, gracias a lo cual Corea ha cobrado fama como un país de cultura y artes espléndidas.
En nuestra sociedad socialista se han implantado los rasgos de la moral comunista inherentes al ser independiente, y el pueblo, estimulado por la camaradería, el sentido de obligación y la conciencia revolucionaria, vive en armonía, guiándose y ayudándose unos a otros.
La vida cultural, sana y diversa de que goza nuestro pueblo es de lo más valioso y digno. Para hacerla más fructífera y elevar sin cesar el nivel cultural de la sociedad, debemos seguir impulsando con fuerza la revolución cultural.

El socialismo de nuestro país es invencible, porque se sustenta en la monolítica unidad volitiva entre el Líder, el Partido y las masas.
El sujeto que impulsa la sociedad socialista son las masas populares, pero sólo cuando se aglutinan con firmeza como un solo hombre alrededor del partido y el líder, pueden desempeñar a plenitud su rol como sujeto independiente de la revolución y cumplir con éxito la construcción socialista.
Como la sociedad socialista está organizada sobre la base del colectivismo, no puede abrir su camino por espontaneidad.
Sólo cuando es orientada por una correcta ideología y estrategia y por tácticas científicas y se elevan la conciencia política y el grado de organización de las masas populares trabajadoras, puede exhibir plenamente su superioridad, y fortalecerse y desarrollarse sin cesar. La tarea de presentarles una correcta ideología rectora, estrategia y tácticas científicas y de concientizarlas y organizarías la cumplen el destacado líder y el partido de la clase obrera.
El líder es el centro de la unidad y cohesión, que concientiza y organiza a las masas populares en una fuerza política, y el de la dirección que orienta por el camino de la victoria su lucha revolucionaria con teorías, estrategias y tácticas científicas. El líder es el gran dirigente de la revolución, que con su perspicacia extraordinaria, su destacada capacidad directiva y nobles virtudes, defiende con firmeza los intereses y la exigencia de las masas populares por la independencia y conduce con acierto la lucha por realizarlos.
En el pasado nuestro pueblo, en medio de la desgracia nacional, sufría toda clase de vicisitudes sin encontrar el camino a seguir, y esperaba con ansiedad la aparición de un destacado dirigente. Este deseo se hizo realidad de modo espléndido al ver en el camarada Kim II Sung a su gran Líder.
El pueblo, al recibir su dirección por primera vez en su historia de varios milenios, puso fin a sus largos anales de martirio y acogió la nueva era de la revolución, siguiendo victoriosamente la trayectoria del socialismo. La construcción del excelente socialismo de nuestro estilo, centrado en las masas populares, es un brillante fruto de las dinámicas e incansables actividades y la sabia dirección del gran Líder, quien ama infinitamente al pueblo y consagra toda la vida a su bienestar.
La ideología, las teorías y la política que él ha presentado son, sin excepción, la síntesis de la voluntad y las exigencias de las masas populares. El sentenció que éstas son maestras.
Descubrió la verdad del Juche no en el gabinete, sino entre las masas populares, formuló el principio del Juche reflejando su aspiración, y mediante el análisis de sus experiencias de combate por la independencia, completó en todos los aspectos la doctrina Juche. Se compenetró con las masas populares, conoció su voluntad y sus demandas, y reflejándolas confeccionó las nuevas líneas y políticas. También fue el Líder quien creó el método de cultivo adecuado al país, sobre la base de resumir las experiencias de los campesinos con quienes habló durante su recorrido por innumerables aldeas. Igualmente, el famoso espíritu y método Chongsanri, ideología y método de carácter comunista para la dirección de las masas, fue presentado por él tras sintetizar el deseo y la voluntad de los campesinos de la comuna Chongsan, para lo cual se compenetró con ellos, durmiendo y comiendo juntos. Los centenares de millones de kilómetros de los recorridos de orientación realizados por el Líder, son precisamente la inmortal trayectoria de nuestra revolución, que condujo de auge en auge, al trazar líneas y políticas que reflejaban el deseo y la voluntad de las masas populares y movilizarlas para su materialización. El método de dirección del Juche, método de trabajo al estilo del Líder, que éste creara con su excelente ejemplo práctico, se ha hecho una fórmula de labor tradicional de nuestro Partido.
La unidad de voluntad entre el Líder, el Partido y las masas, que representa la imperecedera vitalidad del socialismo de nuestro país, tiene su origen en el infinito amor del gran
Líder hacia el pueblo. Como, llevado por este afecto, satisface plenamente el deseo del pueblo, éste le profesa un profundo respeto, lo admira llamándolo padre, y le manifiesta en sumo grado su fidelidad y lealtad filial.
