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sábado, 10 de marzo de 2018

Trump y las lecciones aprendidas por Johnson




“Siento placer en provocar a mis adversarios el pavor y disturbio para ver su reacción”, “El ganar notoriedad más vale que ser un hombre desconocido.”, escribió el presidente estadounidense Donald Trump en un libro publicado en nombre suyo.
Su vocación anómala se reveló concentradamente en la política hacia la República Popular Democrática de Corea.
En la ONU y en otras ocasiones oficiales e incluso en Twitter personal espetó un sinfín de expresiones violentas como “fuego y cólera”, “destrucción total del Norte”, “listo para una guerra” y “único método”, considerando una guerra nuclear contra la RPD de Corea como hecho consumado.
Envió muchos recursos estratégicos nucleares incluidos los portaaviones nucleares a Corea del Sur y sus aguas y las escuadras de los bombarderos estratégicos “B-1B” al espacio aéreo del Mar Este de Corea, haciendo extremadamente tensa la situación. Además, en diciembre realizó los ejercicios aéreos conjuntos de envergadura sin precedentes junto con Corea del Sur.
Fabricó sucesivamente las “resoluciones sobre las restricciones de superdureza que estrangulan por completo la vía respiratoria de Corea del Norte” y ha chantajeado a países grandes y pequeños para perpetrar el bloqueo político y económico inaudito en la historia contra la RPD de Corea.
Pero, no pudo asustarla ni echarla a pique.
El presidente del comité de relaciones exteriores de la cámara alta y otros personajes de alto rango del círculo político estadounidense y las autoridades anteriores dijeron que Trump hacía tensas innecesariamente las relaciones con Norcorea y que debía dejar de aplicarle insensato chantaje y retirar la mano del problema coreano.
Trump, aunque en su vejez extraordinariamente se puso el casco del presidente, en el plano político es el inmaduro y el principiante y aún debe aprender mucho.
En este sentido es aconsejable que él rememore las lecciones que le enseñó a Johnson el incidente del barco Pueblo, que 50 años antes agitó tanto al mundo. Bien entrada la noche del 23 de enero de 1968, ex presidente Johnson, en pijama, informado de la captura de su barco espía armado Pueblo por parte de la fuerza naval del Ejército Popular de Corea, pensó que la “demostración de la fuerza” era la única manera de “doblegar” a la RPD de Corea. Ordenó enviar urgentemente a las aguas de la Península Coreana gran cantidad de fuerzas armadas incluido el portaaviones de propulsión nuclear Enterprise.
Tuvo en estado de espera colosales fuerzas armadas y amenazó que como la supuesta “medida de desquite” atacaría, si era necesario, al puerto Wonsan y a los objetos estratégicos de Corea del Norte.
Frente a esto, Corea declaró rotundamente que a la “represalia” respondería con la represalia y a la guerra total con la guerra total. De inmediato entró en el estado de guerra y estrenó su misil tierra-aire que hasta entonces Estados Unidos no conocía y realizó una serie de demostración del poderío.
Atemorizado ante sus inclementes y drásticas contramedidas, Johnson renunció a la demostración de la “fuerza” y a dos semanas de que había ordenado el “desquite militar” retiró sigilosamente sus fuerzas armadas de Corea del Sur y su contorno.
Trump, a fin de “doblegar” con la “fuerza” a la RPD de Corea, tiene emplazada gran cantidad de fuerzas armadas en las aguas de la Península Coreana y realiza simulacros de varios títulos, pero debe conocer que eso es método que Johnson aplicó cuanto quería y no tiene ninguna validez para la RPD de Corea.
Otra lección de Johnson de la que Trump debe aprender es que en la RPD de Corea las intervenciones o la presión de las potencias no tienen ningún efecto.
Johnson, recurriendo a la “fuerza”, instigó a la potencia que consideraba capaz de influenciar en la RPD de Corea a que ejerciera presión sobre su Dirección. Lo aceptó la dirección de la desaparecida Unión Soviética y “aconsejó” a la RPD de Corea que la tenencia del Pueblo le causaría los daños y lo devolviera.
Sin embargo, la RPD de Corea mantuvo la firme posición de que antes de que el gobierno estadounidense presentara la carta de disculpa no devolvería a los tripulantes del Pueblo y aun cuando él lo hiciera, no devolvería nunca el barco porque era su trofeo.
Ahora Trump incita a las potencias vecinas de Corea del Norte a que ejerzan presión e intervención en la RPD de Corea, pero este país, haciendo caso omiso de ello, mantiene constantemente su credo.
Cuando acaeció el incidente del Pueblo, la RPD de Corea era país no nuclear. Pero hoy es potencia nuclear mundial que posee incluso la bomba de hidrógeno y ICBM, para no hablar de la bomba atómica.
Trump, si quiere hacer frente a todo trance a este país, se deberá preparar para sufrir más desastre que Johnson. En otras palabras, debe conocer claramente que, aunque en el tiempo de Johnson el gobierno estadounidense presentó la carta de disculpa ante la RPD de Corea, no se quedaría ni un estadounidense siquiera que selle en la carta de capitulación al gobierno de la RPD de Corea.