La dirección del Líder se efectúa a través del Partido de la clase obrera. Este es la vanguardia organizada por los elementos progresistas de las masas populares trabajadoras, y el Estado Mayor de la revolución que conduce su lucha por la independencia.
El partido de la clase obrera es la única fuerza orientadora en la sociedad socialista. Desde esta altura, su posición y papel no pueden sustituirse por los de ninguna otra agrupación política. Por sus características, ni los órganos del Poder que ejercen la función autoritaria y las organizaciones de trabajadores, entidades políticas de masas que abarcan a ciertos sectores sociales, pueden reemplazarlo, al contrario, tienen que recibir su dirección. Fuera de él ni otros partidos políticos son capaces de constituir la fuerza orientadora en la sociedad socialista. En ésta, siendo como es una sociedad de transición, donde quedan diferencias de diversa índole, incluso las clasistas, pueden existir, junto con el partido de la clase obrera, otros, pero como representan a determinadas fuerzas políticas y sectores no pueden sustituir de modo alguno la posición y papel de aquél. Ceder a otro partido que no sea el de la clase obrera la hegemonía rectora sobre la sociedad socialista en que se materializan las exigencias de esta clase, significa en definitiva renunciara! socialismo. Aquí estas entidades deben ser organizaciones políticas que en vez de competir con el partido de la clase obrera por el poder, mantengan con él amistosas relaciones de cooperación bajo la condición de asegurar la dirección de éste sobre toda la comunidad. Esta es una exigencia intrínseca de la sociedad socialista en que se van realizando las demandas independientes no sólo de los obreros, clase rectora, sino también de amplios sectores de las masas populares, incluyendo los campesinos y los trabajadores intelectuales. Si ignorándose esta exigencia se debilitan o se castran la posición y papel directivos del partido de la clase obrera, la consecuencia será que las masas populares se conviertan en multitudes desorganizadas y fragmentadas, privadas de su centro orientador y, en cambio, los contrarrevolucionarios, manejando el sentimiento popular, acaparen el poder. Asegurar o no la dirección del partido de la clase obrera en la sociedad socialista, es la cuestión fundamental que determina el destino del socialismo.
Considerando sólo al Partido del Trabajo de Corea, el de la clase obrera, su única fuerza orientadora, nuestro pueblo le deposita enteramente su destino y sigue con lealtad su dirección.
La superioridad y solidez del socialismo dependen del carácter revolucionario y papel rector del partido de la clase obrera, fuerza orientadora en la sociedad socialista.
Nuestro Partido tiene en la idea Juche, centrada en las masas populares, su ideología directriz y su meta de lucha es culminar la causa de las masas populares por la independencia.
Aquí está la característica fundamental del nuestro que, siendo un partido revolucionario, sirve a las masas populares.
Conforme a las exigencias innatas que tiene como tal partido, el nuestro se constituyó como una organización masiva incorporando en sus filas a los elementos progresistas de entre obreros, campesinos y trabajadores intelectuales y se fortaleció y desarrolló como un partido revolucionario con profundas raíces en las masas.
Siendo infinitamente fiel a las masas populares, siempre que elabora alguna política, penetra en ellas para saber y reflejar sus opiniones y demandas. Toda su política, por definirse de esta manera, se convierte en la de las mismas masas populares y se materializa de modo cabal en la vida práctica. En el futuro también, considerando la protección de los intereses del pueblo como el principio supremo de las actividades del Partido, procuraremos que éste actúe en total correspondencia con los criterios y exigencias de las masas populares.
Para cumplir de manera correcta la misión de servir al pueblo que tiene el partido de la clase obrera, éste debe consolidarse ininterrumpidamente. Aunque asuma esa misión, no podrá desempeñarla de modo pleno si no está constituido con solidez.
La fuente del poderío del partido revolucionario de la clase obrera radica en su unidad y cohesión, basadas en una sola ideología. Nuestro Partido, que consideró el establecimiento del sistema de la ideología única como la línea básica de su construcción, la materializó con firmeza, gracias a lo cual logró implantar entre todos sus militantes el sistema de ideología y de dirección del Líder, consolidar con mayor firmeza su unidad y cohesión y, sobre esta base, impulsar con dinamismo la revolución y la construcción.
Asegurar la continuidad en la construcción del partido de la clase obrera viene a ser la garantía de su invencibilidad.
Esto constituye una demanda legítima del desarrollo del movimiento comunista y del partido mismo. En vista de que la causa revolucionaria de la clase obrera se realiza por largo tiempo, generación tras generación, y en el curso del avance del movimiento comunista se producen sucesivos relevos de generaciones, es indispensable que también la constitución de, su partido se lleve adelante por el mismo proceso. Asegurarla continuidad en esta tarea se reduce, a fin de cuentas, al problema de hacerlo con la dirección partidista. Esta cuestión relativa a llevar adelante, de generación en generación, la causa del líder, promotor de la revolución, se ha resuelto con brillantez en nuestro país. Para garantizar la continuidad en la construcción del partido de la clase obrera es preciso defender y preservar sus tradiciones revolucionarias y mantener con rigor su principio. El socialismo no cesa de avanzar, y en este curso, surgen un sinfín de nuevos problemas a resolver. Sin embargo, en toda su trayectoria, desde su inicio hasta su culminación, el socialismo progresa heredando, desarrollando y enriqueciendo las hazañas y las experiencias acumuladas en sus etapas anteriores. En el proceso de vencer severas pruebas bajo la guía del partido y el líder se establecen inapreciables tradiciones que deben tomarse como raíces inmarcesibles para la revolución y la construcción, y se preparan los principios que han de mantenerse invariablemente. Nuestro Partido ha resuelto con acierto la cuestión de la continuidad en la dirección, defendido y preservado de manera consecuente las gloriosas tradiciones revolucionarias creadas en el fragor de la
Lucha Revolucionaria Antijaponesa, y mantiene invariablemente una política y una línea revolucionaria apropiada a la realidad del país y así lleva adelante la causa revolucionaria del Juche por el camino de la victoria. El espíritu de organización y disciplina revolucionarias constituye la vida del partido de la clase obrera y la fuente de su fuerza. Si esta organización se convierte en una colectividad informe, no puede manifestar su poderío, ya que su misión es conducir la lucha revolucionaria y el trabajo de construcción, venciendo toda clase de pruebas y contratiempos en la aguda lucha de
clases. Mediante la aplicación del principio del centralismo democrático y el establecimiento consecuente del ambiente revolucionario de vida partidista entre sus militantes, sobre la base de normas unitarias al respecto, nuestro Partido se ha fortalecido y desarrollado como un invencible partido combativo con tan fuerte espíritu de organización y disciplina, que toda su militancia actúa como un solo hombre bajo la guía unitaria del Líder.
El partido de la clase obrera debe tomar por tarea principal trabajar con las personas. Como quiera que éstas son el sujeto que impulsa la revolución y la construcción, es lógico que el partido de la clase obrera resuelva todos los asuntos que se presentan en su construcción y sus actividades mediante el trabajo político-organizativo con éstas. Cumplir o no con su misión depende de cómo realiza la labor con las personas.
Nuestro Partido logró convertir con seguridad su trabajo en labor con las personas, es decir, con los cuadros, con los militantes y con las masas, e implantar ordenados sistemas de las tareas de los cuadros y de las masas y de dirección de la vida partidista. De esta manera, pudo consolidarse en lo organizativo e ideológico a sí mismo y a las filas de la revolución, fortalecer de modo extraordinario su sujeto y sobre esa base, impulsar con éxito la revolución y la edificación.
Nos compete seguir materializando a carta cabal la teoría de la construcción del partido, originada en la idea Juche, para fortalecer y desarrollar al nuestro, como una organización política combativa, unida y cohesionada sobre el asiento del sistema de ideología única y de fuerte carácter organizativo y disciplinario; como un probado Estado Mayor político que, mediante la labor con la gente, ejerce con seguridad su dirección política sobre la sociedad; y como un partido de carácter Jucheano, que mantiene invariable su naturaleza revolucionaria.
Para que el partido de la clase obrera sirva fielmente a las masas populares, en consonancia con su requisito intrínseco, es indispensable que sus trabajadores posean correctos métodos y estilos de labor. Si estos resultan inadecuados, la política del partido, por muy justa que sea, no podrá disfrutar del apoyo del pueblo, ni ejecutarse al pie de la letra. Sólo cuando se establezcan los métodos revolucionarios y estilos populares de trabajo, acordes con la naturaleza de la sociedad socialista, será posible profundizar la confianza de las masas en el partido y orientarlas a poner de pleno manifiesto su fervor e iniciativas creadoras en la revolución y la construcción.
Un problema importante que se presenta a este respecto, es acabar definitivamente con el abuso de autoridad y el burocratismo.
Estos son métodos y estilos de trabajo trasnochados de quienes, esgrimiendo su autoridad, practican arbitrariedades y actúan en detrimento de la voluntad e intereses de las masas populares. Eliminarlos entre los funcionarios, constituye una exigencia vital para asegurar vínculos estrechos entre el partido de la clase obrera y las masas populares. Si este partido toma en sus manos el poder, es probable que entre algunos de sus trabajadores surjan tendencias de resolver todos los problemas con su poder, esgrimiendo la autoridad y el burocratismo.
Desde el principio, éstos no tienen nada en común con la naturaleza del partido de la clase obrera. Se trata de los métodos de dominación de las clases gobernantes reaccionarias de la vieja sociedad y si siguen en pie en la sociedad socialista, se relaciona, principalmente, con que subsisten los remanentes de esas ideas caducas en la mente de los funcionarios. Los métodos y los estilos de trabajo propios del partido de la clase obrera que lucha en bien de los intereses del pueblo, son, respectivamente, revolucionarios y populares. Desde los primeros días de la construcción de la nueva sociedad presentamos como una meta importante de las actividades del
Partido y del Estado, oponernos al abuso de la autoridad y al burocratismo entre los funcionarios, e implantar las vías revolucionarias y las formas populares de trabajo, y hemos venido empeñándonos en alcanzarla. Y teniendo en cuenta que en las filas de los cuadros surge un relevo de generaciones y va elevándose la proporción de los de escasa forja revolucionaria, seguimos planteando como una tarea importante, mejorar los métodos y los estilos de trabajo.
Con miras a eliminar el abuso de la autoridad y el burocratismo y establecer esos métodos y estilos, es necesario que todos los funcionarios implanten un ambiente de servir fielmente a las masas populares con el espíritu de abnegarse para su bienestar. Este afán emana de un concepto revolucionario sobre las masas populares, que es considerarlas como protagonistas de la revolución y la construcción y como el ente más valioso y potente. La revolución y la construcción son para y de las masas populares, que poseen inagotable inteligencia y fuerza. Los funcionarios deben considerarlas como dueñas de todo y como seres más poderosos, respetarlas y amarlas, así como trabajar confiando y apoyándose en sus fuerzas inagotables. No deben actuar con subjetivismo y arbitrariedad, sino prestar siempre oído a la voz de las masas y poner al rojo vivo su celo revolucionario e iniciativa creadora.
Ellos no son hombres especiales puestos por encima de las masas, sino sus servidores surgidos de su propio seno. Por eso, siempre deben pensar primero en los intereses del pueblo, antes que en los suyos propios. Y tienen que considerar como suyas sus necesidades e inquietudes, resolver a tiempo los problemas pendientes en su vida y compartir con la gente las penas y las alegrías.
Con elevadas cualidades humanas y don de gentes, los funcionarios deben tratar afectuosamente a todos los hombres, respetar su personalidad, así como apreciar su existencia sociopolítica, resolverle a tiempo los problemas que les preocupan en las actividades en esta esfera, y no discriminarlos.
No tienen que separarse ni en lo más mínimo de las masas populares, sino mantener relaciones armoniosas con ellas. En vez de gustar de darse aires de importancia y esgrimir su autoridad, se mostrarán siempre modestos y sencillos. Y llevarán una vida honesta y austera, sin perseguir intereses personales ni esperar algún privilegio o beneficio especial.
Deberán observar a conciencia las leyes y los reglamentos del Estado y mostrar ejemplos y servir de espejo a los demás, en el cumplimiento de las tareas duras y difíciles.
Para los funcionarios, servir al pueblo y granjearse su afecto y confianza es vivir con dignidad. En fiel acato a la consigna del Partido "¡Sirvo al pueblo!", poseerán un correcto punto de vista sobre éste, defenderán firmemente sus intereses y consagrarán todo lo suyo a la lucha por él.
A fin de poner fin al abuso de autoridad y al burocratismo y establecer el método revolucionario y el estilo popular de trabajo, es indispensable instaurar un ordenado sistema correspondiente. A menos que vaya a las masas, nadie puede escuchar sus opiniones, ni desempeñarse de acuerdo con su voluntad y exigencia, ni tampoco organizarías y movilizarlas.
Nuestro Partido lanzó la consigna de "¡Compenetrarse todo el Partido con las masas!" y estableció un ordenado sistema, según el cual todos los funcionarios convivan entre ellas.
Estos van acostumbrándose a trabajar entre las masas y en este curso se eliminan el subjetivismo, el burocratismo, el formalismo y otros métodos y estilos de trabajo obsoletos.
Además, nuestro Partido procuró que los funcionarios antepusieran la labor política a las demás tareas, y resolvieran todos los problemas con métodos políticos. Dar prioridad a la labor política constituye una exigencia intrínseca de la sociedad socialista que se desarrolla por el elevado entusiasmo revolucionario y la iniciativa creadora de las masas del pueblo trabajador. Al presentar la consigna de "¡Que todo el Partido sea propagandista y agitador!", nuestro Partido hizo que todos los funcionarios se compenetraran con las masas trabajadoras dando preferencia a la labor política para poner al rojo vivo su entusiasmo revolucionario. Ellos se identifican con las masas y les explican la política del Partido, y compartiendo el mismo destino, las movilizan con energía en la revolución y la construcción.
Con vistas a acabar con el abuso de la autoridad y el burocratismo y establecer el método revolucionario y el estilo popular de trabajo, es precio, además, intensificar la formación y la lucha ideológica entre los funcionarios. El abuso de autoridad, el burocratismo y otros métodos y estilos caducos de trabajo son expresiones de los remanentes de viejas ideas y sus raíces son profundas. Estos no pueden eliminarse al margen de una persistente educación y lucha ideológica entre los funcionarios. Nuestro Partido procuró que ellos se armaran firmemente con las originales teorías y métodos de dirección, creados por el gran Líder, por una parte, y por la otra, efectuaran a tiempo la educación y la lucha ideológica con los aspectos positivos y negativos que surgían en los métodos y estilos de trabajo. En el curso de esta constante educación y lucha, fueron suprimiéndose el abuso de autoridad, el burocratismo y otros métodos y estilos de trabajo anacrónicos y en su lugar se establecieron con firmeza otros revolucionarios y populares en el seno de nuestro Partido.
También en el futuro seguiremos esforzándonos con tenacidad para dar al traste con el abuso de la autoridad, el burocratismo y todos los demás métodos y estilos de trabajo anacrónicos e implantar otros nuevos, revolucionarios y populares, para así fortalecer y desarrollar a nuestro Partido como una organización invencible y revolucionaria que forma un solo cuerpo con las masas populares y goza de su absoluto apoyo y confianza, y conduciéndolas, lleva a feliz término la causa revolucionaria del Juche.
Hoy, nuestro pueblo confía ilimitadamente en el Partido y el Líder, y avanza con pasos firmes por el camino que ellos señalan. Y sosteniendo en alto la consigna: "Si decide el
Partido, nosotros lo hacemos", combate contra viento y marea para plasmar la política y línea del Partido. Este y el Líder confían en el pueblo y lo aman también sin límites, mientras que éste, a su vez, deposita su absoluta confianza en ellos y les sigue con lealtad, he aquí precisamente el auténtico aspecto de nuestra unidad volitiva. Con nada es posible vencer el poderío del socialismo a nuestro estilo, que se caracteriza por la firme unidad volitiva entre el Líder, el Partido y las masas.
Apoyándonos en el poderío de esta unidad, desbarataremos las maniobras antisocialistas de los imperialistas y otros reaccionarios, y alcanzaremos infaliblemente la reunificación independiente de la Patria y el triunfo definitivo del socialismo y del comunismo.

Informaciones sobre la situación de la peninsula coreana

En la pequeña isla Yonphyong, que tiene una superficie de 6.8kilómetros cuadrados y cerca de13 kilómetros de perímetro, están emplazados una brigada de infantería de marina del ejercito títere surcoreano, los cañones automotor K-9 correspondientes a más de una compañía, numerosos detectores y aparatos de comunicaciones y de recogida de informaciones. Por esta razón, esta isla fue convertida en la base militar tan fortificada que los mismos títeres surcoreanos la llamaban como “área No. 1 en aleta”.
La corbeta “Cheonan” fue hundida en marzo de este año en las aguas no lejanas del archipiélago Yonphyong.
Al hablar de su supuesta “venganza” de ello, los belicistas surcoreanos vinieron agravando la tensión en esa zona y al fin y al cabo, perpetraron la provocación de disparar los obuses, bajo el rótulo de ejercicio militar, directamente hacia las aguas jurisdiccionales de la RPD de Corea.
El motivo y curso de este incidente demuestran claramente que fue una provocación intencional de los títeres surcoreanos.
Esta isla está situada bien dentro de nuestras aguas jurisdiccionales desde la Línea de Demarcación Militar marítima. Por esta característica geográfica, si se realiza el tiro de cañones desde esta isla en cualquier dirección, sus obuses caen automáticamente en las aguas jurisdiccionales de nuestra parte.
A partir del 22 de noviembre los títeres surcoreanos empezaron con frenesí el ejercicio militar “Hokuk”, muy cerca a la parte nuestra desde la Línea de Demarcación Militar, y lanzar proyectiles a nuestras aguas jurisdiccionales.
Frente a esta situación el Ejército Popular de Corea advirtió repetidamente a los títeres, en la misma mañana del 23 del noviembre, a través de comunicaciones telefónicas a que cesaran de inmediato este ejercicio militar en el Mar Oeste de Corea.
Pese a estas advertencias de nuestro Ejército los títeres belicistas surcoreanos nos respondieron abriendo el fuego contra las aguas jurisdiccionales, alrededor de la isla Yonphyong, a partir de las 13 horas del día 23 de noviembre.
¿Dónde habrá en este mundo un Ejército que observaría con brazos cursados a las bombas enemigas cayendo en sus aguas jurisdiccionales?
Las mismas autoridades surcoreanas de la Casa Verde dijeron, según el diario de CBS del Sur de Corea, “la parte Norte de Corea ha iniciado la ofensiva alrededor del 34 minutos de las dos de la tarde del 23 de noviembre y antes de empezarla envío, en la mañana del mismo día, a la parte Sur las comunicaciones telefónicas, protestando que esta actitud del Sur es en realidad el ataque contra el Norte”.
Aunque la banda de conservadores surcoreanos trata de imputar a nuestra parte la responsabilidad del caso. No podrá encubrir jamás la verdad de lo ocurrido.
En estos momentos los títeres conservadores del Sur hacen un alboroto sobre los “daños a los civiles”, pero esto no es más que un sofisma para encubrir su cara de provocador de aquella contienda.
En tiempos pasados también hubo varias contiendas militares entre ambas partes, pero no hubo títeres belicistas como los de hoy que hiciera la provocación militar tomando a los habitantes de la Isla como escudo humano para su aventura.
En un área tan pequeña de unos cuantos kilómetros cuadrados mezclaron a los civiles con las grandiosas cantidades de instalaciones militares, y su propósito estaba justamente en evitar nuestro golpe de represalia.
El haber tomado a los habitantes de la Isla como escudos humanos viene a ser un crimen anti ética que jamás podrá ser exonerado.
El caso de la isla Yonphong resulta producto inevitable de las siniestras maniobras de enfrentamiento fratricida y guerra del títere camarilla.
Debido a las maniobras de ella, fueron suspendidos totalmente los diálogos y viajes entre el Norte y el Sur de Corea que se realizaban animadamente después de publicada la Declaración Conjunta del 15 de Junio y fue congelado bruscamente el ambiente de reconciliación, unidad y reunificación.
Las autoridades conservadoras surcoreanas burlaron y dieron espaldas a los sinceros esfuerzos de la RPD de Corea por la mejora de las relaciones Norte y Sur.
Después de que llegaron al “Poder” los belicistas surcoreanos, tomaron auge los ejercicios de la guerra de agresión al Norte adquiriendo mayor peligrosidad.
En particular, se realizaron con mayor frecuencia los ejercicios militares en las periferias de la isla Yonphyong.
Ya que todas sus políticas conflictivas y maniobras belicistas anti-RPDC resultaron fracasadas completamente por la condena de la opinión pública interna y externa, ellas dieron el último coletazo al provocar un caso tan sensacional como el incidente en cuestión.
Los belicistas surcoreanos son provocadores directos del caso y EE.UU. es controlador trasero y culpable principal que los empujó a la provocación militar.
En particular, ha sido el detonante de ella la “línea de límite al Norte” establecida ilegalmente por EE.UU. en el Mar Oeste de Corea.
Debido a esta línea fantasmal no apegada a la ley internacional y trazada arbitrariamente el 30 de agosto de 1953 por Clark, comandante de las “Fuerzas de la ONU” de aquel tiempo, desde el cese de fuego de la guerra coreana hasta la fecha, no pararon los conflictos armados y litigios en el Mar Oeste de Corea.
EE.UU. hizo vista gorda del justo e imparcial proyecto del establecimiento de la línea de demarcación militar en el Mar Oeste presentado por la RPDC y azuzó a los títeres surcoreanos a convertir en papel mojado la Declaración Conjunta del 15 de Junio y la Declaración del 4 de Octubre insistiendo en que si se crea la zona especial de cooperación pacífica en el Mar Oeste, desaparecería la “línea de límite al Norte”.
Ambas Declaraciones del Norte y Sur de Corea son Declaraciones de la reunificación de la nación de manera independiente y, al mismo tiempo, Declaraciones de la Paz.
En la Declaración del 4 de Octubre estipula definir el área divisoria afines del Norte y Sur como Zona Común para la Pesca, con el propósito de conjurar los conflictos militares en el Mar Oeste de Corea y plantea las vías detalladas para hacer de la zona en la de paz, poner coto definitivamente al enfrentamiento entre ambas y garantizar la distensión y la paz del lugar.
Si se hubiesen ejecutadas estas Declaraciones no se habrían sucedido el infame de la cañonazos de la Isla Yonphyong.
EE.UU. se esforzó en todo lo posible junto con los títeres surcoreanos por hacer valer esa línea fantasmal.
El caso de la corbeta “Cheonan· y el reciente disparo de obuses en la isla Yonphyog son productos del siniestro intento y control trasero de ese imperio.
Lo evidencia el hecho de que después del incidente de la isla, EE.UU. suministra en gran cantidad las armas sofisticas a los títeres surcoreanos apoyando activamente el supuesto “plan de represalia”

jueves, 2 de diciembre de 2010

Fábricas de industria local de la provincia Jagang


La provincia Jagang está situada en el nordoeste del país. Allí, valiéndose de sus recursos naturales, desarrollan multilateralmente sus industrias locales que ofrecen muchos beneficios a la población.
Producen muchos alimentos
En la fábrica integral de alimentos de Jangjasan, aunque no tiene mucha historia, sus productos gozan de buena aceptación entre la población. Producen 20 especies con cerca de 100 variedades: caramelo, galleta, fideo, tortilla, té, refresco, hierbas silvestres secadas y productos adobados con salsa de soya.
Las materias primas las resuelven con productos agrícolas y frutas e hierbas silvestres. Cada año recolectan frutas e hierbas silvestres en miles de toneladas.
Han introducido el control numérico por computadora (CNC) en todos los procesos productivos mejorando así métodos de elaboración lo que ha posibilitado elevar la calidad y expandir variedades.
Modernizan equipos e instalaciones
La fábrica de condimentos de Kanggye fue inaugurada hacía más de 50 años. Entrando en el nuevo siglo han transformado el conjunto de instalaciones y procesos. Han introducido el CNC en todos los procesos de producción.
En el taller de pasta de soya han aplicado el CNC por ejemplo en los procesos de fermentación y modernizado con últimos logros de ciencias el proceso de purificación de aceite, lo que permite aumentar la calidad de productos y variedades.
En cuanto al surtido de pastas de soya, elaboran 30 variedades que se distinguen por sus contenidos que son de carnes de gallina, conejo, pimienta verde, de calcio, de pimientas hay 12 variedades como de toronjil, ajonjolí y sésamo silvestre. Del surtido de salsa de soya hay 31 variedades.



Los productos se suministran por la red comercial a habitantes.
Para el fomento de la salud del pueblo
La fábrica de medicinas Coryo de Kanggye comenzó hace 5 años sus actividades productivas.
Antes se limitaba a seleccionar, cortar y moler hierbas medicinales.
El ejecutivo de la fábrica decidió producir medicamentos Coryo con ayuda de instituciones especializadas, y mediante la innovación técnica dotó la fábrica con máquinas modernas.
Por primera vez en la rama a que pertenece logró industrializar la producción de extractos mediante la concentración en vacío y después, por su cuenta inventó nuevas tecnologías para separar extractos con la que la producción se aumentó 6 veces.
En la fábrica han introducido el control numérico por computadora en todos los procesos. Producen más de 100 variedades de medicamentos Coryo sobre la base de hierbas medicinales y frutas silvestres incluyendo 15 clases de extractos sacados de plantas como Fpimedium koreanum, gingko, fruto de espino blanco, serbal, etc. De sus productos los medicamentos Kyongokgo, Injingo, etc., por su alto valor curativo, hacen muchos aportes para la salubridad de habitantes.

Impulsan la construcción de una gran potencia próspera con ciencias y técnica


Corea ha planteado la línea de dar importancia a las ciencias y técnicas como la línea estratégica para la edificación de una gran potencia próspera socialista y lo ha definido, junto con dar importancia al factor ideológico y al fusil, como uno de tres pilares para dicha edificación y le ha prestado muchas atenciones.
El Dirigente Kim Jong Il, en sus visitas a instituciones de ciencias, centros docentes, fábricas, etc., inspira a su personal el entusiasmo por las ciencias y técnica y lo orienta a elevarlas cuanto antes al máximo nivel alcanzado por la humanidad, conforme a la altura de la demanda de la economía intelectual.
En el pasado marzo se convocó en Pyongyang, bajo la atención de todo el país, la conferencia nacional de científicos y técnicos en la época de Songun.
En esa cita hicieron balances de éxitos y experiencias alcanzados y se plantearon ante los científicos y técnicos tareas que les corresponden en la construcción de la gran potencia próspera socialista.
Ahora alto es el entusiasmo de los científicos y técnicos.
En virtud del patriotismo y el espíritu de creación y abnegación de éstos que están conscientes de su condición como pioneros y vanguardistas del desarrollo de tecnologías de punta, Corea se ha convertido en productor y lanzador de satélites artificiales de la Tierra y llegó a dominar la tecnología del control numérico por computadora, ha abierto nuevos campos en ciencias y tecnologías incluyendo las básicas esenciales, lo que ha permitido acelerar el proceso de jucheanización, modernización e informatización de la economía nacional.
El 5 de abril del año pasado alcanzó a elevar en la órbita planeada el satélite artificial de la Tierra “Kwangmyongsong-2” con su cohete transportador “Unha-2”. Merece aquí subrayar que esto se ha alcanzado por propios científicos y técnicos y con materiales nacionales de cien por ciento a pesar de que es un conjunto de logros últimos de las ciencias y técnicas de punta.
El año pasado los técnicos y obreros del Complejo de Acero de Songjin hicieron una revolución en la metalurgia al establecer un nuevo sistema de producción de acero con propias tecnologías.
El personal del Complejo Siderúrgico Kim Chaek desarrolló su propia tecnología que no usa coque, siguiendo la tendencia del nuevo siglo, y levantó alto horno que se basa en abundantes recursos domésticos. El hallazgo de una autóctona siderurgia ha estimulado grandemente al pueblo coreano en su empresa de la edificación de una gran potencia socialista próspera y dejó abierto un ancho camino para el avance de una de las cuatro ramas priorizadas de la economía nacional: la metalurgia.
Dos años antes, los técnicos y obreros del Complejo de Acero Chollima construyeron en algunos meses, con las propias fuerzas y técnicas, un horno eléctrico de arco superpotente que es la cúspide de la metalurgia moderna.
Este año también se han resuelto muchos problemas científicos y técnicos que contribuirán para la edificación de una gran potencia próspera.
En el Complejo de Vinalón 8 de Febrero, al introducir el CNC en el proceso de la producción se producen desde febrero pasado cantidades de vinalón, producto de nuestra industria autóctona, y se producen además centenares de substancias químicas necesarias para la industria ligera y la vida del pueblo.
En el Complejo Químico Juventud de Namhung, en abril pasado fue inaugurada una línea de producción de abonos, que se basa en la gasificación de antracita.
A principios de junio pasado el Dirigente Kim Jong Il, en su recorrido por esa nueva línea, elogió mucho a sus científicos, técnicos y obreros, diciendo que, ellos, siguiendo la orientación del Partido a plantarse firmes los pies en la tierra patria y dirigir la vista hacia el mundo, juntaron sus fuerzas y lograron una perfecta línea de gasificación, dotada de tecnologías de vanguardia.
En la industria mecánica, la agricultura, y otras ramas de la economía nacional se logran brillantes éxitos científico-técnicas. En industria mecánica, con sus propios remedios, han desarrollado nuevas tecnologías para el CNC, y fabrican máquinas cada vez más rápidas, precisas e intelectuales echando cimiento para elevar la misma industria a la cima mundial.
Las máquinas-herramienta que salen de la fábrica de máquinas Ryonha cumplen importantes papeles en la transformación técnica de la economía nacional. Éxitos se alcanzan también en el desarrollo de herramientas de corte especial que dan impulso al desarrollo de la industria mecánica del CNC.
Impresionados por la política del Partido del Trabajo de Corea que considera el fomento del bienestar del pueblo como máximo principio de sus actividades, los científicos y técnicos han resuelto muchos problemas que tenían en la agricultura.
Siguiendo la orientación del Partido a hacer una revolución en la selección de semillas, los agrónomos consiguieron con propios métodos primeros híbridos de arroz y maíz y semillas de soyas y de otros cultivos de alto rendimiento y se ha establecido un sistema de producción de patatas de raza pura sin virus.
Se inventaron una nueva clase de abono fosfórico que tiene la propiedad de hacer asimilable por plantas de compuestos fosfóricos, y productos bioquímicos sin toxicidad que no afecta plantas.
Se organizan labores para dar acicate al progreso de ciencias y técnicas. Se efectuó la exposición nacional de inventos y nuevas técnicas más de 10 oportunidades y más de 20 veces el festival nacional de ciencias y técnicas.
Los funcionarios, científicos e investigadores de la Academia Estatal de Ciencias y el Comité Estatal de Ciencias y Técnicas, conscientes de su misión, se entregan a resolver problemas que se plantean ante sus ramas para contribuir a la construcción de la gran potencia próspera.